y no entramos nomás al concierto

crónica de alguién que no pudo ver a Aerosmith. esas cosas que nos hacen ser.

por: azulabeja

las reventas, como nunca en la historia,  demasiado caras. pasaban los minutos, tic tac tic tac, tum tum tum tum… la frase “compro entrada si le sobra” retumbará en mi cabeza por un buen tiempo. llegamos a la hora y no había caso de ningún miserable descuento. mis amigos trataban de convencerme de que ya no entrábamos. al igual que el momento en que recibo la noticia de la caída en el hotel, no quería creer.

finalmente, tuve que asumir esa realidad desplegada en toda la avenida eusebio  ayala: estábamos ahí junto con otras 5000 personas y la suerte no nos tocaría esta vez.

hora, a minutos de haberse terminado esa cosa que se nos privó, pienso nomás que igual dio gusto estar ahí intentando por lo menos.

el día del concierto frustrado (martes 25), bien temprano por la mañana me vi invadida por una tristeza extraña. mientras el regueton de la línea 37 sonaba, una reflexión, casi ortodoxa me llegaba. me dije “este es el grupo con el que empecé a escuchar el rock…hoy tocan estos señores viejos que yo escuchaba cuando tenía 14 años y mi hermanito 9. ¿cómo es posible que me haya colgado tanto y no haya comprado las entradas antes?  ¿por qué no compré las entradas para ir con mi hermanito que hoy ya es papá? ¡pucha! ¿cómo lo que uno se cuelga tanto a lo largo de los años?”.

ese mismo medio día llamé a mi hermano y le convidé al concierto que sería el momento de nuestras vidas. todo acordado. plata en mano, lugar de donde conseguiría las entradas,  entusiasmo suficiente  para vivir una noche increíble. todo estaba listo hasta que la noticia de la caída derrumbaba todos los planes.

concierto suspendido,  incertidumbre reinante. ¿se haría finalmente el concierto como habían dicho los organizadores?

día  2: el momento ha llegado y mi hermanito de 23 años canceló la cita. no soy partidaria de llevar al amor y a la pasión a la furia, así que siguiendo mis reglas arreglé con mis amigos del pantano para ir al gran encuentro.  encuentro que finalmente no se dio y que posiblemente nunca más se dé.

pucho y birra en mano me digo que valió la pena estar ahí a unos metros, aunque no haya entrado, aunque no haya enloquecido lo suficiente para violar las barreras de seguridad y lanzarme a la locura de ser imputada por disturbios.

valió la pena darme cuenta de que aunque odie el inglés, en un momento de mi vida, me puse a buscar la traducción de “hole in my soul” y descubrí, literalmente, que el fracaso es lo más dulce de esta terrible existencia.  que las cosas no se dan más veces de lo que uno se imagina. que da gusto caerse, reventarse la cara, sangrarse,  perder dos dientes y a veces el corazón. que da gusto volver a las cosas que a uno lo movían estúpidamente. que da gustísimo, que a pesar de los años, uno vuelva, renovado  a los 14 y sienta toda esa alegre rebeldía de ir por más, de seguir creyendo aunque todos te digan lo contrario,  de irse a la puta por esas cosas que te mueven  y de “ser “ más que nada antes que “tener”…aunque vaya al concierto y me haya quedado con las ganas… aunque quede la frase que taladra mi alma: el éxito de todos mis fracasos.

(escribir en minúsculas también es una decisión. gracias Agu).

La falta de mayúsculas es intencional, a pedido del autor, quien dice buscar interpelar “las reglas de lo mayúsculo”, así como abrir la pregunta: ¿Donde hay normalidad?

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