Jerusalén, un territorio de disputas

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Por Dani González

El Estado de Israel se funda el 14 de mayo de 1948, a las 10:30 de la mañana, y siempre, desde antes y desde después, esta tierra ha estado en disputa…

Los judíos echan mano a la historia bíblica y afirma que ese lugar geográfico es la antiquísima tierra prometida que Yahvé entregó a su pueblo elegido, liderado por Moisés, tras huir de la esclavitud a la que estaban sometidos en Egipto.

Más tarde, nace David, vence a Goliat y se hace Rey de los israelitas. Conquista la fortaleza de Jebusea, situada en el monte Sion, y esta recibe un nuevo nombre, Jerusalén.

El Rey David tiene a su hijo Salomón el sabio, y unos siglos más tarde llega el Rey judío, Herodes, a esta tierra prometida, que a estas alturas del tiempo es dominada por el Imperio Romano.

Nace y muere Jesús en Jerusalén e inmediatamente, en el año 33 (dC), inicia el cristianismo, que es perseguido por las autoridades judías, ya que hasta hoy día, los elegidos por Dios, no reconocen a Jesús como el Mesías prometido ni mucho menos como hijo del Dios Padre.

Encontrándose en peligro en Jerusalén los once discípulos de Jesús, Dios Padre les otorga el Don de Lenguas en la noche de pentecostés, y, “aplicando” este nuevo Don, se dirigen a diferentes puntos de la tierra conocida hasta ese entonces. Unos van a Grecia y el cristianismo se torna “católico”, otros toman uno de los caminos que conducen a Roma y llegan al centro del Imperio que abarcaba ya Europa, Oriente Próximo y el norte de África.

Por las sucesivas guerras de conquistas y reconquistas, los judíos inician una “diáspora” dispersándose por el mundo, abandonando uno tras otros, la Tierra Prometida. El último en salir no apago la luz.

Unos siglos más tarde, en los últimos años de la edad antigua, el Emperador de Roma, Constantino, ve la luz y decreta que es el Cristianismo Católico la Religión que todo romano de bien (y todos los pueblos sometidos al Imperio) deben seguir, dejando cesantes así a los paganos dioses Sol, Marte, Venus y a toda la multitud de deidades que poblaban el imaginario colectivo del romano antiguo.

Inicia así la Edad Media (para algunos, el Oscurantismo). El Cristianismo Católico apostólico y romano monopoliza las audiencias de los emperadores con Dios. Y Así crece, se hace fuerte y rige al Imperio, hasta su caída y división, iluminando siempre con la antorcha de la fe, el nuevo orden político de Europa y sus alrededores.

El supra fortalecido Cristianismo en Europa considera que Jerusalén, tierra natal de Jesús, no debería de estar en manos de infieles musulmanes, y creyéndose con el derecho moral de conquistar Jerusalén para la cristiana Europa, pintan cruces en sus escudos y vestimentas e inician las cruzadas, una guerra santa. Saltan al escenario personajes de leyenda como Merlín, El Rey Arturo y Robín Hood.

Por su lado, los musulmanes invaden Europa, conquistando primero parte de la península ibérica. Los europeos, mientras intentan conquistar Jerusalén, a la par se esfuerzan, durante 8 siglos para expulsar definitivamente a los moros de sus tierras, objetivo que es logrado en los tiempos que Colon descubre, conquista y coloniza América para la corona española.

Con los europeos en América llegamos a la Edad Moderna. Surgen, además de España y Portugal, otras potencias, como Inglaterra, Francia y Holanda. Con banderas piratas (o patente de corso) las nuevas potencias se autoregulan, neutralizan y dan un nuevo orden en el tablero de la política internacional. Franceses e ingleses se fortalecen debilitando a portugueses y españoles. Las colonias de América se independizan. Ingleses y franceses conquistan y colonizan otras tierras del planeta, gracias al dominio de la revolución industrial.

Por este entonces, Siglo XIX, la tierra que Yahvé (o Jehová) prometió a su pueblo elegido era conocida con el nombre de Palestina, que ahora estaba administrada por el imperio Turco otomano. Estaban en el foco de la atención los Maestros de la Sospecha, Marx, Nietzsche y Freud y haciendo calentamiento para entrar en escena estaba Albert Einstein.

Surge el movimiento Sionista, que, ante la creciente persecución “PolítiReligRacial” que sufren los Judíos dispersos por Europa, manifiestan su intención de volver a la Tierra Prometida, hoy Palestina. Y así, de apoco y de manera constante, van desembarcando judíos a estas tierras. Primero comprando parcelitas y luego mayores dimensiones de suelo palestino.

Llega y concluye la primera guerra mundial, cae el imperio turco otomano y Palestina esta “soltera” (pero con muchos pretendientes dispuesto a morir por ella). Entonces la Liga de Naciones encomienda a Inglaterra, la mayor potencia mundial de aquel tiempo, la tutoría de la codiciada Palestina. Pero las diferencias van en aumento y los ingleses hacen promesas contradictorias tanto a árabes como a judíos. Ambos se amenazan con ponerse bombas.

Llega la segunda guerra mundial, el eje del mal persigue a cara descubierta a los judíos, y se da uno de los mayores genocidios de la historia civilizada. Los ingleses, agotados luego de vencer a duras a penas a los Nazis, y ocupados en reconstruir su isla bombardeada, delegan el problema de la administración Palestina a la recientemente creada NACIONES UNIDAS, y en 1947, esta, en una decisión muy resistida por los protagonistas del conflicto, determinan partir por la mitad a la disputada Palestina: una parte para los judíos y otra para los Árabes.

Estos últimos se sintieron, lógicamente, usurpados, y sin perder tiempo, la Liga Árabes, integrada por milicias del Líbano, Siria, Irak, Jordania y Egipto atacan a los judíos para expulsarlos de sus tierras. Los judíos resisten y enfrentan a sus atacantes y los vencen, y además, se apropian de más terrenos de los que les había determinado las NACIONES UNIDAS, cosa que pone “más pichados” a los árabes.

Al momento de la partición de Palestina decretada por las Naciones Unidas en aquel 1947, en su resolución 181 establecía que “La ciudad de Jerusalén se establecerá como un “corpus separatum” bajo un régimen internacional especial y será administrada por las Naciones Unidas».

Pero ninguno de los beligerantes respeto esta resolución, y continuaron con sus tiroteos y bombardeos, hasta que en una pausa que por fin logró imponer las Naciones Unidas, al disiparse los humos de la batalla, Jerusalén se mostró dividida, una mitad los administraba la sangrante Jordania y la otra, el extenuado Estado de Israel, y a la velocidad de un suspiro, los Judíos declaran que la Jerusalén tomada era la nueva Capital del Estado de Israel.

Pero en la confusión de los combates que se sucedieron después, en 1967, los judíos logran hacerse con la otra parte de Jerusalén, la que estaba administrada por Jordania, declarándola en 1980 “su capital eterna e indivisible”.

Ante este hecho, unilateral de los Judíos, las Naciones Unidas aconseja a sus estados miembros trasladar sus embajadas a Tel Aviv, ya que Jerusalén es un territorio en disputa.

Pero en 1995, los Estados Unidos, tocándoles las orejas a los árabes, considera que las cosas están ya muy claras, y que Jerusalén es la capital del Estado de Israel y que ellos van a mudar su embajada de Tel Avid a la “capital eterna e indivisible”. Obviamente, los árabes no le ven la gracia al chiste de los norteamericanos, y las hostilidades aumentan. Estados Unidos no movió su embajada.

Y bueno, en este tren de conflictos irresueltos, una medida simbólica para levantar el brazo de vencedor a los judíos y bajar el pulgar a los árabes es trasladar las embajadas a Jerusalén, pasando por alto el consejo de las Naciones Unidas y la opinión que de ello puedan tener los árabes.

Y ahora… ¿Qué opinas del traslado de la Embajada de Paraguay a Jerusalen?

(si llegaste hasta aqui, tenes que opinar)

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