¿Periodismo narrativo en Paraguay?

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Por Fátima Rodríguez

¿Por qué la crónica narrativa, de largo aliento, es un género casi inexistente en el Paraguay? Esta es la pregunta que debo responder.

“Es primavera y estoy lejos de casa”…

Así comenzaría Leila Guerriero: Es mayo, todavía. Es mayo, y estoy lejos de casa”. Admiro a Leila, pero no soy Leila. ¿Qué carajos decir en el Foro del libro cuando no se ha publicado nunca un libro? ¿Y si hablamos de la Disicronía? ¿La atomización del tiempo vs la crónica como profundidad que necesariamente necesita un tiempo lineal y no solo un momento, un tiempo atomizado?

“Los vídeos sobre Chul Han, el filósofo coreano de moda pueden echar luz para entender todo, cheee”  — me digo hablando sola mientras cruzo Colón y Manduvirá. Un auto blanco se detiene bruscamente, tiene la luz prendida, no entiendo si quiere pasar o qué. Paso. Casi me choca.

“Perdón, perdón, perdón”, digo mirando al conductor. “Di-sin-cró-nica” me retumba en la cabeza. Dispersión. Atomización del tiempo.

El conductor lleva anteojos, me sonríe y digo entre dientes “es hermoso sonreír con quien casi te choca un sábado primaveral en Asunción”. Lo miro de reojo. Es un hombre del que podría enamorarme fácilmente. Y si le pregunto: “¿Quisiera una vida contemplativa conmigo?”

-¡Macanadas!

Macanadas por segundos pasan en nuestras vidas y se convierten en “tuits”, historias en Instagram, post en las redes sociales…y en esa ola de macanadas, hablar de crónica de largo aliento supone preguntar: ¿Quién lee? ¿Quién escribe?

Los medios y los periodistas

En Paraguay, pasamos de una cultura oral a una cultura escrita, de la radio a la televisión, de la televisión a internet sin pasar por el hábito de leer. Soy campesina y muchos de mis amigos de aquí de la ciudad, son campesinos y campesinas, a quienes el cambio en las formas de producción en el campo nos fue expulsando y mandando a la ciudad. A veces, cuando recordamos cómo aprendimos a hablar en español, recordamos las telenovelas mexicanas, venezolanas o argentinas que vimos en nuestra niñez. Por ejemplo, aún recuerdo los llantos de la ciega que sufría de amor, “Topacio”, interpretada por la actriz venezolana Grecia Colmenares. Y antes, desde muy niña sufría por las siestas con las lágrimas de mi madre con Ña Kandé Memby. Ignoro si la radio-novela, que escuchabamos con mi madre todos los días mientras mi padre dormía la siesta, llevaba ese nombre, pero así le llamábamos en casa: Ña Kandé Memby.

-“Ehhh, es que pasamos de la pre-modernidad a la postmodernidad solía decir Anibal Orué Pozzo, un profesor de Historia del Periodismo en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción en mis tiempos de estudiante. Anibal hablaba rápidisimo y de cosas muy complejas, que sus clases eran para todos nosotros “un aburrimiento”. Nos mandaba a leer Culturas Híbridas de Néstor García Canclini e intentaba decir que en Paraguay antes de que los periódicos tuvieran distribución nacional, la televisión, había tenido mejor cobertura. También de la oralidad del guaraní y la ausencia de los textos escritos. Particularmente, le daba la razón. Crecí en una comunidad rural pegada a una comunidad indígena y todas las noches, toda la comunidad venía a mi casa a ver “Topacio” en una tele blanco y negro. Todos colaboraban con la vaquita para mandar a cargar la batería en el pueblo; la batería se llevaba a caballo para que no nos falte la novela y como era muy cansador para los caballos ir dos veces a la semana al pueblo, los vecinos prestaban sus caballos. En particular, nunca había visto un libro hasta la secundaria.

Ahora, antes de los libros o bibliotecas en las municipalidades, llegaron los paquetes de internet en los celulares.

En este contexto, pensar los medios de comunicación como espacios de producción cultural supone considerar los cambios y las transformaciones con la llegada de la tecnología y con ello, el trabajo de las y los periodistas.

Entonces, hablar de libros de crónicas de largo aliento y por qué no está en Paraguay como en otros países, nos invita a reflexionar:

-Periodista Multitarea: El oficio del periodismo en general está en crisis, la tecnología ha traído como una obligación a los periodistas para ser aipo multitasking, es decir, que tenemos que hacer foto, grabar audios, hacer copetes, hacer el reporte para la radio, poner el titular que se pueda leer en televisión. Todo, por el mismo salario. La radio, la tele y el periódico impreso y digital son del mismo dueño. Además, si queremos que nuestros temas conversen con otros periodistas, debemos tirar un “tuit” y en lo posible hablar algo en el día sobre el tema del día, el Trending Topic(TT). Los que escribíamos para los periódicos, solíamos tener más tiempo, pero esto ya no es tan así.

Entonces, este vivir el momento a momento, esta disincronía como dice Byung-Chul Han, hace que siquiera haya un espacio para procesar las noticias, y lo que escribimos al final del día, es la suma de tuits…lo que hemos ido tirando. Y el titular de mañana será la suma de lo dicho en las redes sociales.

Hay una crisis del periodismo en general. El factor tiempo hace que muchas veces no se cumplan con los criterios mínimos de contrastes, de comprobación, todo es “declaración” por la urgencia de lo digital. Entonces, todo este contexto es completamente contrario a lo que se necesita para hacer crónica: “el laberinto singular y plural, arduo y distinto, del tiempo, que es uno y es de todos”, como diría Borges.

-Dependencia tecnológica: Hoy, si no podemos resolver por internet, descartamos temas periodísticos. No hay recursos para invertir siquiera en llamadas telefónicas normales en algunas redacciones, ni hablar si hay que ir al lugar. Hace poco, murió una paraguaya de aborto clandestino en Argentina, fue la primera mujer después del tratamiento de aborto histórico en el parlamento de Argentina. ¿Pueden creer que ningún medio confirmó o desconfirmó que sí hubo una paraguaya que murió por aborto? Sí se publicó la historia de una chica de mismo nombre que se contactó con un periódico de Paraguay para decir que ella no era la que el periódico de Argentina estaba publicando como fallecida. c Por otro lado, las fotografías que aparecen en los medios –sobre todo digital- generalmente son proveídas por agencias estatales y agentes interesados en que esos temas estén en los medios. Todas las fotos de la mansión de Cucho, el narcotraficante que admiraba a Pablo Escobar, llevaban el crédito de “Gentileza: Secretaría Nacional Anti Drogas (SENAD)”.

Entonces, pedir una crónica es pedir tiempo y recursos que las empresas periodísticas no están dispuestas a dar.

-Demanda de mejores contenidos: Las utopías son necesarias para todos los seres humanos, pero en especial para los seres humanos que trabajamos todos los días con problemas, tragedias, dolor, poder, corrupción, etc. Todo el proceso de tecnologización e Internet, por un lado permite la democratización de la producción de información y coloca a los ciudadanos y las ciudadanas como expositores de su pensamiento y su realidad, no ya mediante el periodista y el medio tradicional; pero por el otro, esta situación ha generado una inundación de informaciones falsas; que a su vez coloca una demanda de mejores contenidos. ¿Es una utopía hacer mejores contenidos en el tiempo de la disincronía?

-La crónica, el prestigio y el periodismo. Pierre Bourdieu dice más o menos que finalmente los periodistas buscamos prestigio y muchas veces, en el prestigio no siempre tiene más peso el reconocimiento de la audiencia o de los lectores, sino el reconocimiento de los propios colegas. Julio Benegas, un periodista que escribió historias firmadas y premiadas en el periódico Abc Color y autor de varios libros habla de “salvar la dignidad del oficio del periodismo”, pues en los medios monopólicos de comunicación de Paraguay es difícil hacer crónica, porque-según él- la crónica muestra a los sujetos en su humanidad y en su complejidad. Las empresas periodísticas han usado sus medios para defender los intereses de sus dueños…recordó que hubo un tiempo en que los campesinos eran tratados como “hermanos campesinos” en la prensa y que actualmente son tratados de “haraganes, sucios, que no quieren trabajar”.

En los últimos años, las crónicas han tenido gran impacto como género periodístico y hay una cuestión de prestigio en hacerlo como historias que incluso llegó a la publicidad y en los audiovisuales con el nombre de aipo “Storytelling”.

Las crónicas han logrado como un pedestal al que todos los y las periodistas queremos llegar en Latinoamérica a partir de la Fundación Nuevo Periodismo, la fundación de Gabriel García Márquez y la idea del reconocimiento o prestigio ronda por ahí.

Resumiendo:

-En los medios hay un reconocimiento tímido de la necesidad de mejores contenidos, pero como no están dispuestos a invertir en ello, las historias que se publican, generalmente se hacen rápido y salen “historias milagrosas”, historias facilongas que descontextualizadas, refuerzan el concepto del “éxito” como “querer es poder”. Gente que se vuelve héroe de un día para el otro, indígenas que estudian, lustrabotas que usan trajes.

-En la búsqueda de ese “salvar el oficio” o el “prestigio”, algunos periodistas, pocos sí, pero hay algunos que intentan o intentamos hacer Crónica. Y cuando digo hacer crónicas estoy hablando de donar el tiempo al oficio, por fuera de lo que las empresas están dispuestas a dar. A veces, los medios donan el espacio, pero el trabajo que vale investigar por fuera del horario laboral, días libres, etc., no se paga. Es decir, estoy casi segura que no le pagan a Andrés Colmán por todos los viajes que hace al interior para escribir sus crónicas…

-A diferencia de la literatura, en la crónica no se trata de esperar una inspiración sino de hacer, de conocer, que sobre todo tiene que ver con escuchar. Ahí también Han otra vez hace esa diferencia entre información y conocimiento. Para hacer crónica es necesario el conocimiento: conocer, escuchar, ver, vivir…estar, descubrir, constatar, todo eso implica tiempo para describir, pero también tiempo para organizar la información en tiempo lineal, tiempo para editar.

-Sobre las formas. Se trata de revisar y revisar. Edición le llamamos en periodismo. Implica a veces, perder el control del escrito para que sea entendible. Porque en ese proceso de conocimiento, también hay un proceso colectivo. No se puede hacer una historia, una crónica, en solitario: se necesita de gente dispuesta a compartir su historia, se necesita de gente que nos lea, se necesita de muchas fuentes que nos ayuden a entender sobre lo que vamos a escribir, pero sobre todo, se necesita de muchas personas que lean críticamente antes de que publiquemos.

Finalmente, el concepto detrás de la palabra Disincronía de Han es algo que Pierre Bourdieu ya lo proponía pensar antes, desentrañando la falsa idea del Fast Thiking (pensar rápido, hacer rápido) en televisión, que lo podemos aplicar a la era de internet. Si los periodistas no estamos pudiendo procesar todo lo que supuestamente “está a un click” para hacer crónica, llevar pensamiento y profundidad en un tiempo en que como nunca es tan fácil publicar…aquello de que los lectores saben todo a profundidad… no es tan real. Lo interesante sería justamente salir del movimiento circular de la información que se repite y se repite y buscar descubrir nuevas cosas. A Gabriel García Márquez le iba mejor escribiendo sobre temas que eran ya súper conocidos. Eso según el docu que vi en Netflix, claro.

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Este texto es más o menos lo que dije en el panel “La realidad delira…¿no hay cronistas para contarla?” en el Foro Internacional del Libro Asunción 2018 el sábado 08 de setiembre. Añadí algunas cosas que más o menos escuché. Y obvié algunas cosas que más o menos pensé. En la conversa también aportaron muchísimo: Jazmín Acuña, una de las responsables de Kurtural, el medio que ha publicado dos libros de crónicas periodísticas en los últimos años. Santi Carneri, un periodista y fotógrafo que muestra Paraguay en periódicos internacionales. Julio Benegas Vidallet, un cronista y ex sindicalista de referencia en el periodismo y Arístides Ortiz, periodista y editor de E´a, devenido en “consultor”, -es decir, trabajo precarizado a consciencia y a cambio de tiempo- como quien escribe.

¿Por qué me invitaron al Panel? Ni idea. Pero supongo que es porque estoy trabajando en un proyecto personal de historias de mujeres, sobre el cuál no tengo mucho que decir, más que la necesidad de dinero para tener tiempo y poder hacerlo. Igualmente, seguro que este texto necesita de edición, pero… “tengo que trabajar”. Sólo algunos viven del prestigio.

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