Por una cabeza

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Por Julio Benegas Vidallet

Antes se decía que caballo que avanzaba desde atrás ganaba una carrera.

Hoy, los caballos, en nuestro país, ya casi desaparecieron. En el campo, la mayoría de la gente anda en moto, incluso he visto gente arreando ganado en moto.

En los bañados, durante los 90 y buena parte del 2.000, los trabajadores de reciclaje trasladaban sus mercaderías en carrito estirado a caballo. Luego les vendieron esas motocarros que en dos años se desarman todito con lo que terminan siendo muy buenas para el reciclaje, de sus propias piezas.

En fin, no es un buen comienzo decir que caballo que llega de atrás gana, pero valga esta comparación para intentar cerrar algunas impresiones durante el proceso electoral que terminará el 22 de abril.

Mario Abdo Benítez, al ganarle al caballo de Horacio Cartes, (cómo era que se llamaba el tipo), comenzó su carrera presidencial con una intención de voto muy alta.

Esa intención se mantuvo por todo enero y gran parte de febrero, en tanto que su contendiente, Efraín Alegre, venía de unas internas de mero trámite. La sensación en diciembre era que solo existían las internas del Partido Colorado, al punto tal que mi hija, Zenit, me preguntó: “papá, cuándo asumirá la presidencia Mario Abdo Benítez” .

El gran balón de oxígeno que le dio haber ganado al candidato de Cartes, cuyo gobierno es más impopular que Juan Vera, se desinfló rápidamente con el abrazo republicano. Quedó atrapado en una campaña en cuyo centro aparece el dueño del telemprompter.

Efrain, tan poco empático con la gente, comenzó a articular una campaña con la idea de la Alianza, en la que aparece, cosa que al principio resistió, Fernando Lugo como punto de apoyo. Así, con esa idea de que no era solo candidato del PLRA si no de una Alianza, comenzó a remontar una diferencia en la intención de voto que era claramente, y por lejos, una gran diferencia en favor de Benítez.

El voto antiguo denominado independiente y la centro izquierda más o menos orgánica fueron cerrando con Efraín recién en los últimos días de marzo al punto de que muchísima gente que ni ahí decía estar con ir a votar el domingo ha cerrado filas en torno de la candidatura de este señor.

Mario Abdo cerró el voto duro stronista, que es un piso muy alto, pero quedó prendido a la figura de Cartes, considerado uno de los peores gobernantes de la llamada transición. Preso del modelo narcosojero y de la patria contratista, no amagó una propuesta material concreta para la gente, aunque esbozó esa idea de los cuarteles como centro de intrucciones para los jóvenes y una especie de contención para las madres “solteras”.

Por el lado de Efraín se colocó en la cabeza de la gente una sola propuesta: la de bajar el precio que pagamos por la electricidad y ahora la del wifi grautito.

Lo del “debate presidencial” del domingo fue una daga en la candidatura de Mario. Creo que mucha gente decidió ir a votar este domingo para no pasar “verguenza” de tantas “peladas” de “nuestro presidente”.
Y por último, hay gente que en su propia interna le votó a Mario en contra del gobierno de Cartes que ahora piensa revertir su voto. Para no “traicionar” a su partido, tal vez se sume a los votos blancos y nulos que, dicho sea de paso, esta vuelta alcanzarán, creo, un porcentaje muy superior al de otras elecciones.

Es así que, en dos meses, la candidatura de Efrain ha logrado llegar a sus últimos días con la sensación de que se puede. Ese se puede está, al decir del compañero Jorge Zárate, estrechamente ligado a la alta participación electoral. El voto antiestronista, que tampoco es poco, también es un voto duro que parará, seguramente, en las alforjas de la candidatura de la Alianza Ganar.
La sensación inicial de que el Partido Colorado, con Mario Abdo Benítez, ganaría trotando de pronto se esfumó y el caballo que viene de atrás podría ganar por una cabeza y así la cosa se pone mejor.

No da gusto ver partidos donde ya sabés quién será el ganador, salvo, claro está, sea tu equipo.

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