Mario Castells o la literatura paraguaya que se va

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Diálogo con el escritor Mario Castells, argentino de cultura paraguaya, nacido en Rosario y descendiente de pobladores de los humedales del Ñeembucú. Un paraguayo de río abajo.

El escritor Mario Castells se considera un escritor argentino de cultura paraguaya. Foto: ciclocarneargentina.blogspot.com.

El escritor Mario Castells se considera un escritor argentino de cultura paraguaya. Foto: ciclocarneargentina.blogspot.com.

Mario Castells es un tipo grande en todo sentido, grande de tamaño, grande de persona, lleva barba y una mirada de Júpiter tronante cuando quiere.

Podríamos suponer que sus varios heterónimos, como Juan Ignacio Cabrera o Miguel Ángel Soler, le fueron necesarios para abarcar tanta historia para contar que lleva en sí, como las historias de su tatarabuelo, veterano de la guerra de la Triple Alianza. Sobreviviente a duras penas de la contienda, este funda el arte  de contar historias en la familia de una generación a otra hasta que lo que era oral se volvió papel en el caso de Mario.

Pero cuando es Mario Castells, entre otros nombres, es intelectual militante también:

“En la prosa, en la narrativa, soy Mario Castells como así también cuando me asumo como intelectual porque fundamentalmente me asumo (así) desde que soy militante y eso desde hace mucho tiempo”.

Y entre literatura y militancia intelectual, su primer libro, editado en 2010, fue un libro hecho en colaboración con su hermano Carlos Castells: “Rafael Barrett, el humanismo libertario en el Paraguay de la era liberal”, publicado por CEALC-UNR de Rosario. Su segundo libro, de La Pulga Renga, editorial de la que es coeditor, es “Fiscal de Sangre”, con el heterónimo Juan Ignacio Cabrera y el tercero es la nouvelle premiada en Rosario “El mosto y la queresa”,que se presentará esta semana en el VII Taller Paraguay desde las Ciencias Sociales, del GESP-UBA, que se realizará en la Universidad Nacional del Este.

Javorái

La nouvelle es un javorái de historias familiares y experiencias propias rehilvanadas:

“Hay un montón de historias (además de la de los tíos) que forman parte de ese relato general que es la historia de Emigdio Rivarola, que no son de mis tíos. Una gran parte son relatos (…) de mi papá,  de mi primo Otto y también algunas mías, experiencias vividas por mí en el campo. Carla (su compañera) me define como un ladrón de caudales de la literatura, de blindados de la literatura. Soy un deudor total de los relatos orales”.

El personaje principal de la nouvelle es Emigdio Rivarola, quien vive en Laureles, Ñeembucú, como la familia de Mario y todo lo que lo caracteriza en su manera de ser sigue un perfil:

“En la tipografía, en el humor y en cierta descripción está marcado mayormente por la figura de mi tío Lorenzo Riveros”.

Sin embargo, el arte de coser y descoser personajes y las características de sus modelos reales llevó a crear todo un vecindario nuevo:

“El círculo que lo rodea, sus amigos, Juandé, Benito Corazón, son personajes reales al menos en nombre. Yo lo que hice fue mezclar características de uno… desdibujarlos, mezclarlos, taparlos en el javorái y tratar que se simulen y que el nombre sea de alguna manera un  emergente del paisaje y del medio”.

La tradición oral

Ninguno de estos personajes habría existido si no fueran deudores de la tradición oral del relato. En el caso de “El mosto y la queresa”, Mario retoma la manera de contar las historias que veía en sus tíos y la aplica sobre el papel:

“Después de mucho tiempo también me encontré que el método mismo con que escribí la novela es el método mismo con el cual proceden mis tíos los Riveros: tienen una costumbre muy linda, muy graciosa, que es que cada vez que van a contar un caso que le sucedió a un hermano lo cuentan como si le haya pasado a él. Entonces le meten, le aumentan lo que ellos también piensan de cuáles fueron sus reacciones ante un suceso determinado. Reconstruyen todo el tiempo la historia y agregándole el punto de vista siempre de la misma persona. Al final termina siendo la historia superior al caso porque todos le meten algo y cuando vuelve al que primero lo contó no lo vuelve a contar de la misma manera, sino que lo cuenta con el agregado de todo lo que pusieron los hermanos”.

La voz del relator la pone el hermano menor del personaje principal, el que reproduce tantas historias de paraguayos emigrados a la Argentina. Es una voz intelectual, de quien ha hecho otra vida y crecido en tierras lejanas como los personajes de “El mosto y la queresa”, que son unos entre las riberas de los ríos Paraguay y Paraná, en los humedales del Ñeembucú, y son otros muy distintos en las grandes ciudades de río abajo donde no llegan ni los aromas, ni los colores ni las aventuras vividas que le dieron identidad e historia y un lugar en la tierra y un nombre para que los nombren y lo reconozcan los demás.

Y aquí Mario Castells se sale del Huckleberry Finn paraguayo, que vive sus picardías y aventuras entre ríos y bañados, y hace una vuelta patente a esa otra mitad de la identidad del pueblo paraguayo, una vuelta a la parte que se va, que siempre como el río se va y está ahí a pesar de todo.

“La novela es una novela paraguaya escrita por un argentino, esa es mi definición. Mi cultura… o sea yo, estoy marcado por las dos nacionalidades, no puedo negar que soy argentino desde el mismo momento que hablo como rioplatense, pero (…)  también soy paraguayo, mi núcleo familiar, las historias que me formaron están muy marcadas por historias de mi familia, fundamentalmente de mi familia materna, de Laureles”.

La voz del migrante

Representa así en su nouvelle el rescate de las historias contadas por los que emigraron y, el tono de la voz del relator de cuando están allá, río arriba, o río abajo, como migrante, cambia radicalmente.

Por último, también nos cuenta el autor que las historias fueron contadas originalmente en guaraní, que el libro –inicialmente pensado como cuento– fue pensado al principio en guaraní o jopara, pero que el traspaso al papel y al castellano tuvo lo suyo de traición:

“Yo siempre intenté que no haya una traición, (aunque es) inevitable la traición cuando el registro de la oralidad pasa a la escritura, pero traté de que el guaraní impregne al castellano. Pero en otros momentos decidí mantener la fidelidad al propio guaraní. Por eso algunas frases las transcribo directamente en guaraní porque me parece que lo que se habla, lo que se cuenta, lo que se piensa en esa novela se hace en guaraní y el español, el castellano, estructurador del narrador, es una forma de tratar de traducir hacia un otro que no habla el guaraní”.

Queda así en el autor, en el intelectual, en el hijo de migrantes, la reflexión inevitable que provoca estas historias, incapaces de “patetismo”, graciosas pero de contenido fuerte, que resultan del despoblamiento paraguayo, de sus muchos exilios y de cómo la nacionalidad y la cultura paraguayas descansan en esa población rural que se va.

Paradójicamente, buena parte de la literatura paraguaya fue escrita en el exilio. Hoy Mario retoma esa tradición y en la Triple Frontera, en Ciudad del Este, este viernes 6 de mayo, a las 19:00 horas, nos presenta su nouvelle, en el campus de la universidad, muy cerca del mismo río que baja llevando nuestra gente y nuestra cultura al mar.

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