Por qué tanto empeño de Cartes en ser senador activo

No hay comentarios

Por Julio Benegas Vidallet

El presidente Horacio Cartes ha jugado todas sus cartas por la reelección. Una serie de jugadas consideradas irregulares e inconstitucionales cerró, aquel 31 de marzo de 2017, con la quema del Congreso. No pudo reelegirse. Se jugó entonces a un caballo dócil, chico bueno, empleado del Fondo Monetario Internacional.

Le ganó la pulseada el otro yo del Partido Colorado, el que reivindica los colores y la tradición colorada. El hombre partido versus el hombre tecnocracia neoliberal. Horacio, en las listas, se acomodó en el primer lugar de la lista de la Cámara de Senadores. Ganó en las internas coloradas y ganó en las generales.

Justo, de pura coincidencia, la Corte Suprema sacó una resolución favorable a la habilitación como senador el día en que supuestamente se divulgó una supuesta antigua muerte ya del suboficial Edelio, en manos del EPP. La Constitución Nacional dice que los presidentes que hayan cumplido su mandato serán senadores vitalicios.

Los senadores vitalicios tienen fueros, voz pero no voto. Cartes quiere estar sentado en el Senado, liderando su bancada, protegiendo sus negocios. Sus negocios han crecido sobremanera en estos cinco años. Los cigarrillos de su empresa emblema, Tabesa, aparecen en Brasil, en Méjico, en Colombia, en Venezuela y en Estados Unidos. Forman parte de un extenso corredor de productos ilegales como las otras drogas. En este tiempo, igualmente, el tráfico de todo tipo de mercaderías ilegales por los ríos fue completamente liberado. Ni una sola intervención estatal.

Para mantener su crecimiento exponencial necesita sujetar Aduanas, la Armada Nacional, a la SENAD, a la policía, a la fiscalía, como lo ha y lo han hecho en todo este tiempo. Sujetar a todos los brazos de control estatal. Sus negocios no solo son suyos, forman parte de uno de los negocios continentales más importantes que luego se expresan en edificios, hoteles, cadenas de supermercados, financieras, bancos, medios de comunicación…

Él sabe que como senador vitalicio tendrá sus fueros; es decir, cualquier proceso judicial deberá obtener la aprobación de la mayoría de los senadores para su prosecución, pero él sabe -y su grupo de poder sabe- que desde adentro, entre sus pupilos, con la chequera en mano, con gente que le debe una candidatura, una mansión, está el lugar. La senaduría vitalicia es un no lugar. Tendrá que invertir mucha plata mantener sus alianzas al interior de los organismos de control de “la ley”.

Es una obviedad. Ya lo sé. Y sé que ustedes ya lo saben.

Comentarios