Venezuela: crónica de un desconocimiento anunciado

“El proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo”, esta frase no pertenece a ningún dirigente chavista ni a partidarios de este proceso en el mundo, es la expresión del ex presidente Carter después de los controvertidos comicios de 2006, donde también la oposición intentó desconocer los resultados, pero el margen de diferencia era considerablemente alto (62,84% para Chávez contra 36,9% de la oposición y, ya en 2004, había ganado el referéndum revocatorio con el 59,0958%)[1].

Ahora, no por ser un ex presidente norteamericano, a quien nadie puede acusar de partidario del chavismo, Carter se libró de ser caceroleado en restaurantes y sitios públicos caraqueños[2], al igual que CNN en español tampoco se libró de ser acusada de canal del comunismo y castrismo por los golpistas y sus partidarios en abril de 2002 y también asediada, tanto que en ese momento retiró a sus corresponsales de Caracas por las agresiones sufridas por partidarios de la ultraderecha en las manifestaciones públicas.

J. Carter manifestó ser un ferviente partidario del sistema automatizado de votación (SAV) porque éste asegura la transparencia en el proceso y da seguridad a los votantes. Y para catalogar al proceso venezolano como el mejor del mundo, lo comparó con 92 elecciones monitoreadas hasta ese momento. En Venezuela, desde 2006 hasta la fecha mucho se ha avanzado y trabajado en mejorar este sistema, con el consenso de todas las organizaciones políticas y dirigido por el Poder Electoral que, a diferencia de otros países (incluida la antigua Venezuela), es un Poder independiente.

En 2011, y con vistas a las elecciones presidenciales de 2012, el Consejo Nacional Electoral convocó a todas las organizaciones políticas que hacen vida en Venezuela para trabajar sobre la ampliación y mejoras del sistema automatizado de votación. A la cita acudieron los representantes de todas las organizaciones y las dudas y planteamientos fueron respondidos e incorporados. El resultado de esta convocatoria fue el consenso basado en la necesidad de actualizar la plataforma tecnológica, con miras a mayor seguridad, eficacia y rapidez para la ciudadanía.

“Soy un defensor del sistema de votación automatizado. He participado en múltiples auditorías y éstas siempre han funcionado bien. Con las modificaciones propuestas vamos a encarar dos procesos simultáneos: el elector pasando por la captahuella y luego pasando por la máquina de votación. Mi preocupación es que posiblemente eso va a tener un costo en términos del tiempo de votación frente a la máquina. (…) Tenemos la disposición a participar en la revisión de este aspecto para solventar posibles complicaciones”[3]. Quien esto expresaba es Mario Torres, técnico electoral de la Mesa de Unidad Democrática, y tal como lo planteó, en las elecciones del 7 de octubre las colas fueron considerables, lo que se solventó para las elecciones de gobernadores de diciembre y ya en las del 14 de abril estaba totalmente superado, al punto de que con una participación de casi el 80% (alrededor de 15 millones de votantes) las colas desaparecieron de las puertas de los centros de votación.

El mejoramiento del SAV suma seguridad al mejor sistema del mundo: “La separación física de los electores y el respaldo de los votos conforman una opción que aumenta la seguridad de la gente en el sistema automatizado. Somos conscientes de la necesidad de renovar la plataforma tecnológica electoral para actualizarla y responder a los requerimientos técnicos que hemos desarrollado. Eso se refleja en el nuevo diseño de boleta electoral, que vemos como muy positivo”[4], expresaba en la sede del Consejo Nacional Electoral, en el marco de la reunión, Vicente Bello, técnico electoral de la oposición venezolana, integrante de la MUD.

En esa reunión se trataba de mejorar el sistema en cuanto a los usuarios desde el punto de vista tecnológico, apostando a poner la tecnología al servicio de las prácticas sociales. Las novedades que se aplicaron al ya avanzado SAV fueron boletas electrónicas con imágenes más grandes (para facilitar el voto a las personas mayores), espacios más amplios y eliminación del óvalo por la imagen del candidato de su preferencia o el logo del partido político. Ya la seguridad e invulnerabilidad del sistema estaba más que probada y garantizada.

 Un sistema electoral invulnerable

Vicente Díaz, uno de los rectores del Consejo Nacional Electoral, reconocido como afecto a la oposición y quien pidió que se auditara el 46% restante de las cajas de resguardo, dijo en el programa del periodista Carlos Croes, que trasmite el canal privado Televen: “Yo no tengo dudas en este momento del resultado que haya arrojado el sistema de votación porque efectivamente ha sido auditado, certificado, revisado, hubo presencia de los testigos”[5].

¿Por qué esa seguridad en la invulnerabilidad? El sistema electoral automatizado venezolano es sometido, antes de cada elección, a trece (13) auditorías, con la presencia de todas las organizaciones políticas, que deben respaldar con su firma los resultados de cada una de éstas. En la prensa internacional, y también nacional, se destacó la negativa del Poder Electoral venezolano a no incluir en la auditoría posterior del 46% de las mesas restantes a los cuadernos de votación. La realidad es que la primera auditoría practicada al SAV (antes de las elecciones) es la Auditoría a los cuadernos de votación. En esa auditoría los representantes de las organizaciones políticas certifican que la cantidad de electores por mesa electoral es la misma que se refleja en el registro (o padrón) electoral, y que la dirección del o de la votante en el cuaderno impreso se corresponde con la que está en el Registro Electoral[6]. La auditoría posterior ampliada (que fue la que pidió el representante de la derecha venezolana, el ex candidato Capriles Radonsky) no incluye los cuadernos de votación y eso lo saben todos los técnicos electorales de todas las organizaciones políticas, y no lo incluye porque ya esa auditoría fue practicada y no se hubiese podido llegar a la elección si esos cuadernos no hubiesen sido verificados y aceptados por TODAS las organizaciones con fines políticos. Ésta fue aprobada por todos los representantes y el Registro Electoral fue el mismo que se utilizó el 7 de octubre y el 10 de diciembre de 2012, donde el ex candidato presidencial Capriles Radonsky ganó la gobernación del estado Miranda, por una muy pequeña diferencia de 45.111 votos, con una participación de 1.162.955 de electores. También la MUD utilizó la tecnología del Poder Electoral para la escogencia de su candidato, donde resultó electo Capriles Radonsky.

En la legislación electoral venezolana vigente “mayoría absoluta” se considera al 50% + 1, y en el caso de presidentes o gobernadores quien gane con el 50%+1 es el presidente o gobernador de todo el país o el estado, según sea el caso: Nicolás Maduro es el presidente de todos los venezolanos y Capriles Radonsky es el gobernador de todos los habitantes del estado Miranda

En el Sistema Automatizado de Votación no hay “recuento”

Otro de los pedidos a gritos, y esta vez prácticamente lo exigió el propio B. Obama, es el “recuento” de los votos. En Venezuela no se recuentan los votos, y cualquier país que use un sistema electoral con tecnología de punta lo sabe (no es el caso, obviamente, de Estados Unidos, donde su sistema es uno de los más atrasados y controvertidos del mundo). En el SAV el voto es electrónico, al igual que las boletas y la urna. En la auditoría posterior de cierre que se aplica, por sorteo realizado por los miembros de mesa en presencia de los testigos y ciudadanía en general, al 54% de las mesas instaladas en todo el país se verifica que el total de las actas (que expide la máquina de votación) coincida con el respaldo en papel depositado por el elector en las cajas de resguardo (que en estas elecciones comenzaron a mencionarse como urnas, en un intento de volver, por medio del lenguaje, a los viejos tiempos). Es bueno aclarar acá que la tercera auditoría por la que pasa el SAV, y una de las más importantes, es la Auditoría del Software de la Máquina de Votación, esto se hace en cada elección y participan todos los actores de las organizaciones políticas, y entre otras cosas se audita el funcionamiento de la máquina de votación, el sistema de autenticación de votantes y el sistema de totalización, ya que la máquina es la herramienta para ejercer el voto y realizar el escrutinio en cada mesa electoral.

 Testigos de mesa: de héroes a cómplices

Un día antes de las elecciones, el dirigente del ultraderechista Primero Justicia, Leopoldo López, restándole autoridad al Poder Electoral, dijo que los testigos de mesa de la MUD (en Venezuela todos las organizaciones políticas, no importa su representatividad, pueden tener testigos en las mesas, además la ciudadanía puede participar como testigo) serían los verdaderos héroes de la jornada. Estos testigos fueron los primeros sorprendidos con las declaraciones de su candidato desconociendo los resultados, y pasaron de ser héroes de la jornada a cómplices de fraude.

¿Fraude tecnológico o desconocimiento político?

Durante mucho tiempo una parte de la oposición venezolana, acostumbrada a jugar con los padrones manuales, las boletas impresas y la exclusión, por lo que se acuñó el tristemente célebre término “acta mata voto”, se negó a la automatización del voto en Venezuela (automatización que toca también al Registro Civil, al derecho de las personas a la identidad y a la inclusión), intentó desacreditarlo y eliminarlo, sin suerte. Siempre trató al presidente Chávez y su gobierno como ilegítimo, sin importar la cantidad de elecciones ganadas y la amplia brecha con respecto a la oposición, hasta su muerte donde el candidato de la ultraderecha no dudó, ni duda, en ensalzar al recientemente fallecido presidente, acusando a Nicolás Maduro de ladrón e ilegítimo. El desconocimiento venía igual. Días antes, cuando las encuestas daban a Maduro ganador por un porcentaje más amplio que el de Hugo Chávez en octubre, las alarmas comenzaron a sonar en todos los medios y en la red advirtiendo que de ser así habría fraude, porque era imposible que Nicolás Maduro lograse más votos que el presidente Chávez. La realidad fue otra, la brecha fue pequeña, un Nicolás Maduro que nunca intentó ser presidente, desgastado por una sostenida campaña de desestabilización que no le dio tregua, durante toda la enfermedad del Presidente, prácticamente desconocido por las bases del chavismo acostumbradas a una comunicación directa con el líder bolivariano, asumió una corta campaña entre la depresión y la tristeza, el desabastecimiento orquestado y el saboteo del burocratismo estatal. ¿Su contendor? Un descansado gobernador que nunca asumió la gobernación y nunca dejó de ser candidato a la presidencia, con todos los medios de comunicación y económicos, nacionales e internacionales, a su favor. El 5 de marzo, día de la muerte del presidente Chávez, pocas horas antes de que el equipo de gobierno encabezado por el presidente encargado Nicolás Maduro tuviera que dar la noticia al país, aterrizaba en Venezuela el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles R., que llegaba de una estadía en su apartamento en una de las más lujosas zonas de Nueva York, donde supuestamente estaba visitando a su familia.

En ese panorama, y después de 14 años en el gobierno, el chavismo, con pocos votos aliados, logró mantener la mayoría, frente a un ex candidato que fue con una tarjeta única (a diferencia de las elecciones de octubre), pero que al interior, su partido y él mismo representan a 1.839.573 electores, el 12,36% para las elecciones del 7 de octubre de 2012 (donde cada partido de la oposición fue con tarjeta propia, y no hay nada que indique que Primero Justicia haya aumentado su caudal), frente a 6.193.337 votos “duros” del chavismo que representan al 41.32% del electorado (sólo 193.362 votos menos que en las presidenciales de octubre 2012, pérdida que le toca al PSUV evaluar con seriedad y detenimiento). Sin embargo, este resultado consolida al PSUV, hasta en sus momentos más duros, como la primera organización política del país, muy lejos de su contendor más cercano, que ni siquiera sería Primero Justicia con su 12,36%, sino una casi inexistente y heterogénea Mesa de la Unidad Democrática que, sin sus aliados, no llega al 15% de la intención de voto.

Mientras tanto, el CNE decidió trasmitir en vivo la auditoría de verificación ciudadana, esa que pidió y después de serle concedida, rechazó el ex candidato Capriles. Para verla http://www.cne.gov.ve/web/index.php

 * Estela Aganchul es editora de la edición venezolana de Le Monde diplomatique



[3] Revista E-lectores. Año 2, N° 4, CNE: Caracas: diciembre de 2011. Distribución gratuita. Circula encartada en el periódico de circulación nacional Ultimas Noticias.

[4] Id.

[5] www.ciudadccs.org.ve/?p=411446

[6] Auditorías del Sistema Electoral Venezolano. Daniel González (comp.). CNE: Caracas, 2010

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