Por qué Paraguay no mantiene relaciones con China

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En el mismo momento en que el Fondo Monetario Internacional informa que China actualmente representa el 16,479% del PIB mundial medido en Paridad de Poder Adquisitivo, frente al 16,277% de Estados Unidos, el presidente paraguayo Horacio Cartes estrecha relaciones con con autoridades de Taiwan. Es la isla que durante la revolución china de 1949 fue ocupada, en su retirada, por el general nacionalista Chiang Kai-shek. A esta isla, en el marco de la Guerra Fría, Estados Unidos prestó todo el apoyo financiero y armamentístico, convirtiéndola en un enclave norteamericano.
Durante el gobierno de Alfredo Stroessner, Paraguay, con su política de “democracia sin comunismo”, tomó relaciones diplomáticas con Taiwan, denominada República de China.
En el mundo, solo Paraguay y unos diez países muy chiquititos mantienen relaciones diplomáticas con Taiwan. Por lo tanto, no con China.
Para China, Taiwan (36.000 km²) es parte del territorio chino. Salvo en Paraguay, en Sudamérica no existe discusión alguna sobre este asunto.
Actualmente China tiene acuerdos multimillonarios con Brasil, Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia. En infraestructura principalmente.
En la Argentina está en ejecución la primera universidad del idioma, ciencia y cultura chinos.
Pero en nuestro país está vedada la discusión. Cuando Alejandro Hamed, desde la Cancillería, en el primer período de Fernando Lugo, intentó abrir relaciones con el mundo árabe, se lo echó. Con China ni siquiera se discutió.
Nuestra política internacional incubó a la sombra de la Guerra Fría, con ese discurso de bueno- malo, héroe-villano. Echó raíces muy profundas.
China es un país de 1.356.000.000 de habitantes. La revolución echó por tierra el modelo imperial de miles de años. Hay vasta ciencia, literatura, economía y toda la complejidad de los grandes conglomerados.
Aun con rémoras, el mundo superó la Guerra Fría. La civilización capitalista se impuso. Ya nadie discute en código soviet o democracia norteamericana. Opama.
Pero acá, abajito, en el corazón de América del Sur, nos aferramos a los cucos del pasado.

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