El laberinto de Gilberto Padrón y Zuni Rodríguez

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En el 2001, Gilberto Padrón, artista plástico, trabajó un año ad honoren en cultura desde la embajada de Venezuela en Paraguay, con el entonces embajador Nelson Pineda. En el 2002 lo contrataron como empleado local en el área cultural.

En ese trabajo llegó a ocupar el cargo de segundo secretario. Ya con el actual embajador, Alfredo Murga, conoció el ostracismo, al igual que su esposa, también empleada de la embajada, Zuni Rodríguez. Vivieron la inestabilidad laboral. Sufrieron, al igual que una docena de trabajadores, retrasos en los pagos salariales de hasta tres meses.

“Si no pueden aguantar, pueden renunciar”, era la respuesta del embajador, al decir de Nélida Ramírez, otra ex trabajadora de la embajada. Mientras la vida de los trabajadores se deterioraba, con falta de pasajes, de manutención, los diplomáticos “seguían viviendo la gran vida”, remata. Con el tiempo, ya en el desahucio, una buena parte de los trabajadores acordó la salida con indemnizaciones, pero este trato no se les brindó a Gilberto Padrón y Zuni Rodríguez.

Zuni trabajó 14 años en la embajada. Fue secretaria de cuatro embajadores.

En noviembre de 2017, “durante las amenazas constantes, decidimos acudir a la Dirección General de Trabajo”. Se acogieron a los artículos 48 y 49 del Código Laboral que establece el despido injustificado. El Código establece que el no pago a los trabajadores equivale a un despido injustificado.

Cuando aquello, Gilberto y Zuny Rodríguez ya llevaban sin cobrar sus salarios por tres meses. “Ya era insoportable, además, en un ambiente de amenazas… Quienes mantenemos la defensa de los derechos de trabajadores fuimos aislados, sujetos de amenazas”, sostiene Padrón.

Fue así que sin escenario de negociación acudieron al fuero laboral, donde radica la demanda, en manos de la jueza Sandra Silvero.

Ya en la instancia del Ministerio de Trabajo (MTESS), el embajador Alfredo Murga, alegó “incumplimiento de la cláusula de confidencialidad del contrato de trabajo”. Y que, por lo tanto, el despido era “justificado”

Exacerbó el ánimo del embajador la publicación en un medio local de la denuncia de no pago de salarios, el 21 de noviembre del año pasado.

Ese mismo día, en horas de la mañana, el ministro consejero Fritz Petersen, en presencia de la asistenta de administración, Margarita Bestard, “nos comunicó que tenían conocimiento de nuestra gestión ante la Dirección General del Trabajo y que podíamos retirarnos a casa. A nuestra solicitud de recibir por escrito la instrucción de retirarnos a casa, nos pidió al menos dos días para consultar con el embajador”.

El 23 de noviembre, la respuesta que “recibimos del MC Petersen fue que, siguiendo instrucciones del embajador Murga, a partir de ese momento no se nos permitirá el ingreso a la sede de la Embajada. En vista de lo ocurrido remitimos una nota dirigida al Embajador, vía correo electrónico, la cual no tuvo respuesta”.

El 18 de diciembre se les pagó los sueldos, no así el aguinaldo, y ahora la cuestión ya radica en el fuero laboral. Las cosas acá son un poco más complejas. Las notas desde el juzgado deben ir a Cancillería y de ahí pasar a la embajada y viceversa.

“Hoy, a 225 días nos declaramos en emergencia, una situación muy penosa para dos trabajadores que han estado años aportando lo mejor de su conocimiento y sus habilidades a la institución”, resume a la espera de una resolución favorable a sus demandas.

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