La mítica Rana Verde cumple 31 años

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Eulo Garcia entrevistó al mitológico Gumercindo Galeano, y el resultado es esta brutal reseña histórica. Aquí “Gumer” en primera persona:

“La Rana Verde cumple un año más de vida, y ya son 31. Mucha gente me suele pedir que cuente la historia de cómo empezó, y con varios de los clientes siempre recordamos anécdotas de estas tres décadas de existencia. No vendría mal, entonces, hacer un breve recuento de estos años.

En 1986 yo tenía 30 años. Por aquel tiempo nos solíamos juntar con unos veinte amigos, aproximadamente, cada fin de semana, en diferentes lugares de la zona: hamburguesería Mc Pato, en la esquina del estadio; hamburguesería Wendy, que estaba en Carlos A. López y Díaz de Solís; hamburguesería Olaf, en Mayor Martínez casi Díaz de Solís.

Rana discos

Con el tiempo, nuestra barra se fue disgregando: unos se casaron, otros se mudaron. Quedamos prácticamente dos amigos de aquel grupo: Reinaldo Rojas y yo. Él se iba a “festejar” a Itauguá y yo lo hacía en Fdo. de la Mora. De regreso a nuestras casas, nos solíamos encontrar en la parrillada Ñandú, que estaba ubicada en Carlos A. López casi Colón, al lado de donde hoy es McDonalds. Allí, con Reinaldo empezamos a mencionar la idea de abrir un local en el que podamos juntarnos todos los amigos otra vez, cada vez que sea posible. “Una hamburguesería”, dijimos, y empezamos la búsqueda de dónde podríamos abrirla.

Conocíamos un baldío que estaba en la esquina de De la Conquista y Cap. Gwynn, en donde la gente del barrio se iba a tirar su basura. Hablamos con el dueño del terreno, que era un doctor con quien yo trabajaba, y le dijimos que queríamos abrir un negocio ahí, un boliche o una hamburguesería con lo que pudiéramos ganar dinero y así sobrevivir. “Hagan lo que quieran”, nos dijo el doctor, y empezamos entonces a trabajar en el lugar con Reinaldo.

Lo primero que hicimos fue la escalera de la esquina, la misma que hasta ahora recibe a los clientes todas las noches. La gente que pasaba por el lugar, los vecinos del barrio, nos preguntaban qué haríamos en ese lugar, y con Reinaldo respondíamos para reírnos: “Esta escalera es para que la gente pueda venir a dejar su basura con más comodidad”.

La Rana VerdeAquello fue por el mes de junio del 86. Después de hacer la escalera y limpiar de yuyos y escombros todo el patio baldío, levantamos lo que sería la cocina y la sala interna del bar. Hicimos las paredes con madera terciada revestidas con tacuaras, y el techo de eternit. Las tacuaras las traíamos de mi casa de Itauguá, en el Chevrolet que tenía nuestro amigo Lucas Recalde, y que nosotros le llamábamos “el Topolino”, porque era similar al autito que usaba Juan Carlos Calabró en su recordado programa “Calabromas”. Trabajamos durante unos seis meses, hasta que llegó la fecha de inauguración.

El 14 de noviembre de 1986 se inauguró finalmente la hamburguesería La Rana Verde. Invitamos a amigos y familiares. Alquilamos mesas y sillas individuales de madera para la inauguración. Vino mucha gente. La especialidad de la casa era la hamburguesa casera, todos los ingredientes los preparaba yo. Nuestro menú era el siguiente: Rana Simple (carne, tomate, lechuga), Rana Completa (carne, tomate, lechuga, jamón y queso), Rana Especial (carne, tomate, lechuga, jamón, queso y huevo) y Súper Rana (doble hamburguesa más lechuga, tomate, jamón, queso y huevo). La Simple costaba G. 250, la Completa G. 300, la Especial G. 400 y Súper Rana G. 450. La cerveza costaba G. 450, desde el primer momento fue Munich de litro, ya que era más fácil de conseguir. Mucha gente vino a la inauguración.

¿De dónde salió el nombre? Esta es una historia que creo que la conté muy pocas veces. Resulta que por aquellos años yo le llevaba a la esposa de mi patrón a unas sesiones de tratamiento para la columna. Era un consultorio que estaba sobre Gral. Díaz y Montevideo. Como sobre la calle Gral. Díaz no se podía estacionar, yo llevaba el auto sobre Montevideo, ahí buscaba una sombra y me quedaba a hacer tiempo a que la señora termine su sesión. Recuerdo que una vez estaba ahí leyendo una revista española que se llamaba Macho —nosotros ya estábamos trabajando con Reinaldo en el baldío que sería nuestro negocio—. La revista contaba historias policiales, de gánsteres y esas cosas. Una de esas historias trataba sobre un encuentro de gánsteres que se llevaba a cabo en una taberna de nombre “La Rana Verde”. Recuerdo que, al leer esto, ahí mismo agarré un papel y anoté: “Hoy, fecha tanto (no recuerdo la fecha), digo que nuestro negocio se va a llamar Hamburguesería La Rana Verde”. Doblé el papel y guardé. Si ahora encuentro esa anotación va a ser una reliquia, pero obviamente la perdí al poco tiempo, qué me iba a imaginar que La Rana iba a durar tanto.

Hacia finales del 86 aparecen por el local Lucho González y Ángel García, hasta ahora ellos no se ponen de acuerdo para dilucidar quién fue el primero en llegar a La Rana. Lo cierto es que llegaron gracias a que habían escuchado que se había abierto “una hamburguesería donde se vende cerveza de litro a precio accesible”.

Rana

Al año siguiente comienza a venir la promoción 87 del Cristo Rey, que vendría a ser la primera gran camada de clientes de La Rana que permanece hasta ahora. Su llegada a La Rana también tiene su historia. Según me contaron, ellos solían reunirse a farrear en una hamburguesería que se llamaba Charlotte, y que estaba ubicada cerca del colegio. En una ocasión tuvieron un altercado con el dueño y este les prohibió volver a pisar el local. Así quedaron medio huérfanos los muchachos. Como Ángel (que era promoción 85) era amigo de todos ellos, les dijo que él conocía un lugar en Sajonia en donde se podía tomar y escuchar rock argentino.

En esa época el rock argentino estaba fuerte, y acá nosotros pasábamos el mejor rock que se podía escuchar: AC/DC, Led Zeppelin, Pink Floyd, Deep Purple, Kim Crimson, Genesis, The Rolling Stones, The Beatles, Ian Anderson. El fuerte de nuestro local siempre fue que era un lugar para escuchar buen rock and roll.

También nosotros fuimos pioneros en pasar videoclips. Cuando eso tenía acá dos televisores de 24 pulgadas, uno adentro y otro afuera, y pasábamos VHS con videos de la MTV. El local también estaba decorado con banderas y pósteres que nadie tenía en la época. A mí me traían todo de EEUU y yo usaba para decorar el local. Rápidamente La Rana se hizo famosa en la noche asuncena por ser un lugar de rock. Al poco tiempo comenzaron a venir gente de las promociones 87 y 88 de los colegios San José, Inter, Monseñor Lasagna, y ya en los noventa también empezaron a caer por el local estudiantes de la Facultad de Filosofía. Todos los días prácticamente se llenaba el local. La gente hacía fila para entrar. Nuestro único secreto siempre fue pasar buen rock y cocinar comida rica. Recuerdo que una vez salió un comentario en Abc Color que decía que en La Rana Verde se comía “la mejor hamburguesa de Asunción”. Y era cierto.

En esa época yo vendía cinco cajas de cerveza por noche, de domingo a jueves. Los viernes salían 18 cajones, los sábados 10 cajones. Tanto era el éxito que después firmamos un contrato de exclusividad con Munich, y así pude construir la otra pieza e hice todo de ladrillo. También actualicé los equipos del local.

Nuestra característica siempre fue la buena música, el buen rock and roll. Otro tipo de música no aceptaban luego los perro. Después entró también la música brasilera, y de a poco se fue aceptando.

En aquellos primeros años de La Rana Verde nosotros ya desafiábamos a la dictadura. Existía el famoso Edicto N° 03, que obligaba a cerrar todos los locales nocturnos a la 1 am entre semana, y las 2 am los fines de semana. Al llegar esa hora, los muchachos en el bar apagaban las luces, se bajaban las persianas y se seguía bebiendo y escuchando música adentro del local. Nadie se quería ir.

Una anécdota que siempre recuerdo es la noche de Golpe del 2 y 3 de febrero de 1989. Había mucha gente en el local. Estábamos escuchando rock argentino en un equipo Phillips tres en uno (disco, radio, cassette) que tenía en esa época. Me acuerdo que aquella vez vino varias veces el papá de Ángel a llevarle a su hijo porque había escuchado que esa noche iba a haber un golpe de Estado. Nadie le creía. “Mba’e golpe pio oĩta!”, decían los perro. De pronto terminó de sonar un lado del cassette, y en ese momento se escucharon las ráfagas de ametralladoras, parecía que sonaban cerca de nosotros. Ahí la gente salió disparada. Unos se subieron al jeep de “Pollaco” (Luis Velilla) y arrancaron, otros se fueron corriendo, dejaron todas las mesas y las sillas afuera. Yo me quedé a meter todas las cosas adentro y después me fui a mi casa.

La Rana Verde siempre estuvo actualizada tanto en música como en tecnología. Acá pasamos por el vinilo, el cassete, los VHS, disco láser, video láser, mini disc, hasta llegar al DVD. El local sobrevivió a varias incursiones de los rateros, habrán entrado a robar al local al menos unas seis veces. Ahí yo perdí muchos materiales únicos, pero los clientes siempre cuidaron nuestro acervo. Acá nosotros nunca tuvimos problemas con nadie, ni con vecinos ni con la policía. Gracias a Dios, los clientes de La Rana siempre fueron personas con valores, todavía. Igual alguna vez hubo una que otra discusión, pero terminaba rápido, supendíamos la música y la venta de bebida un buen rato hasta que se calmaban los ánimos, y luego continuábamos.

Gumer 1Aunque también estaban los morosos. Una vez compré una pizarra y los clavos más grandes que encontré en la ferretería. Ahí puse como título Los Clavos de la Rana, y los nombres de los morosos con los clavos correspondientes. Algunos pagaron, otros no lo hicieron, entonces saqué la pizarra y colgué afuera del local, para que vea todo el mundo. Algunos hasta ahora no pagaron y hoy son grandes y exitosos empresarios, pero igual sirvió esa pizarra como correctivo.

El fútbol también fue un gran aglutinador de gente en La Rana. Cantidad de partidos de la Copa Libertadores vimos acá, cantidad de clásicos. Tal era la identificación del local con el fútbol que recuerdo una vez que alguien comentó en la radio: “después del clásico, ir a juntarse a La Rana Verde es otro clásico”.

Y hablando de clásicos, durante una época uno de ellos eran los “lunes gastronómicos de La Rana”, eso mantuvimos mucho tiempo. Los perro hacían paella, asado, pescado, bichos silvestres, pato gourmet. Eran famosos los cortes de costilla cuadrada que traía Tato. Odón Frutos empezó a traer el enrollado de cerdo condimentado. Llegó un tiempo en que todos los días se cocinaba en La Rana. Ángel García, Marcelo Araya y Odón Frutos eran los grandes chefs. Y por supuesto, yo me hice famoso por ser “el Gurú de La Rana y su famoso picante”.

Por supuesto que me va a ser imposible recordar y mencionar a toda la gente que pasó por La Rana Verde en estos 31 años, pero voy a mencionar a dos personajes que resultaron ser clientes emblemáticos. Una vez vino al local un muchacho de Capiatá que sabía tanto de música que los perro le pusieron “el pequeño Larousse del rock and roll”. Impresionante era el conocimiento que tenía ese tipo. Sabía todo de todo lo que sonaba. Otro que venía mucho a La Rana era el gran guitarrista Cachito Verdeccia. Me acuerdo de él porque siempre que venía pedía poner el VHS de Van Halen, y cuando se ponía ese video él enloquecía y decía: “Algún día quiero tocar la guitarra como Eddie Van Halen”.

Hay demasiadas muchas anécdotas en la historia de La Rana Verde. Alguna vez deberíamos juntarlas todas en un libro. De momento seguimos acá. La Rana no piensa parar con su histórico croar insomne de la famosa esquina de De La Conquista y Capitán Gwynn. Creo que todavía estamos en forma para acumular otros treinta años más”.

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