No es la institucionalidad ni la “democracia” lo que está en juego

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Por Marielle Palau

Se ha colocado como centro de la disputa la modificación de la Constitución Nacional vía enmienda para habilitar la reelección, a partir de lo cual se pretende señalar que hay sólo dos actores: los pro y los anti enmienda. Las críticas se centran en el accionar parlamentario, institución desacreditada desde hace muchos años, por los auto privilegios, por la aprobación de leyes inconstitucionales, por la no aprobación de leyes que beneficien al país y por el golpe del 2012.

Las maniobras políticas en el Parlamento son intrínsecas a su dinámica, se han dado sistemáticamente, por no ir muy lejos, una muestra es la maniobra de agosto del 2016, en la que quienes no están de acuerdo con una ley, la presentan para votar en contra. Sin embargo, sólo la realizada para avanzar en la aprobación de la enmienda desató la furia de quienes creían tener el control para evitarla.

Colocan en el discurso que lo que está en juego es la “democracia”, la “institucionalidad” y la Constitución Nacional, siendo muchos de ellos los que truncaron el proceso democrático con el golpe del 2012 y quienes la violan sistemáticamente. No es el caso entrar a enumerar los artículos que son violados, pero no olvidemos quienes aprobaron la ley de militarización y la de Alianza Pública Privada y quienes se opusieron a la aprobación de ambas, claramente inconstitucionales. Si vamos un poco más atrás, no olvidemos que fueron 39 senadores quienes votaron por “la condena” para darle un supuesto manto de legalidad al golpe contra Fernando Lugo.

Resulta que hoy, quienes sistemáticamente violan la Constitución llaman a defenderla, obviamente por oportunismo político y no por principios. Resulta que hoy los golpistas del 2012, son quienes se autonombran demócratas.  Resulta que hoy, los que pactaron con el cartismo y conformaron el pacto azulgrana (partido Colorado, Liberales y Avanza País)- son quienes atacan con todas sus fuerzas al Frente Guazú. Resulta que hoy, muchos de los 39 senadores que destituyeron un gobierno democrático, nos dicen que 25 no pueden cambiar algunos artículos para llamar a un referéndum y que los y las votantes decidan.

Esto en un marco en el que los medios empresariales de comunicación se manifiestan como nunca antes como simples voceros de sus propietarios (los mismo que apoyaron a Cartes hasta no hace mucho), llegando algunos de ellos a ejercer un verdadero terrorismo mediático el día 31 de marzo. Al tiempo que algunos periodistas parecieran estar haciendo ya autocampaña electoral para el 2018.

Como si todo eso fuera poco y en el momento en que se necesita un análisis profundo de lo que nos está ocurriendo como sociedad, algunos referentes del progresismo terminan confundiendo la esencia con la apariencia de la realidad.

Como en varios otros momentos de la historia de este país, jóvenes, estudiantes y gente de diferentes sectores salieron a las calles, convencidas y convencidos que lo hacían para defender la democracia. Quienes impulsan esta campaña, tienen mucha claridad en utilizar las palabras que convocan y por eso la utilizan sistemáticamente, pero vaciándolas de contenido.

Me parece -y puedo estar equivocada- que lo que está por detrás de todo esto es el modelo de país para las próximas décadas. Se está bloqueando por todos los medios la posibilidad de una candidatura progresista con chance de ganar para que el pueblo paraguayo se vea obligado a votar por un colorado o un liberal, sabiendo que ambos van a ser neoliberales rabiosos, van a defender los intereses de la oligarquía nacional, van a seguir vendiendo el país y van a supeditarse a los dictados de la embajada de los Estados Unidos y -de paso- intentar instalar la alternancia bipartidista en el país –viejo sueño del Partido Liberal (PLRA) que por su propia incapacidad y oportunismo nunca lo logró).

Por ello molesta tanto la posibilidad de la candidatura de Fernando Lugo y por eso están haciendo todo lo posible por bloquearla.

La izquierda paraguaya -al menos sus dos expresiones más importantes- ha optado por dos caminos distintos. La aglutinada en el hoy Congreso Democrático del Pueblo por un proceso de lenta acumulación de fuerzas, la del Frente Guazú por el camino electoral. Si bien, ambas no son excluyentes sino todo lo contrario, juntas podrían dar el salto político que este país necesita. Sin embargo, diferentes elementos las fueron distanciando, a tal punto que en algunos momentos terminan confundiendo al enemigo y se atacan entre sí.

Lo cierto es que en esta coyuntura, los ataques se centran en el Frente Guazú, en la única opción electoral progresista con alguna posibilidad de ganar en el 2018, ciertamente no hay ninguna garantía pero al menos es una posibilidad para no ser devorados por la vorágine neoliberal. Sinceramente creo que la única.

Si no se aprueba la enmienda, el cartismo va a tener que encontrar otro títere, como Pedro Alliana, que va a disputar la interna con Mario Abdo Benítez (h), pero continúa en juego para el 2018. Quien quedan de hecho con escasísimas posibilidades de ocupar el sillón en el Palacio de López es Efraín Alegre o cualquier otro que tenga las mismas aspiraciones, ya que no tienen como competir con el nivel de popularidad y aceptación de Fernando Lugo.  Así, sin enmienda las candidaturas serían, por un lado el Partido Colorado (Asociación Nacional Republicana, ANR, su nombre oficial) y por otro el PLRA con la alianza que logre construir. Con enmienda, probablemente la disputa electoral real sea ANR y Frente Guasu, un proyecto claramente oligárquico y neoliberal, frente a otro de tiente progresista.

Creo que ese es el motivo de fondo. Creo que esa es la causa por la que los medios empresariales de comunicación y la dirigencia del PLRA instaron a un nuevo marzo paraguayo. Si bien, la policía cartista y su Ministro del Interior son los directos responsables de la violencia y del asesinato de un joven dirigente de PLRA, identificar a los autores morales es bastante más complejo. Intentar sacar rédito político de la muerte del joven Rodrigo Quintana, de cientos de detenidos y heridos es una terrible muestra de perversión y de falta de respeto a la vida misma, a la que como sociedad no podemos permitirnos llegar.

Siempre fui crítica a la figura y al gobierno de Lugo, nunca fui parte del Frente Guasu, creo que la principal debilidad en el país es la falta de una izquierda real que dispute en las coyunturas y se plantee la transformación del país a corto plazo, pero los últimos acontecimientos me tientan a creer que si la derecha empresarial tanto se opone a la enmienda, probablemente sea porque es lo mejor para el país.

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