La lista de periodistas y un ejercicio de equilibrio

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Por Magalí Casartelli

Sobre la lista de periodistas que, supuestamente, reciben dinero del Departamento Técnico Aduanero de Vigilancia Especializada (Detave). Ayer, cuando me saltó la info en un posteo de Facebook, mi respuesta inmediata fue la visceral de quien se indigna y, como señora de barrio, expresa: mirá un poco fulanoooo.

Hoy me revisé y también revisé mejor los hechos, los periodísticos, porque del acto de corrupción no hay nada más que una vulgar listita en papel de agenda, según leí.

Un listado de nombres en una agenda no es prueba suficiente para determinar en qué estaba metida exactamente esa gente y expreso esto aclarando también que, personalmente, tengo una imagen pésima de algunas personas que aparecen ahí. Considero que, como periodistas, el desempeño de un par de ellos es mediocre y vil.

Tal vez estén metidos en algo turbio, tal vez no, pero una lista en una agenda no es la que va a determinar nada. En todo caso, es apenas un primerísimo documento de duda, no da para publicar ni afirmar nada y debería llevar, más bien, a un interés por un proceso de investigación para desenmascarar estos asuntos. Todo esto me recordó a los cuadernos que se usaron de prueba en Curuguaty, que tenían un listado de nombres. Fueron presentados por la Fiscalía como prueba para determinar la culpa de los campesinos en algo que les robó seis años de su vida y mucho más.

No creo que con esto se le esté dando su merecido a nadie, como exponen muchos que, como yo, están hartos del manejo arbitrario, mediocre e impune que tienen muchos periodistas –especialmente una que aparece en la lista-. Pese a todo el repudio que sintamos por su modo de hacer periodismo, su nombre no es el único que aparece y, aunque así fuera, es una lista en un papel de agenda… Con lo jodida que es esa persona hay mucha más tela de la que tirar, me parece, para mandarla al frente, ¿existe algún colega que se anime a acopiar pruebas reales, de peso y mostrarlas?

Con esas maneras de juzgar, todos estamos expuestos. Un accidente de auto, una estafa, una injuria… podemos vernos envueltos en situaciones donde, seamos responsables o no -peor si somos inocentes-, un papelito tekaka se puede usar de prueba para jodernos la vida. Es lo que pasó con la gente de Curuguaty (y con muchos otros casos más).

En general no me quiero meter en las redes sociales a opinar sobre estos temas, una cuestión que me propuse concientemente hace tiempo. Pero en este caso concreto me reporto porque creo que es importante hacer este ejercicio de equilibrio cuando no se trata de mi «kapé».

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