Gustavo Beckelmann, un Puente sin Riberas

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Por Miguel Ángel Fernández

 

“Yo concibo las cosas más bien desde aqui”, me había dicho en una ocasión Gustavo Beckelmann, señalando su estómago, en respuesta a una pregunta sobre la posible intención simbólica de algunas de sus esculturas. Si bien ese gesto valorizador del componente expresivo de sus obras no anula su dimensión simbólica ―sino, por el contrario, la potencia―, habla claramente de la radicalidad de un trabajo creador que no se aviene con las banalidades de moda.

Y en nuestra circunstancia, cuando la racionalidad no es suficiente para tomar cuenta de realidades que rebasan lo concebible en términos de projimidad y sentido de justicia, el arte hace posible la expresión que define y expresa nuestra desgarrada condición humana.

Un artista radical

Gustavo Beckelmann no es un recién llegado al escenario cultural de nuestro país. No es tampoco un artista asistido por el glamour del éxito fácil y pasajero.

No es muy frecuente que en nuestro tiempo los artistas asuman la función estética en su radical sentido social y tampoco se da ello en el ejercicio de la crítica, con lo cual se reduce o invisibiliza la presencia del arte en la vida colectiva.

Lo que pudo parecer ―aunque no fuera así― delectación subjetiva y gratuita deformación de la figura en sus obras de más fuerte carga expresiva, hoy adquiere una dimensión sobrecogedora de la condición humana y, en el orden estético, la expresión de un sentido que se expande en la búsqueda del destino humano más allá de su dignidad humillada y ofendida.

17 Gustavo Beckelmann Puente sin riveras Escultura en bronce UIP 2013 Portal Guarani

El conjunto figurativo títulado “Puente sin riberas” arranca de experiencias muy anteriores de escultura en bronce a la cera perdida que ya le habían dado al artista un lugar prominente en nuestro arte. Obras, aquellas, en donde se hacían visibles no sólo la dimensión trágica de realidad sino también, en alguna medida, de la superrealidad de la vida humana.

Dimensión social del arte

No es casual que se dé en su obra esta recuperación estética y una decisiva apertura a la dimensión social. En realidad, se trata de un proceso firme y coherente que afirma no sólo un concepto de forma sino sobre todo un sentido de responsabilidad solidaria a través del arte.

Quien haya visitado el taller de Gustavo Beckelmann sabe, por lo demás, que estamos en presencia de un trabajador de la cultura que se asume plenamente en su condición, lejos del divertimento gratuito e irresponsable.

“Puente sin riberas”, nos remite a esa larga lucha por la liberación y la justicia en la que tantos hombres, a lo largo de la historia, han sido sometidos a los más atroces sufrimientos. El horizonte utópico sustenta ese afán, en la certeza de que lo que hoy no tiene lugar un día será posible.

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In : Cultura