La muerte de Allende relatada por García Márquez

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El golpe en Chile en el 73 y la truncada revolución, analizados por el nobel de literatura.

Gabriel García Márquez.

El golpe de Estado en Chile del 11 de septiembre de 1973 fue organizada por militares y carabineros chilenos, partidos de derecha, empresarios, así como planeada, organizada, solventada y asesorada por EEUU. La acción militar culminó con el bombardeo al Palacio de la Moneda y la muerte del presidente constitucional Salvador Allende, imponiéndose la dictadura militar de Augusto Pinochet.

En 1973, el premio nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez realizó un histórico artículo sobre la trágica muerte de Allende, con un interesante análisis sobre las razones de ese amargo final para el proceso democrático chileno. El mismo fue incluido en el libro recopilatorio “Las crónicas de García Márquez” :

La verdadera muerte de un Presidente

Por: Gabriel García Márquez

A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.

La última foto con vida de Salvador Allende, en el palacio de la Moneda.

La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.

La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.

Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.

El presidente chileno sin vida.Foto: Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio.

Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: “Traidor”, y lo hirió en la mano.

*Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumada y encuentros furtivos.

Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El cuerpo de Allende siendo sacado de su lugar de resistencia. Foto:Archivo AP.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

Fuente: Ciudad Seva.

* Observación: La muerte de Salvador Allende ha sido una larga discusión histórica, muerte en combate o suicidio. García Márquez se habla de la primera versión. Según un equipo internacional de forenses que presentó un estudio en julio de este año, Allende se suicidó en medio de las balas, los gases lacrimógenos y el incendio que consumía el palacio presidencial durante el golpe militar de 1973. El informe fue entregado a la prensa por el Servicio Médico Legal (SML), poniendo fin a 38 años de versiones diversas y contradictorias sobre su muerte.

El historiador español, especialista en Chile, Mario Amorós afirma respecto “a mi juicio es casi anecdótico saber si se suicidó o si lo mataron, ya que murió a consecuencia del Golpe de los militares que traicionaron su juramento de lealtad y su deber de obediencia al jefe de la República”, manifestó. Se mostró optimista sobre que el resultado de la autopsia sirva poner fina alas especulaciones y permita a la sociedad dedicarse a “conocer su ejemplar trayectoria política”.

Según el mismo, Allende “forma parte de lo mejor de la historia chilena y es patrimonio de todos los demócratas, sobre todo, de quienes entregan lo mejor de su vida a la lucha por la justicia social y la libertad”, afirmó el especialista español. “Su nombre, como el de Pablo Neruda o Víctor Jara, derrumban la cordillera de los Andes y une a Chile con todos los pueblos del mundo”.

El golpe de Estado acaecido en Chile el 11 de septiembre de 1973, fué una acción militar llevada a cabo por la Fuerzas Armadas y Carabineros, para derrocar al presidente socialista Salvador Allende y al gobierno izquierdista de la Unidad Popular. A ello le precedió, un período de alta polarización política y convulsión económica y social. Los militares contaron con el apoyo de la derecha política y también del Partido Demócrata Cristiano.

El golpe fue planeado por un sector de la Armada de Chile y los Estados Unidos.1 Posteriormente, se agregaron generales de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y de Carabineros. El comandante en jefe del ejército, general Augusto Pinochet asumió la dirección del complot. También hubo influencia de parte de varios grupos de poder nacionales e internacionales, entre los que destaca el presidente Nixon,2 3 4 su vice, Gerald Ford, George H. W. Bush y la CIA.5

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