Venezuela y los desafíos del Bolivarianismo sin Chávez

Sin duda alguna la figura de un líder es determinante en el accionar de las masas,  y la desaparición del mismo debe tener sus consecuencias. Por eso es que la sostenibilidad del proyecto bolivariano es un desafío muy grande para quien tiene que asumir la sucesión de Chávez.


Fuente de Imagen: esquivel-zubiri.blogspot.com

Chávez  significó mucho para la subjetividad de su pueblo y la de toda Latinoamérica. Le ha devuelto la autoestima, y además  validó de nuevo el socialismo, después del reflujo de la izquierda con el mundo monopolar del presente. En ese sentido, el cambio de rumbo en la relación de la región con EEUU, produjo un gran impacto en este, atendiendo a que se estaba promoviendo una política incompatible a la hegemonía de la potencia del norte.


Esa política por tanto, debía ser saboteada desde el mismo momento de su afianzamiento en Venezuela. Así,  el país caribeño tuvo que soportar un intento de golpe en el 2002, pergeñado por EEUU, y sumado a ello, un hostigamiento permanente.

 

La intención de boicotear el proyecto es por tanto un fantasma que no desaparecería, sino que se acrecentaría. Ante la desaparición física del líder, la conspiración debía incrementarse, ante el desconcierto que ocasiona su ausencia.


Hay que reconocer que Venezuela, más allá de los valiosos avances sociales innegables del gobierno de Chávez, ha basado su política en la exportación de petróleo, y no ha logrado un desarrollo industrial que le permitiera independizarse de la importación para cubrir las necesidades básicas de su población. Así, estaba expuesta a los vaivenes del comercio exterior y sobre todo, a la presión del sector importador, que estaba relacionado con una oligarquía que le era adversa.

 

Venezuela venía padeciendo de una inflación importante cuando el último tramo de la vida de Chávez, y a eso se sumó el desabastecimiento de productos básicos que para la población era difícil disociar con la ausencia de Chávez., como un mecanismo clave para desestabilizar el gobierno bolivariano que iba a sucederlo. Por otro lado, hay que reconocer que era difícil que Venezuela desde su consolidación política, estuviera exenta de su  importante cuota de corrupción que también permeó  el ámbito de su dirigencia, con las consabidas pugnas de poder que probablemente afloraran ante la ausencia de un líder que, evidentemente, como tal, supo administrar desde un poder muy concentrado.

Pero esta, como todas las crisis, debe verse como una situación auspiciosa en términos de perspectivas de cambio. Porque más allá de los costos que acarrea, por ejemplo en los disturbios que hoy estamos viendo en Venezuela, generará la exigencia objetiva de salvar los flancos que tenía el proyecto, y a partir de donde habrá que consolidarse.

 

Sería una bruma ilusoria por parte de la derecha y la hegemonía norteamericana, pretender una reversión, despojando al pueblo de las conquistas sociales que están muy consolidadas hoy en el pueblo de Venezuela, pues si se diera ese intento, los costos serán muy riesgosos incluso para el gran país  del norte, que no puede prescindir del petróleo venezolano. Bienvenida por tanto la crisis, desde donde se espera habrá de emerger con más fuerza, el proyecto bolivariano para bien de la emancipación definitiva de los pueblos de Latinoamérica.

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