“Nuestra formación social está marcada por la desigualdad de clases”

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Entrevista de Arístides Ortiz Duarte

El pasado 30 de noviembre se publicó el libro “Desigualdad y Clases Sociales. Estudio Sobre la Estructura Social Paraguaya”, escrito por reconocidos cientistas sociales del país, bajo la coordinación del sociólogo Luis Ortiz Sandoval. La novedad del libro es que sus textos son escritos desde la perspectiva del pensamiento crítico, desde una mira de la categoría “clase”, un enfoque pocas veces utilizado en el país y que permite una observación más compleja de la realidad social. El libro fue editado por el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica, el Instituto de Ciencias Sociales y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

Ortiz Sandoval -que cuenta con un doctorado en sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, Francia y una maestría en ciencias sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de México D. F.- habla en esta entrevista con E’a del contenido del libro citado, de la forma de producción de la desigualdad, de la oligarquía como forma de gobierno, de la lucha por los sentidos en una sociedad, y de los autores que desarrollaron el pensamiento crítico en el país.

¿Cuál es la diferencia entre el enfoque liberal y el enfoque del pensamiento crítico para abordar la lectura de una realidad determinada? 

En el análisis de la realidad social entran en disputa concepciones y visiones distintas, a partir de las cuales se reconstruye esa realidad en el proceso de conocimiento. En efecto, el estudio y análisis de la realidad es una forma específica de construir esa realidad. Digamos que la característica principal de la concepción liberal consiste en situar al individuo abstracto como actor soberano de sus decisiones y que éstas no guardan relación con sus condiciones sociales de existencia. En perspectiva de esta visión, las diferencias sociales que se constatan en la realidad son resultado de buenas o malas decisiones de los individuos respecto a la organización de su vida personal y colectiva; es efecto de un voluntarismo según el cual los individuos que se desempeñan en la sociedad con “abnegación” y “previsión”, acceden e incluso acaparan legítimamente recursos y oportunidades y, por ende, sus condiciones de vida son consecuencias lógicas de su impronta individual, de decisiones “acertadas”. Este modus operandi, según el pensamiento liberal, es un modo “racional” y por lo tanto legítimo. Por otra parte, siempre en dicha perspectiva, los individuos que no organizan su vida “racionalmente” pierden en la sociedad, se auto-confinan a la pobreza y la miseria; es también una consecuencia de una decisión deliberada.

Para las perspectivas críticas (no hay una sola), la sociedad no es resultado de regulaciones automáticas entre emprendimientos y decisiones individuales. Las diferencias sociales y la sociedad en su conjunto, son expresión de relaciones sociales, que son siempre relaciones de fuerza, disputas de poder entre sectores de la sociedad que como colectivos con intereses y con organizaciones más o menos estructuradas disputan los recursos y las oportunidades existentes. En las perspectivas sociológicas críticas estos sectores son definidos como “clases sociales”. Las asimétricas y desproporcionadas diferencias de poder entre estas clases sociales se traducen en una institucionalidad pública, que cristaliza las relaciones de poder y que son las que explican cómo se producen y porqué persisten las desigualdades sociales, la concentración de la riqueza y al mismo tiempo, la pobreza y la exclusión social.

¿Qué antecedentes y qué autores o autoras tenemos del abordaje crítico en el pensamiento y la publicación bibliográfica en Paraguay?

En el abordaje de la cuestión social en Paraguay, que es tributario de esta perspectiva crítica, los antecedentes se remontan a Rafael Barret, claramente. Luego le siguen autores como Oscar Creydt, Carlos Pastore, Francisco Gaona y, más recientemente, Mauricio Schvartzman, que para mí es el cientista social crítico más agudo de los primeros años del proceso de democratización.

Sin duda que el pensamiento social es un mote muy amplio con el que debe hacerse también justicia a varias disciplinas. Con el riesgo de soslayar varios nombres, citemos en la antropología a León Cadogan, Bartomeu Melià, Miguel Chase Sardi, y más recientemente Marilin Rehnfeldt, José Zanardini, Rodrigo Villagra, Aníbal Orué, Gloria Scappini o Patricio Dobrée. En un campo afín, que podríamos definir como el de la Teoría cultural, está Ticio Escobar que constituye una figura emblemática del pensamiento crítico y otros que podríamos referir como del campo de la crítica-estética como Lía Colombino o Charles Quevedo. En la filosofía política tenemos a Benjamín Arditi, Line Bareiro, José C. Rodríguez y más recientemente Sergio Cáceres. En la historia a Milda Rivarola, Juan Carlos Herken, y autores más recientes como Ignacio Telesca, Herib Caballero, Jorge Coronel o Carlos Gómez. En la economía a Dionisio Borda, Ricardo Rodríguez Silvero, Fernando Masi o Lila Molinier y últimamente autores innovadores como Verónica Serafini y Luis Rojas. Y en la sociología -campo disciplinario al que pertenezco- un incontable número de autores, desde Ramón Fogel, Luis Galeano, Roberto Céspedes, Tomás Palau (+), Marielle Palau, José N. Morínigo, Quintín Riquelme, Clyde Soto, Myrian González, entre muchos otros. Además, en todas las áreas de las ciencias sociales están surgiendo figuras promisorias tales como Celeste Gómez, Rocío Duarte, Anai Vera, Cecilia Vuyk, Ignacio González, Marcelo Bogado, entre otros.

Paraguay tuvo un desarrollo formidable no sólo de la producción intelectual desde la perspectiva crítica, sino que es una producción cada vez más anclada en el método científico que otorga un estatuto –epistémico– de gran envergadura al conocimiento de la realidad social.

Pareciera que la perspectiva desde la categoría “clase” comenzó a ser desvalorizada a partir de la caída del campo socialista en 1989. ¿Qué opinión te merece? 

luis-3Sin dudas que la caída del socialismo real conllevó una crisis de las ciencias sociales. La razón es que éstas al constituir “ciencias de estado” o bien, al pasar de producir teorías para movilizar “doctrinas” y constituir el sustento de regímenes políticos, perdieron la estimulación necesaria, propia de la crítica y la investigación empírica.

La categoría de clase, con su origen sobre todo marxiano -aunque también weberiano- atravesó por el descrédito y hasta la descalificación, por adosársele el calificativo de “ideológica” o “anacrónica”. Sin embargo, su fuerza heurística fue recuperada gracias al titánico esfuerzo de autores y escuelas contemporáneas a lo largo y ancho del campo académico mundial, mostrando su incidencia gravitante en la explicación de los problemas de producción y  persistencia de contradicciones tales como la desigualdad, la exclusión y la pobreza en la sociedad capitalista.

En este sentido, las ciencias sociales salieron fortalecidas de la crisis de fines del siglo XX renovando sus marcos conceptuales y sus estrategias metodológicas para apuntalar perspectivas críticas y renovar el abordaje de problemáticas que continúan teniendo vigencia en las sociedades contemporáneas que organizan su estructura productiva y sus sistemas distributivos con base en el mercado. Precisamente, cuando el poder público (el Estado) cede a las reglas del mercado o, por el contrario, interpone restricciones al mismo, las relaciones de clase y de poder toman configuraciones diferentes. Para esto las categorías de unas ciencias sociales críticas son cruciales, puesto que empujan a describir y explicar esas dinámicas buscando los factores no evidentes u ocultos en los procesos sociales e históricos, sin ceder a un pesimismo o conformismo del tipo “el fin de la historia” pero tampoco a esquemas fáciles y pueriles que resumen la complejidad de la realidad a clivajes del tipo “izquierda vs. derecha”.

En el prólogo del libro, Pablo Gentili dice que no solo se trata de denunciar la desigualdad, sino de conocer sus orígenes y sus múltiples causas para su reproducción. ¿En qué se resumen las mismas? 

Es difícil sintetizar la complejidad de los determinantes de la desigualdad. Sin embargo podemos indicar que cualquier forma de desigualdad tiene su historia. Es común en muchos análisis sobre la realidad social, soslayar e incluso ocultar la historia de la apropiación, de la concentración, de la legalización de los bienes y derechos adquiridos de manera forzosa, violenta y arbitraria… En este sentido, el análisis crítico de las instituciones -entre las que se halla una crucial cual es la propiedad- recurre a la historia para indagar, escrutar y deconstruir la legitimidad, es decir, la aceptación y crédito que esas instituciones cuentan ante los diferentes sectores de la sociedad.

En especial, el conocimiento de la naturaleza de la desigualdad de clase es urgente, porque en el análisis de diferentes problemáticas de nuestra sociedad (v.gr., las desigualdades de patrimonio e ingresos, las desigualdades educativas, entre otras) la distribución de los recursos y las oportunidades según los sectores sociales es la que mayor peso tiene en la explicación de la variación entre los individuos. Dicho de otro modo, es el factor que explica de modo gravitante y determinante la desigualdad social más pronunciada, la que más brecha y distancia genera entre los grupos sociales.

¿Cómo se lee la categoría de “oligarquía” desde el pensamiento crítico?

La discusión sobre la oligarquía es una discusión sobre la concentración del poder, sobre una lógica social en la que el poder está altamente concentrado y se traduce en formas de gobierno que no apuntala los derechos ciudadanos. El fundamento de esa concentración es social y económico, es decir, de clase, según la cual una(s) clase(es) social(es) privilegiada(s) captura(n) el poder político y lo ejerce(n) para la perpetuación de su condición de privilegio. La oligarquía como forma institucional de concentración del poder, puede valerse de la formalidad de la democracia representativa cuando las estructuras sociales adolecen de fuertes desigualdades, las cuales otorgan la condición de posibilidad a las clases privilegiadas de concentrar y mantener el poder.

¿Se puede afirmar, o no, que el Paraguay tiene una forma de gobierno oligárquico?

Lo tiene. Pero esta afirmación asertiva debe entenderse sobre la premisa de que hay una tensión constante y nunca resuelta entre una forma oligárquica de gobierno y la demanda social, de diferentes sectores de la sociedad, de acceso a la ciudadanía. Esto es importante resaltar para no caer en simplismos y caracterizaciones unilaterales según los cuales “los poderosos hacen lo que quieren”, dado que existen grupos y luchas comprometidos con la democratización. En este marco, es de rigor reconocer que nuestra formación social está marcada por la desigualdad social y ésta de clases, en la que la participación política presenta aún restricciones en términos del ejercicio del poder por ciudadanos, persistiendo -aunque también con cada vez menos fuerza- una lógica de relación política de tipo patronal o clientelar.

En suma, sobre una sociedad con fuertes desigualdades, la arbitrariedad y la discrecionalidad en el ejercicio del poder es aún recurrente, por ende la democracia carece de una institucionalidad ciudadana, instalada y fortalecida. Por ello yo planteo que la democracia es más un proceso que una situación definida; es un proyecto que concierne especialmente a los que dependen de ella para asegurar su inclusión social, su participación en la esfera pública y el mejoramiento de sus condiciones de vida. .

¿Hay prácticas y pensamientos de la gente -que llamamos pueblo o mayoría social- que sostienen esa forma de gobierno oligárquico?

Sin lugar a dudas que los diferentes sectores sociales, es decir, las clases en sus relaciones de fuerza, disputan también sentidos. En ocasiones se imponen sentidos aquiescentes con el modelo oligárquico mientras que en otras ocasiones se construyen sentidos disidentes. Es en el proceso político donde la forma de gobierno se traduce en oligárquica o ciudadana, es decir, cuando, por ejemplo, la demanda de las mayorías excluidas se expresan en la institucionalidad pública, el gobierno apuntala el ejercicio del poder hacia su distribución y  democratización, por lo tanto podemos decir que se pergeña un proyecto político democrático, mientras que si los intereses de minorías privilegiadas se expresan en una forma de gobierno que asegura esos privilegios y una institucionalidad pública favorable a la concentración económica, el proyecto político se caracteriza como oligárquico.

Sin una lucha constante y progresiva de las clases que históricamente fueron relegadas de los derechos de bienestar y ciudadanía, difícilmente el Estado pueda hacerse eco de esas demandas. Porque cuando los derechos sociales fueron institucionalizados en políticas públicas, aquí y en cualquier parte del mundo, es porque fueron resultados de luchas sociales, largas y duraderas. A esto podemos denominar conquistas sociales y constituyen los factores claves para entender el carácter ciudadano y democrático de los Estados modernos o bien su carácter oligárquico, en especial tratándose de América latina.

 

 

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