Un brindis por Malcom Young

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Felipe Vallejos, guitarrista de la mítica Rawhide, pionera del metal y el hard rock en el país, homenajea en primera persona al recientemente fallecido Malcom Young, una de las columnas del rock & roll.

Por Felipe Vallejos

Uno más… Para sumar un comentario más al millón de millones de voces y recuerdos que hoy se diseminan por todo el universo, lo cual me parece perfecto: sí, a mí también AC/DC me partió la cabeza por la mitad como ese rayo que separa a AC de DC, y a muy temprana edad. Y, qué rayos (!), fue para siempre.

Mi primer álbum verdaderamente mío fue aquel discazo en vivo “If you want blood…”, con un Angus Young atravesándose el vientre con su legendaria SG, sin contar que mucho antes de eso, secretamente secuestraba el single de “High Voltage” del cuarto de mi hermano para gastarlo en mi tocadiscos, gozando una y otra vez de ambos lados, fascinado también con ese poderoso lado B “Soul Stripper”. Después de eso fui a por “Let there be rock”, y luego tuve en mis manos “Highway to hell”.

Siendo aún un pibe de primaria, el dinerito que mis papis me daban con mucho esfuerzo, con el fin de que lo ahorrara y no me lo gastara en golosinas de camino al cole, sin embargo me lo gastaba en eso: en revistas de rock (si me daba para más, también algún comic) y en discos (cuando no sabía qué banda era, los elegía por la portada y me ponía a escucharlos en mi disquería favorita sobre la calle Sonnenallee).

A veces ligaba algún reto por eso, por gastarme la guita en discos, pero… si pudiera volver a hacerlo, estoy seguro de que así sería. De hecho esa afición me acompañó por muchos años. Tuve una grandiosa colección de vinilos gracias a esa manía. Muchos discos tuve que dejarlos atrás. Ah sí, olvidé decir que por entonces yo vivía en Berlín, Alemania. Y para venirme a Paraguay, evidentemente no podía traerme todas mis cosas.

En fin, capítulo aparte. Lo que sí es que la muerte de Bon Scott me golpeó a muy temprana edad. Me impactó tanto que me armé mi propio álbum de recortes con artículos y fotos de AC/DC. Era un verdadero fanático consagrado de AC/DC, me sabía cada chisme, y, por supuesto, era un enfermo de los riffs de Malcolm Young y su pulso firme y poderoso, que me marcó de por vida. Ya entonces pensaba que si llegaba a tener mi propia banda, quería tocar así.

Después llegó al fin “Back in black” (al fin, digo, porque eso significó que AC/DC no se había acabado) y lo recibí con entusiasmo, lo amé de surco a surco desde el vamos. Sin más criterio musical que mi maleducado oído, consideré sin embargo a Brian Johnson un dignísimo reemplazo, lo aprobé y me puse a investigar todo sobre su vida. Mi álbum de recortes de AC/DC continuó con fotos y notas sobre Brian. Así que, sin saberlo nunca, Brian tuvo pues la aprobación de este chico de diez o doce años.

En esos años en el cole, entre los amigos nos “dividíamos” en ACDCmaníacos y Kissmaníacos. Y nos gastábamos por eso. Evidentemente uno de mis mejores amigos era Kissmaníacos y disfrutábamos de nuestra música (aunque Kiss nunca fue mucho lo mío… claro, porque yo estaba en el otro bando, jaja).

Todo este blues viene evidentemente de la mano de la partida del riffmaster Malcolm Young. Estoy hablando de todo menos de Malcolm. Pero así sucede muchas veces. De verdad una inspiración para mí. Su posición en la banda, aunque no tan visible como los frontman, en realidad, todos lo sabemos, no era tan solo “estar atrás”: en sus manos estaba sostener todo. Brian gritando, Angus soleando, los dos el centro de las miles de miradas en cada sala o estadio, y “atrás”, la base sólida y machacante en manos de Malcolm, Cliff Williams (o Mark Evans, según) y Phil Rudd.

Malcolm se fue porque su cuerpito ya estaba cansado y no daba más. Se retiró hace cuestión de dos o tres años por motivos de salud. Aunque se fue temprano, quiero creer que tuvo una vida plena. Su aporte lo es, pues –y valga el disco rayado- nos deja una obra prodigiosa, quedan esos registros para toda la vida, para siempre. Su toque, su escuela, sus huellas. Nadie se librará de escuchar a AC/DC. Las radios de ahora podrán continuar vomitando toda esa malísima música que difunden a diario (a mí en realidad no me importa, siempre viví bien sin las radios, y mi música siempre fue mejor que la de las radios), pero AC/DC y esos riffs que se reconocen desde el primer golpe sonarán por siempre.

El rock & roll fuerte, sucio y estridente ha sido una de mis mejores decisiones, AC/DC tuvo mucho que ver con eso y por eso será siempre parte de mi vida. Gracias por tanto, Malcolm. Brindo por la vida, la buena música y los buenos recuerdos. Prost y Namasté!

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