¿Y si no bocinamos?: Conversaciones desde un encuentro “posmo”

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Por Agustín Barúa Caffarena

En estas semanas el día a día asunceno ha sido muy tensado desde un agudizado y abierto enfrentamiento del Poder Ejecutivo y de sectores económicos acomodados a través de sus gremios (Cámara de Anunciantes, UIP, por citar dos ejemplos) contra las leyes de emergencia y subsidio para los pequeños productores campesinos sancionadas en el Congreso.

En medio de este debate, se invitó a un “bocinazo simbólico en el centro de Asunción”[1]; uno de sus convocantes planteó: “Basta. La gente que tuvimos la suerte de formarnos tenemos que salir a manifestarnos en la calle. Dos o tres bocinazos para que Aguayo escuche. Esa gente que está ahí (en la plaza) no va a cobrar un mango. Esos 3.000 o 4.000 pobres arreados no van a cobrar un mango de este asunto”[2].

(Foto: participantes del simposio sobre construccionismo social)

En los mismos días se hizo un simposio[3] que planteó como cuestiones centrales lo colaborativo y lo dialógico, enmarcadas dentro del construccionismo social. Sus invitadxs fueron Harlene Anderson (Houston Galveston Institute, EUA), Emerson Rasera (Universidad Federal de Uberlandia, Brasil) y Rocio Chaveste (Kanankil, México).Aquí tomo, entremezcladas, conversaciones producidas allí, anudadas a estos tiempos.

Lo “Posmo” ¿Ese vyrorei?

En ciertos ambientes cercanos (y queridos) “posmo” (apócope de posmoderno) suele ser un insulto, una (des)calificación con pretensiones de invalidar personas, ideas, procesos. Este fue un encuentro posmo.

Quizás sean un aporte estas palabras propuestas para pensar –dentro del debate de lo posmoderno- que es lo que decimos cuando decimos  construccionismo social:
1.  Significado. No sólo importa lo que pasa sino también como las personas le damos sentido a lo que pasa; mencionado el biólogo chileno Humberto Maturana quien afirmaba “Yo digo lo que yo digo, vos escuchás lo que escuchás”.

Co-construcción. Se intenta des-jerarquizar los diálogos, a través de entender que todas las personas somos expertas tanto en nuestro propio proceso (respecto al cómo conversar) como en su contenido (respecto al qué conversar).

2. Relacional. Una expositora decía que las cosas no pasan acá (mostrando su cabeza y la de otra persona), sino aquí (señalando su mano entrelazada de dedos con la mano de otra persona), y sugería preguntarnos en los conflictos “¿Qué estamos haciendo juntos para que esto se dé? Para la tuerca del 8 se necesita el tornillo del 8”.

3. Multiplicidad. La importancia de validar todas las voces (polifonía).

4. Potencialidad. Prioriza el futuro (o sea, como las cosas podrían ser) y la búsqueda de los recursos para ello.

5. Política. No es posible ser neutrales. Se señalaba que –por ejemplo- siempre oímos desde nuestros valores, los que nos abren o nos cierran conversaciones. Definían a una terapeuta como una “activista sociopolítica sensible al contexto social” (Michael White).

¿Vemos pertinencia para este momento social estas nociones?

Dentro de lo construccionista, se trabajó desde las prácticas colaborativas y dialógicas. Aquí algo de ellas.

Sacarnos nuestros sombreros de expertos

Un tema central fue la práctica de categorizar tanto a las personas como a “los problemas”. Por ejemplo, pensar en una persona como “un tipo de persona” o de “un tipo de grupo”.

En la universidad aprendemos a temer lo espontaneo, nos tensiona mucho querer hacer “correctamente”. Tendemos a pensar que estamos en un rol (ej. Doctor, docente), y así perdemos lo humano y lo humanista. Como que nos ponemos nuestros “sombreros de expertos”, y entonces no percibimos mucho de lo particular, de lo singular de cada quien.

Se propuso no hablar ni “sobre” ni “de” la gente, sino “con” ella. Un ejemplo: para el primer encuentro con una familia sugerían, tratar de aprender algo de esa familia y de que esta familia sepa algo de ustedes; y a la vez tratar de no hacer terapia ni de ser terapeutas.

Otro punto fue que además, de ser responsables de lo que decimos, también lo somos de lo que oímos: ¿Cómo nos responsabilizamos de nuestras formas de escuchar y de no escuchar?

“¿Estamos hablando de lo que tenemos que hablar?”

Esta es una de las preguntas que se propuso para construir conversaciones sin un clima de disputa, amenaza e interrupción.

Se trajo el ejemplo del Proyecto“Conversaciones públicas” (Boston, 1989) donde se trabaja como conversar en temas muy polémicos con posiciones polarizadas (una experiencia fue sobre el aborto). Los puntos principales[4] son la preparación minuciosa previa a la conversación, el generar un clima de respeto, seguridad y curiosidad. Al inicio se comparte una comida liviana, se pregunta cuáles son las experiencias personales respecto al tema, que es lo central en esta discusión, que dudas o incertidumbre tienen de su propia posición.

En una apuesta muy fuerte a sostener el diálogo, a la pregunta de qué hacer si ya no quieren más dialogar, la respuesta fue “Y seguir dialogando” (Harlene Anderson).

En un espacio donde no se privilegie ninguna voz, las voces acalladas históricamente capaz que incomoden a algunas escuchas por oírlas por primera vez, y a la vez las voces hegemónicas quizás puedan oírse a sí mismas desde otro lugar.

“Yo no conozco pacientes resistentes sino terapeutas resistentes”

Es colocar la dificultad primero en nuestra propia perspectiva: qué pudiera estar pasándonos que no podemos generar una nueva forma de dialogar, una nueva forma de relacionarnos con esa persona.

Se reflexionaba que si en un diálogo no me siento cómodx, quizás tengo una conversación interna que me está impidiendo escuchar, entonces es importante oír ese dialogo interior.

Enemigos sin “h”

Muchxs aprendimos por largo tiempo, que la palabra central para pensar cambios es “lucha”. El planteo aquí fue que tenemos semejanzas con nuestrxs enemigxs: cuando olvidamos esto, olvidamos que la otra persona es humana.

Si no podemos reconocer esto, no estaremos en condiciones de hablar  con ellxs. Quedamos sólo con los bocinazos o el agua caliente como respuestas.

Un comentario más sobre lo leal y los vínculos: Emerson[5] reivindicaba que necesitamos amistades que sean “siempre para ti una especie de enemigo bello, indomable, devotamente respetado…”.

No colonizar con lo dialógico

No. No todo es solucionable desde esta postura. No hay panaceas.

Se plantearon tres puntos sobre las prácticas colaborativas y dialógicas: uno, decidir¿Queremos abrirnos a esta conversación o no? Es aceptable que en ciertos momentos no; dos, es una pose suponer que hay coherencia permanente entre nuestro pensar y nuestro hacer, que siempre somos dialogantes: no podemos, hay momentos que no conseguimos serlo (por ejemplo en una urgencia sanitaria, necesito que la profesional me salve ya, no puedo esperar a dialogar), y es que no podemos vivir lo colaborativo y lo dialógico como una obligación, como una opresión; tres, no se “es” colaborativo: “¡Estás tratando de serlo!”, afirmaban.

Los bocinazos nos ensordecen, demoran nuestra mejor comprensión de la situación y legitiman la indiferencia social. En algún momento necesitaremos dialogar. Probablemente no en todo momento, pero en algunos pareciera que será ineludible. Ojalá podamos.

 

[1] ULTIMA HORA. A las 18.00 realizarán “bocinazo” pro veto. Extraído el  5 de agosto del 2017 de http://www.ultimahora.com/a-las-1800-realizaran-bocinazo-pro-veto-n1100341.html

[2]Hugo Biedermann.Hoy. Anuncian bocinazo ciudadano a las 18:00 en contra del bloqueo de las calles. Extraído el  5 de agosto del 2017 de http://www.hoy.com.py/nacionales/anuncian-bocinazo-ciudadano-a-las-1800-en-contra-del-bloqueo-de-las-calles

[3]Segundo Simposio Internacional en Salud Mental: Prácticas colaborativas en diversos contextos y poblaciones. Educación, clínica y comunidad (3 y 4 de agosto, Asunción). Organizado por Enfoque Niñez.

 

[4]Rassera, E. (2017). Diálogo público e trabalho comunitario. O caso do projeto de conversaçõesPúblicas. Pp. 419 – 434. En: Grandesso, M. (Org.). prácticas colaborativas e dialógicas em distintos contextos e populacações: um diálogo entre teoría e práticas. Curitiba: CRV.

[5] Emerson, R. (1947). Ensayos. P. 213. Madrid: Aguilar.

 

 

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