Por ser lesbiana

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Como en la peor de las películas dramáticas sobre lesbianas, en donde muere trágicamente la protagonista, la noticia llegó. Esta vez, era la realidad que nos tocaba. Así como suceden las tragedias, de golpe y sin aviso, con mucha confusión, y con la única certeza de la muerte.

 

Batucada contra la no discriminación de Aireana. Foto: Aireana La Serafina.

Aireana. Grupo por los derechos de las lesbianas, comunicaba así la noticia:

“Lamentamos profundamente la muerte de Deisy Aguilera. Hace un año que formaba parte de nuestra batucada y participaba de nuestras actividades. Ella era víctima de violencia en su familia por ser lesbiana. Había denunciado los hechos y había recibido ayuda en el albergue del Ministerio de la Mujer. Desde Aireana y a través del Fondo de Acción Urgente estábamos apoyando su proceso de autonomía y de denuncia. Deisy tenía miedo de que alguien de su familia le hiciera algo por llevar adelante la denuncia. A horas de conocer su muerte, no sabemos con certeza si se trata de un suicidio o de un asesinato. Sea lo que sea, lo que sí sabemos es que la discriminación la mató”.

Anoche después de conocer la noticia, no podía dejar de pensar en mi familia (y en la suerte de tenerla), y con todo eso y a pesar de, en este sentimiento de vulnerabilidad en que nos pone una situación tan cercana y tan dolorosa. En cómo pueden convertirse deseos en estigmas, no podía dejar de pensar en: “Por ser lesbiana”, sí, por ser lesbiana.

Hoy es Deysi acá en Paraguay, hace unos años fue Natalia “Pepa” Gaitán en Argentina, asesinada por el padre de su novia, por ser lesbiana. Meses atrás fue Nadine, una compañera travesti asesinada en la calle desde un auto por un desconocido. Son crímenes de odio, porque el móvil del crimen es este sentimiento, el mismo que lleva a una persona a terminar con la vida de otro ser humano.

Rebelarse ante la familia, las amistades, la sociedad entera, para vivir una sexualidad, un deseo, que siguen siendo prohibidos “por perversos y enfermos”, tiene su costo, y hay personas que pagan con sus propias vidas. A veces no hay escapatoria posible. Es de esta forma que entiendo lo de “ser vulnerable” por tu opción sexual y/o identidad de género. Camioneras, tortilleras, putos, travestis, provocamos odio en las personas, a tal punto, de que lo mejor sería que no existiéramos, ser borrad*s a escopetazos, a balazos, como Pepa, como Nadine.

Es difícil pensar racionalmente en ese sentimiento de odio que lleva a las personas a acciones tan extremas, pero la humanidad nos ha demostrado de sobra que existe. ¿Qué es lo que produce ese sentimiento de odio en una persona, si mi sexualidad ni mi deseo no la pueden dañar, incluso ni llegar a tocarla? Siempre recuerdo lo que un amigo trans me dijo: “Nosotros atacamos el pudor de la gente”.

Entonces: ¿Las personas que nos rebelamos ante este sistema, en contra de aquella “naturaleza”, somos quiénes atacamos el pudor de la gente? Y es posible que sí, por eso la respuesta es el ataque a nuestras vidas. Nuestro ejemplo es malo, porque mueve certezas, derrumba verdades naturales e inmutables, en una sociedad dormida y aletargada en sus propios deseos.

La familia, ese lugar que creemos será seguro, es el primer círculo que nos expulsa a la calle y nos repudia por elegir vivir nuestros deseos, y llega a matarnos, en vez de sentir orgullo por la firmeza y entereza de poder ser a pesar de todo lo que tenemos en contra. Para Deysi y para Natalia fue así. Por suerte existen otras familias (como la mía y otras pocas) cuidadoras, respetuosas y orgullosas de los deseos de su prole, parientes, amistades, etc.

Por ser lesbiana! y por Daysi, Pepa, Nadine y todas “nuestra venganza es ser felices”, y seguir cambiando este país.

 

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