La lucha por una Democracia Obrera

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Por Vicente Páez*

“El Estado socialista existe ya potencialmente en las instituciones de vida social características de la clase obrera explotada. Relacionar esos institutos entre ellos, coordinarlos y subordinarlos en una jerarquía de competencias y de poderes, concentrarlos intensamente, aun respetando las necesarias autonomías y articulaciones, significa crear ya desde ahora una verdadera y propia democracia obrera en contraposición eficiente y activa con el Estado burgués, preparada ya desde ahora para sustituir al Estado burgués en todas sus funciones esenciales de gestión y de dominio del patrimonio nacional”.

A estas líneas gráficas expuestas por Antonio Gramsci para describir la realidad de la interacción de la clase trabajadora se añaden las consignas: “Todo el poder de la fábrica a los comités de fábrica”, coordinada con esta otra: “Todo el poder del Estado a los consejos obreros y campesinos”.

Introducción

Paraguay es el mayor exportador de energía eléctrica, pues es dueño, junto con Brasil, de Itaipú Binacional, una de las mayores represas hidroeléctrica del mundo. Además, junto con Argentina, posee Yacyretá, otra mega usina. Sin embargo, debido a la traición de los gobiernos paraguayos,

como el dictador Alfredo Stroessner, y los sucesivos gobiernos, no se pueden acceder a mejores condiciones para que la energía sea el motor de desarrollo del país. En vez de utilizar la electricidad para montar importantes polos fabriles, se entrega la energía a Brasil y Argentina, y Paraguay es relegado.

Aproximación general

Paraguay en el orden impuesto por las potencias imperialistas tiene asignada preferentemente la producción de bienes primarios, con bajísimos niveles de procesamiento o industrialización. En este contexto, la alta concentración de tierras –el gran latifundio– es una de las herramientas para que las corporaciones transnacionales y sus asociados locales puedan ejecutar esta tarea.

La expulsión de los trabajadores y las trabajadoras rurales de sus tierras y la negación al acceso a ella son pilares fundamentales en este escenario.

Esto en el ámbito rural. La Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (MCNOC), y la Federación Nacional Campesina (FNC), entre otras, son estandartes en términos de lucha frente al latifundio.

El 88% de las tierras productivas en Paraguay, las más fértiles de América del Sur, está en manos del 3% de la población del país. Población, por supuesto, más opulenta, y que en muchos casos responde a las corporaciones transnacionales.

La tierra es el principal medio de producción pues éste es un país eminentemente agrícola, y preferentemente agroexportador de materias primas, como soja, algodón, carne, trigo, maíz y también marihuana.

En el país vivimos unas 7 millones de personas, en 406.000 kilómetros cuadrados. Un territorio mayor que el de España, que Italia y Alemania. Un poco menor a Francia. Sin embargo, es una de las naciones con mayor inequidad en la distribución de la tierra. Unas 350.000 familias de

trabajadores rurales no tienen tierras.

En el área urbana, la situación se registra en términos similares. Un bajo componente fabril en la producción y predominio de elaboración de materiales accesorios o periféricos es la característica. En este marco, el derecho a la organización sindical es uno de los más vulnerados, bajo el arbitrio de la clase dominante y su burocracia estatal. La alta tasa de la economía informal, y el número de sus trabajadores integrantes, es otro componente clave en este cuadro.

Desarrollo

La tasa de trabajadores sindicalizados en el país llegó a 3,37% en el 2013, dentro del total de ocupados. Esta proporción llega a 5,85% en el Departamento Central ya que el mismo tiene una alta concentración de pequeñas unidades de producción.

Allí se dan la fabricación de productos de plásticos y caucho, maquinarias y equipos eléctricos, fabricación de sustancias y productos químicos, elaboración de bebidas, cuero y productos conexos,

fabricación de muebles, textil y confecciones, fabricación de productos farmacéuticos, sustancias químicas medicinales y productos botánicos, encabezan la nómina de sectores con mayor ocupación de mano de obra en el segmento fabril en el undécimo departamento.

Esto abre todo un desafiante escenario para la construcción de organizaciones obreras. La tarea de montar instrumentos de lucha de los trabajadores y las trabajadoras tiene un territorio fértil, ante la

perentoria necesidad de organización y la alta proporción de sectores que carecen de ella.

Existen casos de recuperación de fábricas, como el caso de Cerámica Itauguá, que sobrevivieron a través de la gestión obrera. Otras dieron dura pelea contra la barbarie privatista, como el caso de los integrantes del Sindicato de Trabajadores de Acepar. En ambos casos, se tienen experiencias favorables de estructuras obreras tanto para la gestión como para la generación de recursos para los trabajadores y las trabajadoras.

La articulación de estructuras sean fabriles, barriales, estudiantiles, así como de los propios asentamientos territoriales es el camino pendiente en la construcción del poder obrero.

La experiencia del movimiento campesino, con décadas de resistencia, avances y retrocesos por la transformación de la realidad del país es un elemento fundamental. La adopción de este camino puede facilitar la construcción, fortalecimiento y profundización de las organizaciones obreras urbanas.

Durante las últimas décadas se fueron generando luchas a diversas escalas. Algunas de ellas tuvieron suceso en sus segmentos específicos. Los asentamientos urbanos, por ejemplo, lograron el acceso a tierras y algunos incluso la formalización de tales inmuebles en su favor. Las luchas de

sectores obreros dispersos, en tanto, tuvieron tintes de resistencia, con excepciones de algunas conquistas logradas, mostrando debilidad en su articulación.

Es por ello que la construcción de las herramientas de los trabajadores urbanos aún precisa de mayor impulso y mayor acumulación de fuerzas, tal como lo demostró el gran triunfo anti privatista del 2002, con la alianza del movimiento obrero y campesino.

Luchas de los sectores como los de la educación, transporte, salud, así como portuarios, y casos puntuales de gremios de fábricas, mostraron que se requiere de estructuras superiores y superadoras que apuntalen la instalación de ese otro Estado, el proletario. La inserción de los cuadros

en las unidades de producción y la formación de los consejos de fábrica, las comisiones barriales, los equipos estudiantiles, entre otros, debe ser una de las sendas para aproximarnos a este nuevo escenario.

La “primavera” estudiantil, sea universitaria como secundaria, también son signos alentadores en la construcción del poder popular.

La agudización de la crisis y agotamiento del sistema capitalista en su fase imperialista debe ser aprovechado para incentivar la irrupción de la clase trabajadora organizada como motor de la transformación política, por ende social y económica de la República.

Conclusión

La ausencia de un Estado que, al menos en parte, arbitre cierta legalidad hacia los trabajadores y las trabajadoras abrió las puertas para que seamos los propios obreros quienes desarrollemos formas de organización para frenar los ignominiosos niveles de explotación. La profundización de este cuadro, nos mueve a que cumplamos con la tarea de masificación de nuestras organizaciones, que pasen de la tarea reivindicativa hacia la adopción de una línea de disputa del poder de las fábricas, muchas de ellas gerenciadas ya por los propios trabajadores y trabajadoras, pero aún a favor del capital.

En la medida en que consolidemos la impostergable necesidad de ir desatando las cadenas, organización obrera-campesina y popular mediante, iremos avanzando inexorablemente hacia la misión que nos legaran Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin y el mismo Antonio Gramsci. En palabras de éste último, esa misión consiste en: “la instauración de un nuevo Estado, típicamente proletario, en el cual confluyan las experiencias institucionales de la clase obrera, en el cual la vida social de la clase obrera y campesina se convierta en sistema general y fuertemente organizado”.

Existen las condiciones para lograrlo. Con activa solidaridad internacional mediante. Y hacia allí debemos caminar, para reflotar la construcción de lo que en América fue la primera revolución popular tras el proceso independentista del siglo XIX. A seguir esa senda.

Oñondive mba´apohára kuera jajapota.

02 de agosto de 2016

* Artículo escrito por el “Comandante” Vicente Páez, el cual resume sus principales ideas respecto al proceso revolucionario del Paraguay, la situación organizativa de la clase obrera, y sobre los caminos considerados los más idóneos por él, y a los que siempre se apegó en una práctica incansable por conquistar los derechos de las y los trabajadores, y por una nueva sociedad sin oprimidos ni opresores.

En medio de su lucha contra la enfermedad que lo aquejaba, asistió a la mayoría de los encuentros del Seminario sobre el Pensamiento de Antonio Gramsci, realizado el a comienzos del año 2016, compartiendo y debatiendo con firmeza, humor y camaradería, expresando siempre la crítica implacable a los opresores al tiempo que un optimismo inclaudicable.

Compartió este espacio junto con militantes de diversos sectores, para todos y todas quienes participamos junto a él, ha sido un honor. ¡Hasta la Victoria Siempre, Vicente!

José Carlos Lezcano

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