Ruido Blanco. Genius y nombre en Trav3sía

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Trav3sía Viaje 3 es una obra dirigida por Fátima Fernández. Se la podrá ver los próximos 9,10 y 11/11 en el Galpón de Nhi Mu Teatro sito en 25 de Mayo casi Brasil. La dirección técnica aérea y la visualización está a cargo de Selva Fox. Actúan Natalia Santos, Diro Romero, Sonia Amarilla, Dave Weil, Silvia Canillas, Carlos Fernández, Vanessa Vega y Sonia Moura.

«El velludo animal dejó simiente.
Hete aquí que tocó las bocas.
(…) Voló hacia mí y dijo:
“será limpio tu pecado”.»
—Melisa Machado.

Por Andrés Ovelar
con intimissimo sentimento (en sol menor) 1*
Alrededor de la no-palabra el espacio —teatral—. La palabra que no se dice, la que en caso
de nombrarse equivaldría a traición propia. El verbo mudo, o más bien el verbo que podría
ser otro, el mío, el que invento sobre lo que no escucho. Será el gesto, serán los cuerpos
que se intuyen próximos. Quien aspire a cavernas las tendrá. Es cierto: el fauno no traerá
cosecha, no esta vez. Y bajo su seducción, a contraluz, la tormenta se hará visible. Ella
caerá y caeré. Adentro. Estuve antes, ya una vez supe el sitio del que no se vuelve intacto.
El costado, sólo si incendia la llaga, será certero.

a capriccio
Ella se ha llenado de afuera, el adentro ahora son otros —animales que pasaron queriendo
llenarla de espinas—. Ella se aferró y no hubo porcelana, sólo nombres que fingieron seda.
Se agarra, ahora, de lo que sea que no arda, como puede. Sólo así se continúa. Una
invasión de memoria la lleva, gobierna el deseo impreciso de un nombre impreciso —el
suyo propio, quizás, el anterior a todo—. Como quien escribe y busca causa exacta de lo
que más bien se asemeja a un ramal confuso. Como quien voltea, ahogado casi, en medio
de la tormenta y su fuerza al correr.

andante sostenuto
En Profanaciones, Giorgio Agamben retoma la noción del dios romano Genius para ilustrar
la diferencia impersonal —y fundamental— que nos habita siempre. Genius estaría
relacionado con el nacimiento y el origen, el de uno; desde ese momento cada quien
permanecería custodiado por su individual Genius. El Genius guardaría relación con lo
propio, sí, pero aún más, con aquello que en uno mismo no termina de encajar. Agamben
(2005) lo explica diciendo que “Es esta presencia imposible de alejar lo que nos impide
cerrarnos en una identidad sustancial; es Genius el que destruye la pretensión del Yo de
bastarse a sí mismo” (p.10). Así, el Genius se opone al Yo, en tanto distancia íntima, en
tanto aquello que en mí no es yo, o no pareciera terminar de serlo.
Precisamente, en Trav3sía, Ella, se deja hundir en aquello que, siendo Ella, no lo es por
entero. Esa parte suya anterior a algo, que nada tiene que ver con lo personal —como se ha
querido creer— sino, más bien, con eso en Ella que vuelve y no le pertenece. Eso que en
Ella hay de intemperie. Que la desborda, la lleva lejos, y capaz sea cierto: el sitio más lejano
posible es dentro. Por eso la proximidad de cuerpos que regresan de antes, por eso la

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puesta en escena que obliga el movimiento —el de uno—; como si la propia mise en scène
fuese desbordada de una latitud que la obliga a salir de sus contornos difusos. Toda ella se
inunda de exterioridad —la de los actores, pero también aquella del espectador—. Se sabe
invadida —la mise en scène—, se sabe habitada por una presencia extranjera casi; así la
música —y al escribir música también escribo magia—, así la luz que ha llegado para
hendir.
Agamben explica que cierta tradición del ocultismo entiende la magia no necesariamente
como creadora sino como nombradora, en sus propias palabras, “la magia es
esencialmente una ciencia de los nombres secretos. Toda cosa, todo ser tiene de hecho,
más allá de su nombre manifiesto, un nombre escondido, al cual no deja de responder”
(Agamben, 2005, p.24). La magia consiste en saber el nombre; y quizás aún más
interesante, nombrarlo se trataría de una forma de liberarse de la policía del lenguaje.
Quizás se trate de eso, de manera más o menos primigenia; Trav3sía o ese intento de
soltarse del lenguaje, por eso la no-palabra, por eso el gesto como definición del espacio.
Ella quisiera, tal vez, entrar para desobedecer el nombre que se le ha forzado, a pesar suya
—siempre a pesar—. En esa desobediencia la posibilidad de un nombre otro, inventado
esta vez; el nombre que la libere del nombre uno. No ese que han escrito sobre su rostro:
un no-nombre, algo que se parezca a ruido blanco, para hallarse entre bordes sin filo por
vez única, o trepar el aire.
De otra forma, en palabras de Agamben (2005):

El nombre secreto es, en realidad, el gesto con el cual la criatura es
restituida a lo inexpresado. En última instancia, la magia no es conocimiento
de los nombres, sino gesto: trastorno y desencantamiento del nombre. Por
eso el niño nunca está tan contento como cuando inventa una lengua
secreta. (…) Tener un nombre es la culpa. La justicia es sin nombre, como la
magia. Privada de nombre, beata, la criatura llama a la puerta del país de
los magos, que hablan sólo con gestos. (p.25)

solo de timbal
en el aire fuiste dentro, como nunca / poco sobrevive entero tras la sal / sí, poco / nada
calza como se quiere / nada tiene el contorno del verbo esperado / sólo este moverse hacia
la falta / sólo manos en retraída / todo es piedra en espera de flanco virgen / y en la pisada
mía vuelan hombres / bestias de pieles gruesas / bajo la frente otra alguien se oculta / lleva
cadáveres en los dedos / flores que se dejaron morir / casi un incendio / casi un pacto
pese aún, todo:
resisto
arponado
en la tormenta

moderato accelerando
Actor, actoris, actus; el que hace o lleva acabo. Se lleva adelante, se actúa y algo deja de
ser lo de antes, alguien deviene otro, no del todo diferente —del todo no—. Entonces
caminar por las paredes parece posible —lo es—, o arrojarse, inerme, hacia ese adentro
contaminado de aire. El actor actúa y se sucede un rapto —no solamente aquel del
personaje de Natalia Santos—, primero: la propia persona, los actores, son raptados por

una diferencia que no son ellos pero que sin embargo incuban, una diferencia que los
arrastra a asumirse personajes. El cuerpo es excedido por la poiesis, se reconoce incapaz
de contenerla por entero y opta por desobedecer sus contornos —los del cuerpo—,
operando un reajuste para la suspensión de presencias, y así en ese instante, durante el
rito, el cuerpo propio sobreviene cuerpo social. Los actores se llenan de sus Genius, o más
bien, los Genius los desbordan, los exceden (Agamben, 2005).
Luego, el rapto de la mirada. Y no porque la obra rapte en el sentido de encandilar, sino
porque es a causa de la mirada del espectador que la obra obra, actúa a causa de lo que
Dubatti llama acontecimiento espectatorial. Esto es la construcción extra espacial en donde
el espectador, en tanto sujeto que mira, traza la línea ontológica que separa su mundo de
aquel del acontecimiento poético, en esta instancia el teatro acontece porque eso que se
mira acontecer sucede en un espacio diferente de ese que mira el acontecimiento (Dubatti,
2004). En Trav3sía la línea entre el acontecimiento espectatorial y el acontecimiento poético
—aquel del lenguaje, esa organización de las formas estéticas teatrales— se diluye, no
existe escenario y no existe separación más allá de la mirada externa. Quizás ocurra que el
propio espectador se auratice, se llene también él de esa distancia que no parece propia,
ante la opacidad súbita de fronteras que han decidido esmerilarse al vuelo.

prestissimo
El ruido blanco ocurre cuando los valores de la señal sonora, en dos tiempos diferentes, no
guardan correlación estadística. Existen ahí dos señales que no parecieran estar unidas
más que por algo que no es accidental pero tras lo cual tampoco habría intención, algo más
cercano al caos. Dos señales que sin embargo han sido conjugadas, como un Genius,
impropio, que habita lo propio en el Yo y lo despropia. Es cierto que a menudo se ha
asociado al ruido blanco con la calma —suave— pero esto no le resta de su carácter tenso,
resulta fácil decir que la seda es suave, pero yo creo en la tensión de la seda.
Y en el nombre habitan fantasmas escapándose del verbo cultivado. Entonces, incumplo el
nombre, lo resisto —no habrá duración en él, ya no—. Habrá la sedición, habrá el conjuro
del gesto exacto.
Que venga el estallido a revelarme, pálido, en medio de la tormenta.

*1 A menudo, durante el periodo barroco de la música, se consideraba la tonalidad sol menor como
aquella de la consumación trágica.

Referencias
Agamben, G. (2005). Profanaciones. Adriana Idalgo Editora. Buenos Aires.

Dubatti, J. (2004). Physis natural y physis poética en el acontecimiento teatral en Los
Rabdomantes Revista de Artes Dramáticas. Universidad del Salvador.

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