Una ocupación en el latifundio del relato

No hay comentarios

“Les presento, ja, a este amigo, a este compañero. Crecen su poesía, su literatura, su música, sus artículos y su gran compromiso con la historia de nuestro pueblo. Este compañero, amigo, es uno de los grandes responsables de que la cuarta y especial edición de La Masacre de Curuguaty salga a luz con una profunda revisión de formas y estilo. Les dejo con su prólogo, rock and roll, trueno, pantano y esperanza” expuso el periodista y escritor Julio Benegas al dar a conocer el prólogo de la 4a y especial edición de la Masacre de Curuguaty que se presentara el viernes 28/12 pasado en la Casa del Pueblo en Asunción.

Por Eulo García

Hoy está siendo una tarde de domingo típicamente paraguaya, con su sol rabioso y su vacío inmenso en las calles. En el barrio Sajonia, escenario de la última escena del caso Curuguaty, el asfalto enardecido de la avenida Carlos Antonio López es una suerte de espejo de un diciembre que está siendo calurosamente devastador. Lejos de esta circunstancia, cuando Julio me habló de trabajar en la revisión de lo que sería esta cuarta edición de La masacre de Curuguaty era una noche algo fresca de un viernes de agosto. Este año fue bastante atípico en extendidos días de frío, lluvia y, ni qué decir, de aquellos en los cuales convivieron las cuatro estaciones en una sola jornada. La lealtad del tereré indispensable al lado y las aspas aguerridas de un ventilador enfrente hacen las veces de aliento, de resistencia persistente ante una realidad recalcitrante, de brisa siempre necesaria, de frescura, de respiración. Lou Reed suena en el reproductor y yo me sumerjo en la salvaje odisea de la escritura.

Quien haya vivido lo suficiente en Paraguay, o haya recibido sus noticias de manera asidua, sabrá que en este país conviven, de maneras siempre propias, por decir lo más suave, lo atípico y lo apático, lo esperable y lo sorprendente, el silencio y la explosión. Y esto, por supuesto, se traduce en el plano social, en cuestiones ya no suaves, sino más bien perversas y por demás terribles: el solo dato de la cantidad de tierras en manos de un reducido porcentaje de la población es ya de por sí una base sobre la cual la desigualdad se convierte en nuestra matriz social por excelencia .

La ocupación de las tierras de Marina Kue pudo haber sido un ejemplo más de las consecuencias esperables de esta matriz social de desigualdad. Pero con la matanza ocurrida en la mañana del viernes 15 de junio de 2012, aquello dejó de ser un ejemplo esperable y se convirtió en la cara más trágica de lo indeseable y lo inesperado. «Es lógico que una sociedad agredida se defienda», decía el recordado sociólogo Tomás Palau. Pero esta lógica (advertencia casi) nunca ha sido de interés de la clase dominante, esa que no sufre diariamente las agresiones que aquejan a la gran mayoría de la población rural y urbana de este país.

Julio Benegas Vidallet es, como muchos, uno más de esta gran mayoría agredida por los propiciadores y sostenedores de esta desigualdad social. Él sabe que el relato de la historia es también un territorio de disputa, de usurpaciones oprobiosas y, por tal, es imperioso hacerle frente y dar batalla a la injusticia, a la mentira en el relato y a la falsificación de la historia mediante el discurso distorsionador que acostumbra el poder.

LMC-4ta(1)En ese sentido, La masacre de Curuguaty es una ocupación inevitable en el latifundio del relato cotidiano de la realidad, y su bandera es la palabra. Ya lo fue en su momento cuando, a meses de la masacre y el posterior golpe de Estado parlamentario, Julio se sumergió en las entrañas de uno de los casos más significativos de la lucha por la tierra en Paraguay, para traernos esta narración trascendental que significa la voz de los sobrevivientes de aquella locura y, a través de ellos, la voz también de los caídos.

En aquel momento, el fragor de la urgencia indicaba que era necesario acercar estas voces para combatir el acribillamiento que estaba cometiendo la historia oficial, conocida como tal a lo que se dice de los hechos para que ese relato termine justificando un régimen. En nuestro caso, el régimen ha sido y es el mismo, más allá del «pequeño incidente» que significó la salida del Partido Colorado del Gobierno en el periodo 2008/2012: el orden establecido y dictaminado por los dueños de la tierra. Además, en ese entonces se vislumbraba ya un futuro político inmediato muy contrario a las posibilidades de avance en materia social; y en cuanto a lo jurídico, la suerte de los campesinos y campesinas procesados por el caso de la masacre de Curuguaty estaba en el peor de los terrenos posibles, como lo es nuestro Poder Judicial instrumentado por los perpetuadores de este régimen.

La historia inmediata demostró que aquellos peligros eran más que reales. El juicio por este caso se convirtió en una nueva masacre cuyas principales víctimas fueron los campesinos/as acusados y condenados, pero también lo fueron la justicia, el derecho y todo tipo de principio ético y humano que supuestamente deberían regular el equilibrio de cualquier sociedad.

Estas razones —sospechadas al principio, corroboradas después—, otorgaron en su momento un valor ya crucial a La masacre de Curuguaty, pero su implicancia era quizá aún testimonial, por lo desigual de la disputa. Con los años, y los avatares de este caso, la dimensión histórica de este libro ha ido creciendo y, aunque la disputa sigue siendo desigual, la persistencia de la verdad sobre la mentira, de la justicia sobre la farsa, han ido moviendo algunas fichas y reacomodando otras, hasta llegar al escenario actual, en donde podemos observar el desarrollo de esta historia con los sobrevivientes finalmente libres, que no es poca cosa.

La alegría por esta última vuelta de tuerca en el caso Curuguaty es inmensa, pero lastimosamente no quita de vista que el régimen sigue siendo el mismo. Nuestro país sigue siendo el mismo. Y por eso, me atrevo a decir que el compromiso de Julio con el relato, con las historias de la gente históricamente agredida es igual de categórico e innegociable como ya lo era en 2012. Hoy, en el ocaso ya de la segunda década del siglo XXI, la necesidad de este compromiso y de las narraciones de este tipo son de una importancia vital.

Por eso también, con todas estas cuestiones en la mira, asumimos con Amin la responsabilidad y el compromiso de realizar una revisión íntegra de los aspectos más bien formales de la escritura de La masacre…, ajustar y desenredar algunos pasajes del hilo narrativo, respetando las tensiones y las respiraciones del relato, actualizar algún dato informativo manteniendo, sobre todo, el andamiaje inicial del reportaje periodístico y narrativo construido por el autor para la primera edición. Todo esto pensado para la fluidez de su lectura, sin perder de vista la dimensión del caso y, por supuesto, la importancia histórica y literaria de este libro.

Para esta cuarta edición de La masacre de Curuguaty («edición especial», como la llama el querido Julio), Benegas incorpora el relato de una parte de lo que fue esa otra masacre: la judicial, que bien podría llamarse «de la ignominia». Así como en la tercera edición, de 2015, se incluyó una adenda sobre Rubén Villalba en prisión y sobre cómo se venía llevando a cabo el juicio, en esta cuarta edición se completa el escenario con la condena a los campesinos y la posterior anulación de la sentencia y absolución de los condenados. Guillermina Kannonikoff, Pa’i Oliva, Fabricio Arnella y el juez Arnaldo Martínez Prieto se incorporan a este gran reportaje y, mediante ellos, se relata la persistencia de incontables personas que en estos seis años, desde que sucedió la masacre, han dado un ejemplo más de lucha en contra de las injusticias que abundan en este país. Esto ha sido el corolario para que todo lo que implica el caso Curuguaty, y en específico la ocupación de Marina Kue, sea hoy la causa más emblemática en lo que se refiere a la lucha por la tierra, desde la caída de la dictadura de Stroessner ocurrida en 1989.

Aún quedan dimensiones por profundizar en este suceso. Si bien se ha conseguido la libertad de los campesinos, lejos está aún de considerarse que el caso consta ya de una justicia plena. En lo que respecta al relato del mismo, imagino que con el tiempo se irán incorporando otros que podrían llegar a ofrecer nuevas perspectivas clarificadoras de este hecho trascendental de la historia paraguaya reciente.

Todas estas cuestiones las conversamos en varias ocasiones con Julio. Según él, ameritaba que estén juntas en una especie de prólogo. De ser así, yo no podría dejar pasar la oportunidad para volver a decir que lo que importa es el libro, lo que acá se cuenta y cómo Benegas lo cuenta. Por mi parte, y de momento, me apresto a reforzar el tereré y a disfrutar de lo que queda de este domingo de diciembre típicamente paraguayo, con el ventilador incansable soplando sus vientos salvadores y el viejo Reed sonando en el reproductor.
Sajonia, 17 de diciembre de 2018

Comentarios