Ycuamandiyú: Bicentenario, Martí y la soja

El crecimiento de la soja va de la mano con el uso de los agrotóxicos.

Por Rocco Carbone publicado en el sitio Rebelión.org

San Pedro de Ycuamadiyyú: una frontera. Opulenta –4×4 última generación, curiosamente, sin patente; tachos de colores para el reciclaje en lugares públicos; un inmenso silo a la vera del río Paraguay a la altura de Antequera, consecuencia del transporte fluvial de la soja– y vivaracha: los espacios públicos se espesan en Semana santa, la Plaza, y desde ya la vieja Iglesia colonial se animan con los rituales religiosos, en un sinfín de conversaciones y miradas curiosas sobre un escenario de tierra rojiza.

Frontera y también fachada departamental, tersa y lisa. A exhibir. Cuyo par opositivo es la soja transgénica: Roundup ready (RR), un factor agrícola, solo en apariencia, que implica cambios culturales. Su crecimiento va de la mano de productos agrotóxicos y entró a Paraguay desde Argentina y Brasil. Estos países, junto con Bolivia y Uruguay, constituyen un gran pentágono productor de soja transgénica.

San Pedro: metáfora mayor del Paraguay, séptimo productor mundial de soja y cuarto exportador –EE.UU. es el primero a nivel mundial. Fuente: vivaparaguay.blogia.com

San Pedro: metáfora mayor del Paraguay, séptimo productor mundial de soja y cuarto exportador –EE.UU. es el primero a nivel mundial–, aspecto que encuentra su correlato en la tenencia de la tierra: 2% de la población posee el 70% de las tierras; en la Argentina las cosas no son tan distintas: 900 terratenientes controlan más de 35 millones de hectáreas de su territorio. Además de estas cuestiones relativas a la concentración (y muchas veces extranjerización) de la tierra, la soja implica unos cuantos factores.

Al menos cuatro. Los garabateo. Es una catástrofe que impacta en la siempre postergada reforma agraria paraguaya a la cual ni Lugo sabe hacer frente (habría que comprar las tierras, a qué precio, cómo, enfrentando sectores concentrados). Uno. Y dos: catástrofe imperialista desde su primera invasión, allá en los 70 (no transgénica: convencional y biológica), a mano de los “brasiguayos”, quienes además en los 90 organizaron el tráfico de la semilla RR. Pero también debacle con consecuencias económicas, sociales, ambientales (desmonte, destrucción, erosión y contaminación química), sanitarias (enfermedades a causa de las fumigaciones) y a nivel de la biodiversidad (la biouniformidad hacia la cual tiende la soja es un peligro para la seguridad alimentaria).

Catástrofe imperialista/colonialista que por medio de multinacionales y compañías extranjeras (brasileñas, alemanas, japonesas) que compran grandes extensiones de tierra implica la migración forzada de los grupos más vulnerables, pequeños campesinos e indígenas Mbyá-Guaraní desde zonas rurales a zonas semiurbanas o urbanas y desalojo de pequeños productores que se niegan a abandonar su tierra.

Esto se traduce en un aumento de la desigualdad social, pobreza y exclusión, pero sobre todo en la eliminación de comunidades humanas y de sus modos de vida que son mundos-de-vida: se altera la tenencia de la tierra, pero también las costumbres, símbolos, formas de producción, consumo, redistribución, formas tecnológicas, organización sociopolítica.

A esto se suma todavía el desempleo y subempleo rurales y sus complementarios conflictos sociales: alcoholismo, embarazos no deseados, violencia familiar, pérdida de la propia identidad. Mundos-de-vida basados en la agricultura familiar. Se estima que 70% de las migraciones forzadas se deben a la soja. Corolario: miseria, inseguridad, violencia. Problemas sobre los que reflexiona la literatura paraguaya contemporánea: “Crónica de un sobreviviente del Ycuá Bolaños” de Catalo Bogado, por ejemplo. Tres. Y cuatro: prácticas stronistas de amenazas y matanza de campesinos, de sus dirigentes, y en el mejor de los casos de encarcelaciones –al cabo de las cuales los campesinos encuentran quemadas sus barracas de planchas, las cosechas destruidas y sus animalitos muertos. Los casos son consabidos: desde Ñeembucú, pasando por el Alto Paraná hasta Concepción, para no abundar.

Y una pregunta: si el mercado urbano de Asunción no puede, como no puede, contener esas migraciones forzadas, ya que las zonas urbanas se encuentran saturadas, esa masa de gente dónde derraman. Arriesgo: en Buenos Aires, no como único destino, desde ya. Quizá, habría que investigar las causas de tanta prostitución paraguaya en la provincia de Buenos Aires. Propondría como hipótesis: la presión sobre la tierra.

Modelo de producción transgénico –concreción mayor de Monsanto, Syngenta, Novartis, Archer Daniels Midland Company, Bunge, Cargill, Luis Dreyfuss– que excluye otras agriculturas; comporta una agricultura empresarial moderna y una forma de producción dominante que subordina el modo de producción campesino y debilita la economía que le es propia. Fuente asiestamipaisparaguay.blogs

Modelo de producción transgénico –concreción mayor de Monsanto, Syngenta, Novartis, Archer Daniels Midland Company, Bunge, Cargill, Luis Dreyfuss– que excluye otras agriculturas; comporta una agricultura empresarial moderna y una forma de producción dominante que subordina el modo de producción campesino y debilita la economía que le es propia. Impulsa una agricultura sin agricultores: la soja ha cambiado la estructura agrícola de Paraguay, transformando el paisaje y desplazando ecosistemas naturales enteros.

El avance de este tipo de agricultura a gran escala comporta una alteración en la estructura productiva, en lo sociocultural y en el uso de los recursos naturales por parte de los actores sociales. Deja de ser un problema agrícola para constituirse en una problemática política, holística, si se quiere, que implica un proyecto hegemónico: el control de la política agroalimentaria (y, en última instancia, comercial) por parte de un poder fáctico mayor que el de muchos gobiernos nacionales.

El control de la alimentación es un arma política, que puede servir para coaccionar gobiernos enemigos, en última instancia, ese “patio trasero” que siempre fue América Latina para los Estados Unidos y, extremando apenas los argumentos, para el control de la producción alimentaria de buena parte del mundo. Sin ir más allá: hoy Paraguay importa más alimentos de los que exporta. Cómo se llama esto: perder la seguridad de algo tan básico como es la alimentación. Y en el Bicentenario de la independencia paraguaya, me acuerdo de Martí: “el pueblo que confía su subsistencia a un solo producto, se suicida”.

Rocco Carbone. Director del Centro Cultural de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

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