Festival Amarillito, solidaridad en Casa Karakú

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Este viernes 8 de junio, a partir de las 20, tendrá lugar “el festival solidario de musica, danza, teatro, eré eréa, en Casa Karaku, Montevideo 1025, en beneficio de la amiga y compañera Claudia Miranda”, comentaron los organizadores.

Con entradas a 20 mil guaraníes, el evento tendrá un nutrido programa de artistas a saber: Envidiametenés; Las conchas sin mar; Noelia Quintana; Jorge Sandoval y Aaron Zorrilla; Hugo Flecha; Luis Dante Zorrilla; Amatista; Flor Cumbiera; Sergio Peña; Jazmín Rodríguez; Bochin Teatro Clown y Ulises Silva.

La cantina promete que habrá tragos, cerveza, mbeju y pizzas.

Aquí una semblanza de la homenajeada de autoría de Julio Benegas Vidallet, ilustrada con una imagen de Dani González:

Claudia es Violeta y es Emiliano

Jajotopa ko viernes pyhare. Les dejo una pequeña semblanza de Claudia Miranda que la escribí cuatro o cino años atrás.

A los seis años, al llegar a Encarnación con su familia, vio encima del ropero una guitarra. Se conmocionó. “Estaba loca por la guitarra”. A hurtadillas la bajaría cada vez que no existieran moros en la costa. “Mi padrastro me pegaba por todo. Le tenía un miedo atroz”, asume. La madre la metió en la escuela municipal. Ahí aprendió volando a tocar las cuerdas. Las tocaba tan rápido que las tareas del profesor le parecían muy aburridas. “Jugaba a quién tocaba más rápido la guitarra con los alumnos del quinto curso”. En ese tiempo, una rabia profunda la amasaba a fuego lento, pero sería todavía en Encarnación su primera presentación en sociedad con la guitarra. En el cuarto grado. Le pidió la profesora de flauta. Ella contestó: “claro, por qué no”. Tocó frente a sus compañeritos El hombre del norte y otros temas “melosos que mejor no recordar”.

Claudia Miranda habría nacido en IPS Central, barrio Trinidad, Asunción. “Son cosas de las que mi madre no hablaba mucho. Eramos seis, imaginate. Estaba más urgida por la manutención y las travesuras. En que comiéramos y desapareciéramos”.

34612958_1731689666921455_5323146066814566400_nYa de regreso a Asunción, la relación con el padrastro adquiere un ropaje más denso. “Hay cosas que nadie puede permitirse” . A los 13 determinó que era mejor el desamparo que la enajenación. En ese tiempo, en 1993, el mundo explotaba por todos lados. Alrededor de cien mil personas al año, según el sociólogo Tomás Palau, salían desahuciadas del campo y se hacinaban en las ciudades.

En un mundo que explotaba por todos lados, Claudia Miranda corrió de la casa. Conoció el afuera, a los “otros”, en las plazas, las casas abandonadas. A comer mal y a sobrevivir en el desamparo con otras chicas que probablemente hayan sentido la insoportable levedad del ser en su materialidad concreta. Canta poco y ejecuta casi nada la guitarra. “De repente se cruzaban amigos con guitarra y le hacíamos, nada más”. En la calle sucedieron muchas cosas. En la calle aprendió a defenderse de los “hombres con la bragueta abierta” que no pueden ver a mujeres “desamparadas”. En las calles conoció el mundo de las drogas, “la delincuencia”. “Me asusté mucho cuando mis amigas empezaron a caer presas. Creo que en ese momento decidí salirme de la calle”.

Violeta Parra

Un amigo metalero la presentó “oficialmente” a los 16 años. Le dijo que tenía discos de dos mujeres con las que ella podría sentirse representada: Violeta Parra y Teresa Parodi. “Quedé enamorada de Violeta. Mi dios…”. Tenía razón aquel amigo metalero. Claudia tiene algo de Violeta que solo pueden engendrar las mujeres que han vivido situaciones límites y que en el recrearse son capaces de dar la vida en cada intento.

“Me pasaba cantando temas de Violeta”. No en vano su tema favorito es Maldigo del alto cielo. Se le metió en el cuajo, pero nunca pudo sacar el tema ella sola. “Hay temas que me salen solita y otras que necesito que me muestren. Así es la vida, ¿no?” Ahora, para el encuentro de este viernes, se sacará la espina. Ensaya el tema con Hugo Flecha.

Camino se hace al andar

A los 17 se encontró con un belga. Intentaron un nidito propio en Limpio. Dos años más tarde, de esa relación vendría Yenny. El belga se esfumó. “Andábamos tan fumados, che Dios”, recuerda. Ríe. Su hija la escucha con atención. Parece ya no sentirse el calor de 40 grados en ese departamento de Sajonia, cerca del estadio. No hubo pensión en todo este tiempo desde Bélgica. “Batalla memete la ore vida mi”.

Luego del belga se juntó con Félix Colmán, “culpable” de sus inicios en el teatro. “Vino un día a preguntar si yo tocaba la flauta. Le contesté que sí. Y él me dijo: “hay un toque, pagan…”.

-Jahakatu.

Se encontró con el núcleo juvenil de teatro, comandado entonces por Blas Alcaraz. Empezó a changar en los shopping. “Odiaba los shopping. Me parecían una chetada inaguantable, pero debíamos comer”. En esas changas tocaba tambores, flauta, “de todo un poco”.

Ella reconoce un ascenso importante en las técnicas teatrales en el taller de dos meses, que de 8 a 4, tomó en la Alianza Francesa. Un taller de clown. Al salir de ahí llovieron las propuestas laborales, comenta.

Pero con Félix también hicieron un dúo, especialmente para trabajar en los colectivos. Con él, Claudia reconoce haber aprendido a hablar guaraní y a tocar temas en guaraní. “Yo no hablaba ni jota guaraní. En casa casi estaba prohibido”.

  • Cuál es tu tema preferido en guaraní.

Tetaguã sapucái. Me cuesta sacar en guitarra, pero es la que más me gusta. Y tararea: “Pyhare ku ijapyra’ỹva/aretéma niko oiko/ñane retâmíme oñua/ ha pytû guýpe oguereko”.

  • Lidia Mariana (Quemil Yambay) te sale muy lindo.

Sí. Pero del repertorio mío el tema que más me gusta es La cautiva (Emiliano R. Fernández). Por eso de “Ha kuña ipy’a hatava mborayjhu oikuaase’yva/ che korasöme oñotyva kyseichagua mboraihu”

No en vano le gusta este tema y Maldigo del alto cielo. Hay que escuchar a Claudia. Hay mundos que se quiebran y anudan en el fuego, en el asfalto, en el día a día. En la batalla. Un mundo que crea desde el hollín y las vísceras. Es arte popular.

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