¿Para qué sirvió la guerra contra Bolivia por el Chaco?

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A 82 años de la Paz del Chaco, este territorio no ha podido ser integrado al Paraguay. Sus tierras, en millones de hectáreas, están en manos privadas y extranjeras. Es además víctima de un cruento ecocidio.

Por Ramón Duarte

El calendario de feriados del país recuerda hoy a los ex combatientes de la guerra que el Paraguay protagonizó con Bolivia, de 1932 a 1935. Ya quedan pocos, muy ancianos y viviendo en precarias condiciones económicas. Aunque hoy se recuerda el fin de aquella carnicería entre seres humanos, en aquellos tres años que duró, alrededor de 30 mil paraguayos murieron despedazados por las balas de fusiles, ametralladoras y las esquirlas de las bombas; muchos otros murieron de sed.

La pregunta es para qué sirvieron aquellas muertes de paraguayos y bolivianos, calculadas en 100 mil en total.

Miguel Lovera, reconocido ecólogo y director de la Fundación Iniciativa Amotocodie -una organización que trabaja con los pueblos indígenas del Chaco desde hace tiempo- responde en forma categórica que ha servido de poco aquella guerra para el país.

“El territorio chaqueño lo controlan los grupos de poder con licencia de piratas otorgada por la potencia hegemónica que domina el hemisferio, es decir, Estados Unidos y sus multinacionales, que son quienes licencian la administración del territorio chaqueño y sus recursos a las sub-potencias Brasil y Argentina, y a la oligarquía narco-feudal que administra el territorio en nombre de sus amos.”, explica el ecólogo.

El Chaco o Región Occidental posee el 57 % de la superficie productiva –cultivable- del país; sin embargo, este porcentaje está concentrado en tan solo el 3 % del total  de las fincas agrícolas que existen en el país. Este 3% equivale a unas 8.031 fincas agrícolas que abarcan en total unas 18.744.612 hectáreas. Ese 3% del total de fincas agrícolas es propiedad de  3200 propietarios, cuyas fincas son utilizadas, en su mayoría absoluta, para la ganadería de empresarios menonitas, brasileños, uruguayos y europeos.

Fuente: portalguarani.com.py

Fuente: portalguarani.com.py

Solo como ejemplos de quiénes son los dueños del chaco, recordemos que la propiedad más grande de este territorio la posee la Secta Moon, en la zona de Puerto Casado, donde adquirió a través de la empresa Victoria S.A. unas 600 mil hectáreas. Uno de los más grandes latifundios del continente. El otro ejemplo es el empresario brasileño Tranquilo Favero. Se calcula que el denominado “Rey de la soja” posee alrededor de 400 mil hectáreas en el Chaco.

Lovera contextualiza estos números: “…En el Chaco mandan desde los terratenientes locales, pasando por alguna secta religiosa muy segura de sus derechos divinos sobre el Chaco y, especialmente en la zona fronteriza, ocupando prácticamente toda la frontera con los países vecinos, una fuerza paramilitar eufemísticamente llamada “guardia de seguridad”; estos impiden a su antojo o bajo órdenes el libre tránsito por las vías públicas nacionales de ese vasto territorio. Esto es típico de los enclaves dedicados al narcotráfico o al procesamiento de drogas prohibidas o al contrabando de armas.”.

El otro dato duro y doloroso de la realidad chaqueña son los niveles de deforestación de sus bosques, y la consecuente depredación de la rica bio-diversidad de este espacio: según los mapas satelitales y los estudios realizados por instituciones públicas y privadas, la deforestación  del Chaco Paraguayo es de  1.057 hectáreas por día, número que multiplicado por 365 días y 12 mese del año, equivalen a 380.520 hectáreas de bosques desmontados cada año. Y los registros confirman que cada año que pasa sube esta tasa de deforestación. Un ecocidio que no tiene parangón con ningún otro lugar del planeta. Los principales ejecutores de este ecocidio son las empresas ganaderas de extranjeros y paraguayos.

A estos dos factores –los poderes fácticos que lo controlan y la depredación de su ecosistema- se suma la realidad de que, 82 años después de terminada la guerra, el Estado y la sociedad paraguayos han avanzado escasamente en la integración social, económica y cultural de la población chaqueña al país. Es como si no asumiéramos que el Chaco es parte del Paraguay.

 

 

 

 

 

 

 

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