Por salvar sus vidas son capaces «de matar por error a sus madres»

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El miedo corroe a SS. El no quiere estar allá, en el Norte. Quiere volver con su madre y su “buena mujer”.  Junto a la madre  que se deslomó en Argentina para darles estudios a sus hijos. Algo no le permite a la madre estar completamente orgullosa de su hijo. No siente en él orgullo de combatiente. Siente que algo está penando. No sabe muy bien qué. La madre no se despega de la radio ni de la televisión. No sabe qué hacer para sacar a su hijo de “ese lugar”.

“¿Mba’eiko realmente la oikóva upepe?”, se pregunta. Ella, al igual que muchísimos paraguayos, se pregunta qué es lo que realmente pasa en el Norte.

“Mba’eicha piko neikatumo’ai ojagarra ikuei cuatro o diez hombre pe. Chéve ro guara umi narco hina la omandáva upérupi”, responde o se responde la hermana mayor.

SS entró a la milicia pensando en las armas como juego y en el sueldo, aunque no lo reconozca, como una afirmación de su identidad varonil. “Igusto va’ekue che mita pe aipuru la arma”, dice. Pero allá, en el Norte, siente que está en el lugar equivocado. No  es muy claro quién o quiénes son los enemigos.

Y al igual que sus pares, está en estado de alerta “ante cualquier movimiento”. “Che namanomai upepe, namonomoa’ai upepe”, se repite.

No hay orgullo ni sentimiento heroico en el combate con el EPP. Ni hay disposición táctica en la penetración para evitar muertes.

¿Pobres infelices?

“Están luchando contra un fantasma”, asegura MV, mayor retirado, especializado en operativos de asalto. “Son unos pobres infelices que matarían a su madre por error”, afirma este hombre enérgico, locuaz y “patriota”, según él se declara.

Un comando militarizado, preparado para operativos de asalto, toma de rehenes y administración de crisis como el Grupo Especial de Operaciones, es utilizado para desalojo de los campesinos. “A sus efectivos se les mete el cuento de que los campesinos son los enemigos. Ahora mismo está pasando esto, ahora mismo, con los militares. Nosotros fuimos educados para defender el territorio nacional, el territorio nacional chamigo”, repite MV.

MV cree que a este ánimo general de los combatientes contra el EPP se deben “tantos errores”. “Si no se entiende bien una misión, no hay mística, solo salvar la propia vida es la historia”.

Esta realidad explica parcialmente la historia de los “falsos positivos”: muertos por “error” que son presentados luego como muertos en combate. “En un operativo dispararán ante cualquier movimiento sospechoso”, asegura MV.

Terror e impunidad

Rosa González, con la mandíbula destrozada en un operativo "erróneo" de la FTC. Aun así quedó imputada.

Rosa González, con la mandíbula destrozada en un operativo «erróneo» de la FTC. Aun así quedó imputada.

Pero solo parcialmente. En las casas de humildes familias “oikevoi ikuei sin consideración. O tortura la ore gente pe”, lamenta Marciano Jara, líder del Asentamiento Arroyito, una de las comunidades más afectadas –al igual que Kuruzu de Hierro- por los allanamientos aparatosos.

Benjamín Valiente, de la Pastoral Social de Concepción, lo confirma en su libro y en su testimonio: la idea general de que ser pobre y ser campesino son una habilitación para el desmadre.

Cómo se explica entonces, se pregunta, que una vez acribillados Marcos y Hermenegildo Ovelar y Rosa González, aunque haya sido por “error”, aparezcan con sus cuerpos tajeados. Se ensañan contra el cuerpo de los pobres, aun ya desvalidos, aun ya muertos.

“O jugako ikuei la ñande gente humilde pe. Ojuga ikuéi. Y no hay castigo, no hay castigo”.

Esta gente de Kuruzu de Hierro fue abribillada por la Fuerza de Tarea Conjunta (militares y policías) el 5 de setiembre, en su chacra, en el crepúsculo, durante un operativo por los alrededores en la búsqueda del EPP.

Tal vez los militares no lo sepan, pero la idea “es clara para nosotros: quieren sacarnos las tierras, para que todo quede en mano de los sojeros o los narco ganaderos”, se repite Marciano.

Al percatarse de que Marcos y Hermenegildo no estaban armados les pusieron uniforme y fusiles para presentárselos muertos en combate.

“Te digo: matarían a la madre por error para salvar sus vidas. Están peleando contra su propia sombra”, comenta el mayor retirado, cada vez más ofuscado.

“Y no hay castigo, porque son gentes humildes como Rosa González” (esta mujer que, luego de quedar con la mandíbula destrozada, deambular en Emergencias Médicas como un sin nadie, volvió a su ranchito, de una pieza y enseres precarios de cocina, imputada de “terrorismo”), se repite Benjamín Valiente.

A estos casos, casi inmediatamente se sumaría la muerte, en el Núcleo 4,  de Vicente Ojeda, 25 años, en un aparatoso allanamiento a la casa de éste, entre sus hijos y su mujer embarazada. Ojeda fue presentado muerto en combate. Para todo el pueblo fue una “simpe ejecución de inocente”.

Esto podría haberse cortado de raíz si algo se hubiese hecho con el primer caso, asume Benjamín Valiente. En Arroyito, el 11 de abril del 2012, Agustín Ledesma, un joven de 22 años, sordo mudo, asustado por una gran movilización militar, se refugió entre unos arbustos. Un comando lo siguió y lo acribilló. Cuando se percataron del “error”, le pusieron uniforme y un fusil. “Pero nada se hizo, nada. Impunidad mante. Entonces, cuál es la lección: es muy fácil matar campesinos”, agrega Valiente.

En combate real no son tan “machos”

La FTC no tuva casi intervención en la liberación de Arlan.

La FTC no tuva casi intervención en la liberación de Arlan Fick.

El Ejército del Pueblo Paraguayo es un comando “disciplinado”, altamente “entrenado”, no unos simples “aventureros” (en referencia a la Agrupación Campesina Armada), ha dicho Carmen Villalba desde su prisión, donde cumple una condena de 35 años de cárcel. Pero en el último operativo en que murieron dos personas de origen alemán (Robert Natto y Erika), el ministro de Interior Francisco José De Vargas asegura que la Fuerza de Tarea Conjunta lo conformaban unos cien hombres y que el grupo que tomara de rehén a los alemanes no eran más de cinco. “Yo te digo, yo te digo, estos pobres desgraciados tienen terror a morir. En combate real es otra la disposición. Otra, y ellos no la tienen, mucho menos sus jefes”, enfatiza MV.

-¿Y vos qué harías?

-Eh, yo, ni cagando me iría. ¡Nde tavymako nde¡.

 

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