Prohibido detenerse en esta cuadra

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Reportaje y audioreportaje. Una visita a los calabozos de la dictadura. El antiguo edificio del Departamento de investigaciones de la Policía fue como un agujero negro por el que entramos para revivir los sufrimientos de los prisioneros políticos del estronismo.

Foto: Nicolás Granada.

Nicasio Franco, frente al que fuera Departamento de investigaciones de la policía estronista, hoy convertido en Museo de la memoria. Foto: Nicolás Granada.

Por Arístides Ortíz.

Son las 13:30 del jueves 6 de marzo. Sobre la calle Presidente Franco casi Nuestra Señora de la Asunción veo un ajado cartel de tránsito que todavía se puede leer: “Prohibido detenerse en esta cuadra” .Enfrente se yergue un antiguo edificio, de un pálido color amarillo y de aspecto abandonado. Otro letrero, este sobre la puerta de entrada, dice: “Departamento de Investigaciones. Policía Nacional”. En el fondo del corto pasillo veo a Nicasio Franco, sonriente. “Ehasápy”, me dice. Y mientras esperamos a mi compañero de tareas, Nicolás Granada, me comenta: “Por acá ningo tengo poca visita…”. Es que pocos asuncenos recuerdan o saben que en este edificio, hoy convertido en un Museo de la memoria,  ubicado en el corazón del centro de Asunción, penaron sus “culpas políticas” cientos de opositores al dictador Alfredo Stroessner.

Foto: Nico Granada.

Foto: Nico Granada.

Recibidos con “Patadas y escupitajos”

Nicasio es el encargado de guiar por el edificio a los ciudadanos que como Nicolás y yo desean saber sobre una parte de la historia reciente del país, esos 35 años durante los cuales Stroessner, sostenido por el Partido Colorado y las FF.AA., persiguió, reprimió y torturó a más de 20 mil personas.

Nicasio abre la puerta de dos hojas de la sala de recepción del edificio, y nos narra: “Por acá entrabamos y nos recibían los policías como hormigas enojadas…y cuando escuchaban el nombre bolche o comunista, se agrupaban ante nosotros. La entrada a Identificaciones, entonces, era con golpes de patadas, trompadas, escupitajos…”. Sus recuerdos son de 1970, cuando a sus 17 años fue detenido y encarcelado en este lugar acusado de “comunista”. Ingresamos a la amplia sala con paredes descascaradas por la humedad y el paso de los años, con un aroma de encierro. A la izquierda vemos una puerta que lleva a un pasillo, y este a su vez a una escalera de caracol.

Un extraño laberinto

Mientras Nicasio recuerda que en 1970 este lugar estaba atestado de gente, entre detenidos y policías civiles y uniformados, en el que se escuchaban  las quejas lastimeras de los detenidos que eran golpeados, no puedo dejar de ver en mi memoria los números del Informe de la comisión de Verdad y Justicia, que investigó las violaciones de derechos humanos durante el stronismo: 20.090 víctimas en total, de los cuáles 19.862 fueron ilegalmente detenidas, 18.772 torturadas, 59 ejecutadas extrajudicialmente, 336 desaparecidas y 3.470 exiliadas a otros países, principalmente a la Argentina.

Foto: Nicolás Granada.

Foto: Nicolás Granada.

Alcanzamos con nuestro guía una escalera en forma de caracol que une los tres pisos del edificio. Subimos por él al primer piso y giramos a la derecha. Nicasio se detiene frente a dos celdas y las señala con la mano derecha: “Aquí estaban los presos intocables. Estuvieron aquí durante 2 años”. Se refería a Amilcar Oviedo, Carlos Mancuello, Rodolfo Ramírez Villalba y Benjamín Ramírez, ex integrantes de Ejército Popular Revolucionario (EPR) que sufrieron las peores torturas en esas celdas de 2 x 3 metros de dimensión, para luego, dos años después de ser detenidos, ser ejecutados en algún lugar del país, sin que hasta hoy se hayan encontrado sus restos.

Luis Casabianca, histórico dirigente del Partido Comunista, a quien entrevistamos en su casa, estuvo detenido en este edificio. “Estábamos apilonados en pequeñas celdas entre varios. Una puerta negra de metal impedía que entrara luz en ella. Como era tan chica y estábamos muchos, dormíamos sentados. Si alguien quería ir al baño y no se aguantaba, había que hacerlo ahí”, relata. Casabianca había sido arrastrado por la ola represiva desatada en los años 60, contra el Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA), una organización armada del Partido Comunista.

En un momento del recorrido, Nicolás comenta a Nicasio que “esto parece un laberinto”, a lo que nuestro guía responde que el edificio, a juzgar por el plano que se diseñó, se fue construyendo en la medida en que aumentaban los presos, pero con la clara idea de convertirlo en corredores inconexos con incontables piezas, puertas y ventanas intercomunicadas.   

Foto: Nicolás Granada.

Foto: Nicolás Granada.

La Sala de tortura

Mientras recorríamos el segundo piso, me asaltó una sensación de extravío y asfixia: no sabía por dónde saldría del lugar, el olor a humedad me taponaba la nariz, y el techo parecía a punto de derrumbarse sobre nosotros. Al pasar frente a un pequeño salón, Nicasio comentó que era el lugar donde los prisioneros eran fotografiados para sus prontuarios. “Por aquí pasábamos todos”, dijo.

Cruzamos varias piezas y puertas y llegamos a la sala de interrogatorios. “Aquí Alberto Cantero interrogaba a los prisioneros. Si estos no satisfacían sus preguntas, los hacía pasar aquí…a la sala de tortura, donde estaba la pileta…”, narra, mientras entramos en una sala rectangular. En Aquel tiempo, una bañera llena de agua con excrementos esperaba a los tímidos que no querían hablar. De la otra puerta de la sala –cuenta Nicasio- salían dos o tres ayudantes del torturador con short y sin camisa. Estos sujetaban a la víctima. El torturador lo golpeaba en el techo, lo empujaba y comenzaba la macabra función. El relato vivo de Agripina Portillo, miembro EPR, presa meses en Investigaciones, durante la entrevista que nos dio en su casa, dice así: “Uno me sujetaba de la cabeza, el otro de los pies, y me sumergían en el agua sucia, mientras el torturador cargaba su rodilla sobre mi estómago. Cuando me sacaban la cabeza del agua, chorros del liquido sucio salían de mi nariz, mis oídos y mi boca”. Agripina fue una de las miles de víctimas de la furiosa represión en los años 70, perpetrada contra la Organización Político Militar (OPM), el EPR y las Ligas Agrarias Campesinas.

Cientos de prisioneros políticos pasaron por ésta sala. Muchos no soportaban las torturas y murieron en la pileta. Si había suerte, sus cuerpos eran entregados a sus familiares. Si no, entraban a formar parte de la larga lista de los desaparecidos, como Agustín Goiburú, Esther Ballestrino, Mario Schaerer Prono, Derlis Villagra y muchos otros.

Foto: Nicolás Granada.

Foto: Nicolás Granada.

Cerquita del “Lido Bar”

Llegamos al tercer piso del laberíntico edificio. Nos internamos en sus piezas y salas reducidas. Entramos en un salón que, según Nicasio, se había convertido en un refugio de gatos, con un baño con los caños rotos en el que crecen raíces de una planta acuática y que huele a podrido. Dejamos el salón para ingresar a la pieza del fondo, la última, con una ventana enrejada. Desde ahí se pueden ver el Hotel Guaraní y el edificio del BNF. Pregunto a Nicasio qué edificio es el de enfrente, distante a unos 30 metros. “Es el Lido Bar…mientras los asuncenos saboreaban en aquel tiempo las ricas empanadas y las sopas de pescados en ese lugar, aquí cientos de infelices eran torturados…así era la vida durante la dictadura” comenta Nicasio.

Mientras abandonábamos el edificio del otrora temible Departamento de Investigaciones, Nicasio parecía no querer despedirnos. Seguía  describiendo sin descanso el edificio. Los recuerdos atropellaban su lengua, y volvió a repetir. “Aquí muy poca gente viene a visitar el lugar…si quieren invitar a otros periodistas, yo les espero con gusto para que sepan de este lugar”.

Salimos con Nicolás a la calle Presidente Franco luego de recorrer durante dos horas ese edificio poco amable. Solo desde aquí pudimos tomar nota que la principal mazmorra stronista está situada en el corazón de Asunción, rodeado del Teatro Municipal, del Ministerio de Hacienda, de la Calle Palma, del Panteón de los Héroes y del Congreso Nacional. Y dijimos que es de no creer que en aquellos años duros de la dictadura, los asuncenos caminaban por las calles del micro centro viviendo normalmente, mientras en el edificio que acabábamos de dejar cientos de personas eran torturadas y vejadas por el régimen.

Foto: Nicolás Granada.

Foto: Nicolás Granada.

Audioreportaje

Audiotour de la mazmorra, el antiguo Departamento de investigaciones estronista.

Por Nicolás Granada.

https://soundcloud.com/nicogranada/prohibido-detenerse-en-esta

Foto: Nicolás Granada.

Foto: Nicolás Granada.

 

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