Feminismo de clase, la lucha contra la desigualdad social

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Celeste Houdin Gómez reflexiona sobre el feminismo de clase y lo ubica como punto de partida de la desigualdad que genera este sistema capitalista/patriarcal; explotación que afecta a hombres y mujeres, pero toma una materialidad específica para con las mujeres pobres.

Por Cinthia López

Las desigualdades se ven más acentuadas en las mujeres pobres, que viven en los bañados, campesinas, indígenas, afrodescendientes, migrantes, con opciones sexuales que no cumplen con los patrones hegemónicos. El feminismo de clase asume como base las diferencias de clase social que golpean y maltratan a las mujeres, nos comenta Celeste Houdin Gómez, trabajadora social, investigadora y docente de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora que se recuerda este jueves 8 de marzo.

Comienza apuntando: “Siendo ésta la base sobre la cual se configura el feminismo de clase, la lucha por la igualdad es una lucha por una sociedad distinta, sin clases sociales, es decir, por una sociedad donde la emancipación económica, política, social, cultural, sea el horizonte trazado y el punto de llegada para las mujeres de aquí y del mundo entero. En este proceso de transformación y rupturas, desatinos, de luchas y resistencias, es indispensable no perder la brújula e identificar claramente quién es el enemigo real en este sistema. Ciertamente no es posible dejar de mencionar que el capitalismo encontró en el patriarcado una alianza perfecta, acentuando privilegios para los hombres y forzando a las mujeres a permanecer sometidas a este régimen. Por ello cuando hablamos de violencia contra las mujeres -en todas sus formas y expresiones- debemos ubicarla en esta relación simbiótica”.

Celeste Houdin

Houdin recuerda el texto de Federico Engels “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado”, en el cual se reconocía que el hombre asumía poderes absolutos en la familia, e incluso se le otorgaba permiso para matar a su mujer, ejerciendo los derechos que buscaban asegurar su paternidad sobre la descendencia. La docente e investigadora explica que la violencia contra las mujeres adquiere ribetes políticos, económicos, sociales y culturales que se conjugan en la sujeción de las mujeres, como una mercancía, un objeto más de reproducción biológica y de servidumbre, bajo el dominio patriarcal.

Para Celeste, alcanzar la emancipación de las mujeres implica también la de los hombres. Recuerda las palabras de Alexandra Kollontai, quien fuera la primera mujer en el mundo en asumir un cargo político como Ministra de Educación: “Kollontai comprendía que las mujeres podrían ser verdaderamente libres e iguales en el mundo, solo cuando éste pudiera estar organizado mediante nuevas formas sociales de producción”.

Haciendo un poco de historia, mujeres como, Flora Tristán, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alejandra Kollontain, Nadia Krupskaya, marcaron un hito en el feminismo de clase por su posición clara frente al sistema de explotación y dominación predominante en la sociedad, señala.

Celeste Houdin recuerda que las mujeres trabajadoras, como decía Kollontai, ven a sus compañeros esclavizados por las mismas cadenas del capitalismo. No se trata solo de una puja de poder, se trata además de socializar el poder, las luchas, las reivindicaciones colectivas y echar por tierra los privilegios que han hecho y siguen haciendo mucho daño en la sociedad y en la misma humanidad.

Por ello, enfatiza la importancia histórica de la participación de las mujeres socialistas en el proceso de la Revolución Bolchevique (1917). Ellas lograron conquistar no sólo un espacio político, sino además fueron las impulsoras de nuevas ideas de sociedad, de relaciones y ejercieron un poder real, elaborando y ejecutando programas de formación política, cultural, científica y técnica para las mujeres; procesos de organización política con incidencia en la toma de decisiones, tanto en los espacios públicos, como en el ámbito privado, y sobre todo en la participación efectiva de mujeres en los partidos políticos.

Desde este feminismo de clase se reconoce que el trabajo con las y los demás, la condición humana creativa, transformadora, la organización, son fundamentales para el proceso de toma de conciencia que puede permitir avanzar hacia una sociedad diferente.

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