“En el campo hay hambre y posibilidad de hambruna”

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Redacción E’a

El modelo del agronegocio liquida al campesinado como actor indispensable de la agricultura familiar campesina y de la economía nacional. Ya no existen ni seguridad ni soberanía alimentaria. Hay hambre en el campo, suben los precios de los productos agrícolas porque la producción ya no abastece y hay que importarlos. Cada vez se hace más cierta la posibilidad de una hambruna.

Según el ingeniero agrónomo, ecólogo y ex presidente del SENAVE (Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas), Miguel Lovera, la crisis en el campo comenzó a agravarse desde 1989, con la desarticulación de las campañas algodoneras y del algodón como eje de la producción para la exportación. Con la desaparición paulatina del rubro algodón, se inició el desembarco del agronegocio capitalista contemporáneo.

“El campesino cumplía un rol y le mantenían por su centralidad en el proceso productivo. Sin campesino no había algodón de buena calidad y bien cotizado. Este sistema explotaba al campesino pero lo mantenía con mayor holgura, no tan apretado; siempre tenía crédito para volver a iniciar el ciclo, nunca cobraba el valor real de su producción pero le garantizaban crédito para la producción y para el consumo”, explica Lovera en conversación con E’a.

“Cuando entra el agronegocio, de la mano de Rodríguez, todo el rol del Estado que garantizaba la semilla de buena calidad y buena germinación se termina porque el objetivo del modelo económico que se comenzó a implantar, el agronegocio, era deshacerse de los campesinos, ir liquidándolos de a poco y que vengan a las ciudades para explotarlo de otra manera”, refiere.

Miguel Lovera. Fuente: ea.com.pyEl campesino que necesita un Estado que le garantice soberanía alimentaria para desempeñar soberanamente su modelo cultural, es un enemigo y había que ir exterminándolo. De esta forma –según Lovera-, desaparece el campesinado como factor de producción irreemplazable para dar lugar a los campos sojeros, y repoblar el Paraguay con gente  venida del Brasil, sobre todo en la frontera. Sobrevino así la gran expansión de la producción sojera de Paraguay, sur del Brasil, y Argentina. “Esto ya había planificado la Fundación Rockefeller, a fines de la década del ’60”, explicó.

La actual crisis

Una coyuntura como esta, en que los campesinos están descapitalizados, estafados, decepcionados por las promesas incumplidas, es una situación ideal para el modelo del agronegocio que necesita que los campesinos sigan quebrando.

“Lo único que vamos a ver por parte del gobierno son más excusas y un juego de tire y afloje, pero ayuda real para que el campesino, para que la familia agricultora, salga de esta situación de apremio, no está contemplada en el modelo. Acusan a los dirigentes campesinos de falso populismo, pero hay que acusar al gobierno de demagogia real”, aseguró Lovera.

A su criterio, el gobierno afirma que está haciendo mucho para que los agricultores progresen, para que se desarrollen, “pero todo es parte de un proceso demagógico que siempre solapó la intención de liquidarlos como clase social y como cultura nacional, como estandarte de la soberanía popular”.

“Todo esto quedó muy claro en este periodo de transición que en realidad es una transición hacia el modelo agroexportador basado en el monocultivo de la soja. La transición política duró hasta la inauguración de la Constitución, en 1992. Lo que queda es la transición hacia la consumación y profundización del modelo del agronegocio. Esto es lo que existe, el gobierno está propiciando eso y no quiere ir a otro lado porque si no,  al menos cumplirían la Constitución”, afirmó.

Fuente: oxfamparaguay

Fuente: oxfamparaguay

La producción de alimentos no abastece

El avance de la soja transgénica ha determinado la “descampesinización” del país, lo que significó que, según la Dirección de Encuestas, Estadísticas y Censos (DGEEC), en los últimos 15 años hayan migrado del campo a la ciudad unas 10.000 familias anualmente.

El progresivo deterioro de las condiciones de vida en el campo y el constante aumento de la usurpación de tierras por parte de colonos principalmente brasileños o terratenientes paraguayos, ha ocasionado  la merma del número de agricultores de alimentos y, por ende, la merma en la producción de alimentos para el consumo nacional.

El espacio para la producción campesina fue reducido prácticamente a la mitad en cerca de una década. Las tierras destinadas a producción campesina de algodón, maní, batata, mandioca, habilla, arveja, pimiento, zanahoria, maíz y frutas (piña, banana, mandarina, pomelo y limón) disminuyeron de 688.220 hectáreas en 2002/2003 a 329.828 hectáreas en 2014/2015. En el mismo período, el territorio utilizado por el agronegocio para producción de soja, trigo, maíz, girasol, caña de azúcar y arroz con regadío aumentó de 2.354.370 hectáreas a 5.402.509 hectáreas.

Mientras el país pasa de producir 6 millones/ton de soja en 2007 a más de 9 millones/ton en 2015, entre 2005 y 2015, el Paraguay incrementó el valor de la importación de hortalizas y legumbres aproximadamente en un 300% y en el mismo período el valor total de la importación de frutas tuvo un incremento de aproximadamente el  412%. Estas cifras representan la medida de la pérdida o, al menos la vulnerabilidad, de soberanía alimentaria que experimenta la población paraguaya.

A través de este proceso de expansión del monocultivo de la soja, la población se ve desprovista de la abundancia y calidad de los alimentos con que tradicionalmente contaba y se ve obligada a recurrir  más y más a alimentos procesados industrialmente. Este fenómeno implica que las familias deban dedicar gran parte de sus ingresos a la compra de alimentos muchas veces de calidad cuestionable y, sobre todo, muy caros en relación a los salarios comunes.

Dependencia externa

Existe una persistente disminución de la producción nacional de alimentos de origen vegetal y una mayor dependencia externa.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería señala que Paraguay importa de los países vecinos varios productos para cubrir la demanda interna. Entre los más destacados, durante el año 2015, se encuentran la cebolla cuya demanda se cubre en un 73% con producción del Brasil y 20% de Argentina; la papa casi en su totalidad se importa desde la Argentina; el locote se importa en un 54% del Brasil; el tomate en un 37% y la naranja en un 95% procedente de la Argentina.

De igual manera, datos del Banco Central del Paraguay (BCP) arrojan la misma tendencia que corrobora que existe un aumento de la importación de alimentos durante los últimos años. Es así, que entre los años 2005 y 2015, las importaciones de legumbres y hortalizas se incrementaron en un 300%, de 4 a 16 millones de dólares. En cuanto al volumen importado tuvo un crecimiento de 48,3% pasando de 43 a 63 millones de toneladas.

En cambio, la importación de frutas tuvo un crecimiento aún mayor en valor durante el periodo analizado (412%) y un incremento similar a legumbres y hortalizas en términos de volumen (48%).

Lo que está en juego es ese factor de soberanía alimentaria que garantiza la seguridad alimentaria. Será gravísimo que pasemos a depender de las importaciones y estamos muy cerca. Gastar 50 millones de guaraníes es muy poco. La crisis que tienen, no es solamente de esta zafra. Es acumulada de años. Las pretensiones que tienen son bajas. Creo que están pensando en nosotros.

Hambruna

“¿Qué va a pasar cuando la población urbana se enfrente a un aumento masivo de los precios? La poca producción local  que todavía queda, es la que está dando cierto respiro, pero eso no está asegurado. Eso no va a poder seguir y se va a agudizar el déficit y vamos a tener una crisis que va a costar mucho más de 3.000 millones de dólares”, dijo Lovera.

“En el campo hay hambre, y una hambruna en Paraguay está muy cerca. Una de las formas de evitarla es mantener a los campesinos  y su producción agrícola. Una hambruna golpeará duramente a la población urbana porque ella no produce alimentos, solo consume. Es muy vulnerable. Y será muy difícil mantener el ‘Estado de derecho’ en una situación así. Y a eso estamos yendo con este tipo de política que mira solamente los intereses de los más privilegiados”, aseveró finalmente Miguel Lovera.

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