La partida de Chester Swann: “Yo no me arrastro, puedo volar”

El 2012 se sigue cobrando notables vidas. El sábado se apoderó de la campera de cuero negro que lucía recurrentemente Chester Swann.

Celso Aurelio Brizuela, Chester Swann. Foto: prisaediciones.com

La luz que emanaba del formalmente llamado Celso Aurelio Brizuela, brillante artista y pensador de este país, se apagó en la mañana de este sábado, a causa de un infarto. Pero queda su monumental obra, que debe ser rescatada por las generaciones que lo siguen.

“Este relato me ha servido para ejercitar mi viejo oficio de ilustrador gráfico, ya que en m niñez me he iniciado en la lectura de clásicos gracias a ilustraciones de grandes artistas, como Gustave Doré, Alphonse Mucha, Athos Cozzi, Norman Rockwell y cientos más cuyos nombres no he retenido en mi frágil memoria, aunque sí sus obras”, describía Chester Swann, en la presentación de la novela digital “Cuando las golondrinas ya no volvieron” http://www.portalguarani.com/obras_autores_detalles.php?id_obras=15630.

“El contexto en estos casos es tan importante como el texto y la aparición de los medios digitales me permiten autoeditarme incluso en colores, ya que no necesito de imprentas, publicistas ni papel para ello. Espero que los lectores no sólo disfruten del relato, sino que reflexionen acerca de la historia de mono sapiens que aún no acaba de humanizarse”, convocaba el gran Abuelo del Rock.

“Hay que hacer un monumento en su honor y memoria para recordarnos el arte del valor el coraje, la dignidad y patriotismo de un hombre brillante y audaz, comprometido con su tierra y su gente su tiempo, desde siempre. Lucida reserva moral intelectual de este país por el que amaba y sufría creaba criticaba escribía cantaba”, escribió el periodista Arnaldo Medina.

Chester, brillante, vive!.

 

 

¡Yo no me arrastro, puedo volar!

(Chester B. Swann)

Voy caminando en la madrugada, por esas calles de la ciudad.
Me encuentro solo, estoy reventado. No tengo un mango para morfar.
Melena al viento, guitarra al hombro; bolsillos llenos de libertad.
Busco un amigo que tenga onda, y me haga pata para volar.
No tengo nada pero soy libre. Me siento dueño de la ciudad.
Mi facha rara provoca insultos, cuando la gente me ve pasar.
No ven sus vicios ni sus miserias. Sólo repara en los demás.
Yo estoy muy alto ¡Pobres gusanos! ¡Yo no me arrastro, puedo volar!
En vuestro mundo, todo se vende: amor, amigos y dignidad.
Judas modernos, del oro esclavos. A mi jamás me podrán comprar.
¡Y se proclaman “hijos de Cristo”! ¡Habrase visto desfachatez!
Por cinco reales, matan a un hombre; venden la madre; compran la ley.
¡Oh! Gentes nada que ver… sigan arrastrándose.
Lenguas largas, cabellos cortos; moral en venta o en alquiler.
¡Oh! Gentes nada que ver. Sigan arrastrándose.
Limpios por fuera, sucios por dentro. Es de rameras su proceder.

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