El día que una jauría no logró detener al Pa´i Oliva

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Por Rubén Cáceres

En 2008 se produjo la toma de la Sede Central de la Universidad Católica (UC) cuando el Clero informa que el José Antonio Moreno Rufinelli, integrante del Ala Stronista y articulador del Plan Cóndor desde la Cancillería junto con otros “docentes”, pasaría a ser rector de la casa de estudios.

Ante tamaña desverguenza, miembros del Centro de Estudiantes (CEFUC) y otros estamentos toman la universidad. A ellos acuden de manera solidaria estudiantes de diversas casas de estudio de la Universidad Nacional (UNA), entre ellos la “Escuelita” de Ciencias Sociales y Políticas que también estaba viviendo momentos convulsionados.

Un año antes, 2007, en la Escuelita de Ciencias Sociales y Políticas de la UNA se había logrado mediante una simple Asamblea Estudiantil (con ausencia del Centro de Estudiantes que dependía completamente de la voluntad del decano de derecho) instalar algunas cosas básicas como Biblioteca, Caja Administrativa e inició cierto control en cuanto a la asistencia de docentes, inició el proceso de revisión de la malla curricular y se cuestionaba la presencia de docentes represores como Manfredo Ramírez Russo.

En medio de toda esa convulsión y viendo la compleja situación que giraba en torno a la UCA, toda la comunidad estudiantil y la Facultad de Derecho pensaba que era cuestión de tiempo para que la Escuelita siguiera su ejemplo. Y ganas no faltaron.

Un año antes una banda de patoteros con traje y corbata, incidentaron una Asamblea Abierta de Cursos y aquello casi terminó en tragedia, de no ser por la dirigencia de los cursos que supo conducir con claridad y responsabilidad el proceso.

La toma de la Escuelita era impensable, existía amenazas de sumario a estudiantes por haber echado a docentes de su aula (promo 2008 de Sociología) y la expulsión de un compañero de la Facultad de Derecho por haber pintado un grafitti en las paredes del Antro Jurídico de Trinidad.

El grupo de estudiantes solidarios con la toma de la Católica entonces, decidió organizar una sencilla charla sobre Derechos Humanos. Fue así que en Julio de 2008 (si la memoria no me falla) le pedimos al Padre Francisco Oliva acudir a nuestra vilipendiada casa de estudios.

Ante la voz autorizada y digna del pa’i Oliva no se animaron las jaurías de hienas y lobizones venidos exclusivamente del Barrio Trinidad para incidentar. Ingresamos a la Escuelita en una especie de procesión simbólica y el padre encabezó esa pacífica manifestación de indignación. Se sentó creo que era una mesa o pupitre y fue rodeado por estudiantes de no se sabe donde, pero fue la cátedra en medio del Patio de la Casona Lynch.

Allí, Pa’i Oliva relató las vivencias en tiempos de la dictadura stronista y la necesidad de articular la Universidad con las necesidades y exigencias de nuestro pueblo: Universidad para la sociedad fue el grito que sonó en los patios de la Escuelita.

Y no pudieron los gorilas, no pudieron los pyrague, los rumores de que “drogadictos zurdos iban a destruir el Sagrado local de Derecho”, no pudieron los policías armados que ingresaron a “guardiar” nuestra Casa de Estudios.

Luego de toda esa manifestación de dignidad, al día siguiente frente a la entrada sobre Yegros, pintado sobre el pavimento apareció una leyenda que decía “Manfredo Ramírez Russo – Los del ´78 no te olvidamos” y varias manos, pies y cuerpos pintados de los Desaparecidos por la Dictadura sobre las calles Yegros y Mariscal Estigarribia.

Bernardino Caballero miraba en medio del patio de la escuelita, frío de vergüenza, ante monumentos de dignidad que aun vivos, siguen cumpliendo cada día los ideales de la Patria Soñada, del cual él y sus seguidores claudicaron para siempre.

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