Victoria del olvido

(Crónica de teléfonos sonando en salas vacías).

El cine Victoria en años de auge. Foto compartida en el portal La Jaula.

Esa mohosa película, mezcla de smog, lluvia, frío, calor y hollín son como las huellas del paso del tiempo que ha caminado por sus paredes. Pero aún así la fachada del Cine Teatro Victoria se yergue majestuosa en la esquina de Oliva y Chile, como queriendo abrazar las nubes. Un edificio que desde afuera fascina a los transeúntes y que adentro guarda un sinfín de historias que arrancaron con su inauguración el 2 de diciembre de 1949.

El Victoria formó parte de esos históricos cines que abundaban en Asunción y el mundo, salas equipadas con asientos súper pulman y pantallas ciclópeas. Desde la primera película exhibida en sus instalaciones, Juana de Arco con Ingrid Bergman, congregó a multitudes que en muchos casos formaban filas que se alargaban por cuadras, luego pasó la lujuriosa faceta de cine porno, para intentar redimirse años más adelante con las películas comerciales y llegar a lo que hoy es, un sitio de recauda…adoración evangélica.

Gloriosas épocas aquellas del esplendor único de estos dinosaurios del entrenamiento en pantalla grande. Pero no solamente el ser uno de los más grandes y  modernos cines del país en su momento cimentó la fama del Victoria. También otros episodios cargados de anécdotas y testimonios han contribuido a lo largo de las décadas a convertirlo en un referente de situaciones que se mezclan entre la más inverosímil anécdota y la realidad misma.

Backstage

El edificio está ubicado en una esquina del corazón mismo del microcentro asunceno. A un costado está la plaza de la Libertad, conocida comúnmente como la de jubilados y desempleados. En este espacio público se daban cita las parejas que luego de encontrarse se dirigían al cine para un memorable atraque. También era (¿sigue siendo?) estratégico punto de levantes de chicos que iban a buscar la compañía de otros chicos. Cuando el proyector empezaba a funcionar lo que menos importaba era el argumento de la película. El penetrante olor a humedad, mezclado con la cuerina de los asientos, más la penumbra y un discreto lente hû de los demás espectadores permitía el inicio de un espectáculo más íntimo.

Nobleza histórica obliga decir que en su gran mayoría eran los gays quienes le daban el uso al sitio. Era notable el modus operandi de estos muchachitos dentro de la sala. Primero se acercaban situándose a uno o dos asientos de distancia de la presa elegida, sin importar si era hetero o no. Siempre era uno solo, en otras ocasiones dos o incluso tres. Se quedaban un largo rato mirándolo para luego avanzar. El elegido fingía demencia. Posteriormente, no contentos con la miraba detequierocomertodochocolatín se acercaban aún más. Este hecho ya generaba una sensación bastante incómoda a la ocasional víctima que seguía en un estado de perplejidad fílmica

Si el afectado ignoraba estas señalas, el cazador hasta podía retirarse. Pero en ocasiones estos mozalbetes estiraban la mano posándola en el muslo del que fue señalado. Un manotazo del afectado ayudaba a detener el atrevimiento.  Pero si el calenturiento susodicho proseguía con sus intenciones, uno recurría a medidas más extremas como tongo bien dirigido, lo cual servía para bajar la temperatura de las excitadas fieras. Este articulista no recuerda haber leído alguna denuncia por intento de consumación forzada del acto. Tal vez porque los muchachos no llegaban a tal nivel de zarpadez o porque al final todos gozaron. Vaya uno a saber cómo se develan esos enigmas.

Harcore

En decadencia. Foto: Carlos Morales.

Cuando ya había pasado la época de gloria absoluta, el Victoria también fue víctima del periodo de decadencia de los antiguos cines. Unos años antes de caer, las funciones de trasnoche de los fines de semana ya eran todo un clásico. Estas películas, que iban de un simplón film eroticón hasta una de triple X al cuadrado. Esas noches eran copadas por solitarios errabundos y soldaditos que por unas horas y aprovechando su día de franco huían de la tortura del Servicio Militar Obligatorio.

Y luego llegó la etapa que precedió a todo cine antiguo y de la cual milagrosamente el cine teatro pudo sobrevivir luego: La transformación en cine porno a tiempo completo. Las proyecciones empezaban a las 13:00 y se extendían hasta las 01:00 de la mañana. Así fue un sitio de grandes alegrías para aquellos que estaban a la pesca de que algún mancebo deseoso de liberar la energía provocada por el filme “Ani, la virgen morena”  o “Calígula”. Y ni qué decir el baño, donde nunca había luz, el cual se transformó en la sucursal de Sodoma y Gomorra por un buen tiempo.

Mientras el lugar sobrevivía con los ingresos que generaban las películas condicionadas, el mundo iba cambiando. Las salas enormes iban desapareciendo con mayor aceleración y eran copadas para otras actividades. A mediados de la década del 90 los shoppings traían consigo la parafernalia consumista con cines incluidos. Los prehistóricos sitios de entretenimiento tenían como únicos sobrevivientes al Victoria y al Yguazú.

¿Redención?

Durante varios años la fama del antiguo cine teatro se sustentó en su pornocidad manifiesta en la cartelera. Sin embargo, una iluminación del cielo o las boleterías hicieron que volviera al ruedo de las películas comerciales. A un menor precio y con un sonido vetusto, uno podía disfrutar de títulos que hasta hace un tiempo estuvieron en la cartelera de los cines más modernos. Aún así y todo, ir a esta sala a ver una película significaba ser parte de una leyenda viviente en la capital paraguaya. ¿Los gays? Sí, siempre estaban a la pesca de alguno.

Además de las películas, un local antiguo como ese tenía su propia historia. Algunos decían que se podían escuchar voces y que había apariciones en la parte alta donde se proyectaban las películas. En el 2000 aproximadamente una marca realizó un concurso en vísperas de Halloween. Fueron elegidas tres personas y debían de pasar la noche en el añoso establecimiento. Si lo lograban ganarían algo así como dos millones de guaraníes. Fueron elegidas dos chicas y un chico. Las dos chicas quedaron y el chico se desmayó antes de entrar. Luego se supo que el desmayado era un actor y su desvanecimiento fue una estrategia efectista para darle más condimento a esa competencia.

También alrededor del año 2000, un grupo le dio vida al teatro llevando a escena una obra que se llamaba Marmotas rosadas o algo así. Según comentaron los que se encargaron de esa producción, los funcionarios del lugar los habían recibido bien, vestidos de manera informal, como iban cada jornada. A la siguiente jornada se dio un cambio radical: El personal se había puesto su mejor atuendo para atender a los actores y al público que iría a presenciar la obra.

¿Fue la lujuria desatada en las pantallas y en los rincones del cine? ¿Fue el ya ni estar ni ahí de parte de los dueños de un patrimonio como este? ¿Fue por guita? Puede ser una mezcla de todo o algunas de ellas. U otra cosa. Lo cierto y lo concreto es que los ruidos de sables de luz, disparos y autos que frenan de manera brusca han sido reemplazados por los salmos y alabanzas que los fines de semana llenan esa sala que desde su pantalla, antes de que el mazo de Dios la mandara al olvido, con 35 mm llenaba las mentes de magia y fantasía.

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