Yacyretá: la mentira muchas veces repetida no siempre se convierte en verdad

Artículo del ingeniero Ricardo Canese en respuesta a las acusaciones de Federico Franco, quien lo señaló de ser el principal responsable de las notas reversales de 1992 que fueron desfavorables para el Paraguay. 

El Frente Guasu sostiene que el gobierno debe defender la postura de que la deuda de Yacyretá es cero. Foto: Yacyreta.org.

El ingeniero Ricardo Canese  sostiene que la deuda de Yacyretá debe ser cero. Foto: Yacyreta.org.

Ha habido manifestaciones abiertamente falaces, buscando tergiversar los hechos, particularmente con relación a Yacyretá, su deuda y las notas reversales de 1992, lo que es bueno aclarar.

En Yacyretá, hemos sostenido desde hace años que la deuda debe ser cero el 27 de marzo del 2014, porque el Anexo C de Yacyretá –su numeral IX– está vigente. La tarifa debe ser igual al costo del servicio y en este se debe incluir el pago de intereses y amortizaciones, así como cualquier saldo negativo, por lo que no puede existir deuda al término de la vigencia del Anexo C, en pocos días. Las tentativas de modificar este Anexo C –las notas reversales de 1992, el Protocolo de Privatización de 1995 y el Preacuerdo del 2006– no fueron aprobados por el Congreso paraguayo y, por lo tanto, no están vigentes. Rigen el Anexo C y su numeral IX, por lo que la deuda de Yacyretá debe ser cero.

Joseph Goebbels, el ministro de información de Hitler, sostenía que había que repetir muchas veces una mentira para convertirla en verdad. En mi caso, algunos –en particular quienes han ejercido ilegítimamente la Presidencia de la República– interesadamente me atribuyen ser poco menos que el único responsable de las notas reversales de 1992, lo que, así expresado, es la peor de las mentiras. ¿Quién “tenía la lapicera” en 1992? Andrés Rodríguez, presidente de la República. Él tomó la decisión y nadie más que él podría haberla tomado. Alguna responsabilidad tuvieron –por acción u omisión– sus más cercanos colaboradores, como indica la ley, el canciller, el ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, el presidente de la ANDE, así como el Director y los miembros del Consejo de Administración de Yacyretá, entre otros.

¿Por qué algunos interesados me citan a mí, que NO ocupé ningún cargo durante el gobierno de Rodríguez, como es bien sabido? Porque acepté formar parte, “ad hoc”, como invitado, del grupo que trató la propuesta argentina. Como siempre en mi vida, nunca negué mis actuaciones, hayan sido erradas o no, a diferencia de otros que desaparecen del mapa y quieren hacer aparecer a otros como los únicos responsables. Por haber participado como invitado “ad hoc” en la delegación paraguaya que analizó la propuesta argentina que culminó con las Notas Reversales de 1992, sin cargo ni función, ¿acaso fui el que tomó la decisión? El que toma la decisión es quien “tiene la lapicera”, el presidente de la República, y sus más cercanos colaboradores, con funciones y cargos establecidos en la Ley, y no un simple invitado que apenas podía emitir opiniones.

¿Por qué Rodríguez tomó la decisión de aceptar las notas reversales de 1992? Probablemente porque no encontró otra salida, en un contexto, hay que decir, de neoliberalismo extremadamente fuerte, riesgo de paralización de obras, e incluso de privatización como efectivamente intentó posteriormente el mismo presidente argentino, Carlos Menem, con Juan Carlos Wasmosy en 1995. Rodríguez no remitió las NR de 1992 al Congreso; habría que analizar por qué procedió de esa forma incorrecta. También hay que destacar que, en su momento, enero de 1992, ningún sector o técnico planteó otra solución ni criticó tal salida y para ello basta revisar los diarios de la época, registrándose los primeros cuestionamientos a la NR de 1992 recién años después.

Además, en las notas reversales de 1992 la Argentina se comprometió a dos cuestiones que normalmente se omite: primero, “la República Argentina se compromete, a partir de la firma del presente Acuerdo, a no percibir ni devengar intereses sobre la deuda ya contraída…”. Luego de los aportes establecidos en los decretos argentinos de 1979 (Videla) y 1986 (Alfonsín), la Argentina no emitió ningún otro documento, por lo que, según la Argentina y aún en el marco de la rechazada nota reversal, no correspondía sumar intereses, como artificialmente hizo la EBY siguiendo una interesada interpretación argentina. En el 2006, la misma Argentina reconoció que no debía cobrar reajuste ni interés alguno por sus aportes. La otra cuestión que se omite, en segundo lugar, es que la Argentina se comprometió en 1992 a aportar los fondos necesarios o garantizar créditos para que Yacyretá opere en 1997, lo que no hizo, y por eso Yacyretá recién operó plenamente en el 2011.

Si no se consideran los intereses y se toma en cuenta el lucro cesante (falta de ingresos) por 14 años (hasta el 2011), la deuda de Yacyretá de cualquier forma estaría en este momento cercana a cero, como debe ser, teniendo en cuenta que la misma Argentina reconoció, en el Preacuerdo del 2006, que sus aportes eran de no más de US$ 6.218 millones a fines del 2005.

El problema de las notas reversales de 1992 radica, más que en quien las aceptó (Rodríguez), en quienes aceptaron su ilegal aplicación en la EBY luego de haber sido rechazadas por el Congreso, para peor sin cuestionar el incumplimiento argentino de hacer operar a pleno Yacyretá en 1997 y acumulando artificialmente intereses, que la misma NR de 1992 establecía que no debía ocurrir.

Tengo la satisfacción de que, a pesar de haber sido un mero invitado (“convidado de piedra”, en realidad, pues no tenía poder de decisión alguna), nunca rehuí mi responsabilidad en un momento difícil y no grato para el Paraguay, en el cual el gobierno colorado de Rodríguez no supo encontrar otra solución. ¿De quién es la responsabilidad? Y bueno, haciendo uso de la libertad de expresión que debe regir en nuestro país, algunos expresidentes, gravemente implicados en los peores casos de corrupción de nuestra historia y de muy dudosa legitimidad en sus mandatos, afirman que es el “convidado de piedra” el único responsable y poco menos que no existió Presidente de la República alguno en su momento, ni ministros, ni directivos de ANDE o Yacyretá.

Quiero decir además que, como ser humano, he cometido errores en mi ya larga trayectoria pública y siempre los he asumido y he dado la cara. Pero nunca cometí actos de deshonestidad, ni me he enriquecido en el ejercicio de la función pública, a diferencia de la notoria actuación de quienes hoy me critican, sobre quienes pesan escandalosas e innumerables acusaciones de corrupción. Es una satisfacción que nadie me pudo señalar un defecto significativo cuando sí ejercí cargos públicos en el área de energía –cuando “tuve la lapicera”– tanto como Viceministro de Minas y Energía (1999 – 2000), cuando salí destituido por exigir el fin de la deuda espuria de Itaipú, como registran los diarios de la época, como en la Coordinación de la Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos (CEBH, 2008-2012), cuando hemos avanzado significativamente en la recuperación de la soberanía hidroeléctrica de Itaipú (US$ 240 millones/año más; línea de 500 kV con US$ 400 millones sin costo para el Estado; auditoría de la deuda; derecho a exportar nuestra energía de Itaipú a precio de mercado; venta de nuestra energía a terceros países desde el 2023, etc). Es por eso que, porque mis críticos no encuentran errores significativos en mi larga trayectoria en materia energética, quedan en evidencia logros concretos –que otros no obtuvieron– y, así, tales críticos a mi persona solo atinan a remontarse a un hecho ocurrido hace 22 años, cuando apenas fui “convidado de piedra”. Por provenir estas opiniones de los críticos más acérrimos a mi pensamiento y persona, les digo: ¡gracias por el reconocimiento a mi labor y trayectoria en los últimos 22 años!

Finalmente digo que hoy debemos dejar de lado todo tipo de diferencias y unirnos todos, para exigir que la deuda de Yacyretá sea cero, pues rige plenamente el Anexo C y su numeral IX, y dejar de hacer el juego a quienes especulan en contra de los intereses soberanos del Paraguay.

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