Lo normal: ese primer triunfo manicomial

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Hay que tener los ojos muy abiertos para ver las cosas como son;

aún más abiertos para verlas mejores de lo que son.

ANTONIO MACHADO

Por Agustín Barúa Caffarena*

Desmanicomialización: Palabra que nos enoja de larga, palabra incómoda, palabra que nos abochorna… difícil no trastrabillarla. En Caaguazú, un educador popular la traducía así: “ejedesencuadrá”.

No es antigua. La inventan en 1988, en el Departamento de Salud Mental de la provincia de Río Negro (Agentina), para nombrar al proceso de transformación del sistema de Salud Mental de esa provincia.

Este coloquio conecta con algo ya asociado: psicoanálisis y desmanicomialización. Foucault (1968) señaló que Freud fue “el primero que intentó borrar radicalmente la partición de lo positivo y de lo negativo (de lo normal y lo anormal, de lo comprensible y lo incomunicable, de lo significante y lo no – significante)”.

Buscando un tema para hoy

En el 2017 estuvo en Asunción Alan Robinson, un activista por los derechos locos y cuestionador del cuerdismo. En una entrevista3 decía “Tirarle piedras al manicomio se las tira cualquiera, pero cultivar la propia locura no la cultiva nadie porque implica enfrentar los propios miedos”. Esto me llevó a la pregunta: Para pensar lo manicomial ¿Cuáles serían tareas primeras?

En relación a esto, propongo que, como un modo de ingresar a lo (des)manicomial y su(s) crítica(s) para nuestra sociedad, pensemos lo normal.

Lo normal como norma

Atribuyen al antipsiquíatra húngaro Thomas Szasz esta definición de normalidad “Para la psiquiatría, la normalidad es como una hilera de repollos: quietos, iguales, callados”.

El homogeneizar como tarea psiquiátrica fundante ha sido cuestionado también por la psicoanalista australiana Joyce McDougall en su texto “Alegato por cierta anormalidad” (1996). La creadora de la noción de normopatías, señala que

(…) la convicción «de ser normal» es una defensa caracterial que traba la libertad de pensar. Se ha creado una coraza que lo protege contra todo despertar de sus conflictos neuróticos y psicóticos. Ese individuo respeta las reglas recibidas así como respeta las reglas de la sociedad, y no las transgrede nunca, ni siquiera en su imaginación.

Lo normal como lo familiar

Retomando a McDougall, ella propone que lo normal es lo conocido, lo que se hace «en casa», lo familiar, lo heimlich, en su doble sentido de cotidiano y doméstico, esa noción freudiana de «inquietante extrañeza» que se aprende en lo cercano, graficada en este relato que ella nos comparte

Recuerdo de pronto a un niño en el zoológico con su padre. El niño hacía de todo lo que no había que hacer, se inclinaba sobre el foso de los osos, tiraba piedritas a las focas, atropellaba a los que pasaban… Y el padre, exasperado, exclamó: «¡Cuántas veces habrá que decírtelo! ¡Compórtate como un ser humano!» El niño miró a su padre con un aire infinitamente triste: «Papá, ¿Qué hay que hacer para ser un ser humano?».

Lo normal como localía

En estos días grupos cuestionaron fuertemente la posibilidad de que el gobierno nacional adhiera al Pacto Mundial Migratorio4. Llama la atención esto pese a que en los últimos 150 años hemos sido rotundamente productores (¿expulsores?) de migrantes, y que aún tiene lugar la retórica de ser “un pueblo hospitalario”.

¿Porque lo migrante es tan rechazado? La antropóloga argentina María Carman (2011) señala que partiría de una concepción de un otro radicalmente otro con el cual es imposible tener algún punto de contacto, como si aquel estuviera en una constante batalla entre su humanidad y su animalidad. Aquí pareciera haber similitud con los muros normalidad – anormalidad

Ante la sedentarización de lo normal (o la normalización de lo sedentario) se han asociado dos condiciones a la locura: el movimiento y la reclusión. El antropólogo de la salud Ángel Martínez Hernáez (2007) escribe

El primero adquiere una de sus mejores representaciones en El Quijote, donde como es sabido el “insensato” se ve abocado a un errar continuo, pues aquello que trata de alcanzar es tan cercano y a la vez tan lejano como la propia fantasía. El segundo incluye entre otras fórmulas la imagen del manicomio como lugar de reclusión de no se sabe a ciencia cierta el qué – ¿la sinrazón, el caos, el desorden, el miedo, la disidencia, la diferencia?-, pero que persiste durante siglos como una forma de control social.

Lo normal como inmunidad

Soñar ser inmunes. El psiquiatra basagliano Franco Rotelli (2015) definía al manicomio como “el lugar del contagio originario”, el lugar cero del intercambio como forma desnuda de dominio.

La tutela, la internacion, tienen esa única finalidad: privar de los intercambios.

Lo normal como fortaleza

Ante la masividad de lo fuerte, desde el gym en cada esquina hasta el verbo “fortalecer” en cada objetivo de proyecto ¿Cuál puede ser el costo de despreciar y negar lo débil, lo frágil, lo sensible? El pedagogo Carlos Skliar (2017) remarca que “la normalidad es un artificio que sólo puede verse alterado por la experiencia de la fragilidad” (p. 93).

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Lo normal como apuro

Vamos pues a vernos uno de estos días” es una exclamación coloquial que expresa en apariencia una demanda pero muchas veces es voz resignada de todo encuentro. Sobre el “no tengo tiempo”, Skliar (2017) nos plantea

Aquello que está al otro lado de la normalidad no es la anormalidad sino el tiempo. O, dicho de otro modo, necesitamos de la normalidad cuando no tenemos tiempo para conversar. Si tuviéramos tiempo no necesitaríamos de la idea de lo normal. Pero como no hay tiempo, juzgamos” (p. 96).

Lo normal como verdad

La pretendida superioridad moral de lo normal se basa -siguiendo a Cohen y Natella (2013)– en 5 prejuicios sobre lo loco: peligrosidad, irreversibilidad, improductividad, incapacidad, cronicidad.

O sea: no cuida, no cambia, no genera, no puede, nunca.

Lo normal como lo natural

Esta superioridad tiene su principal sustento contemporáneo en la biología. Alain Ehrenberg (2004) muestra que a partir de la década de 1980 se han producido dos cambios substanciales

(…) por un lado, las enfermedades neurológicas y mentales comenzaron a ser abordadas y conceptualizadas por los mismos métodos y conceptos; al tiempo que, por otro, esas disciplinas han extendido su campo de acción a lo emocional, al comportamiento social y a los sentimientos morales (…) con pretensiones de predicción, explicación e intervención, no solo en los tradicionales problemas orgánicos, sino en los aspectos emocionales, cognoscitivos, sociales y morales.

Campelo y Astola (2017) proponen que este paradigma biológico podría considerarse más apropiadamente como “biocomercial”, dada la extraordinaria influencia que en su instauración y sobre todo en su mantenimiento tiene la industria farmacéutica, en busca de sus inmensos beneficios.

Lo normal como ganancia

Uno de los principales negocios de la normalidad es el maridazgo de la psiquiatría con las empresas farmacéuticas. Desde el bolígrafo y la carpeta al viaje exótico “regalados” por los laboratorios, Rendueles (2015), psiquiatra de Gijón, señala que es observable lo que el antropólogo Marcell Mauss entiende como la esencia de la economía del regalo o don: la que no espera reciprocidad con otro objeto sino mantener la relación de dependencia y agradecimiento.

Lo normal como frontera

A nunca traspasar, lo normal es el fin del camino, la vigilancia permanente de “no pasarse”.

Sin embargo, el filósofo catalán Eugenio Trías (1999:47) subvierte esta amenaza y construye otro lugar para lo fronterizo

El límite debe pensarse… como limes; o como espacio y lugar susceptible de ser habitado. Constituye una franja estrecha y frágil, un istmo. Pero en ese margen hay espacio suficiente para implantar la existencia.

Lo normal como completud

Ante los discursos de “excelencia” y “experticia”, poner en valor el signo de lo incompleto. Skliar (2009) nos habla de esta tensión

Hay aquí, por lo menos, un doble movimiento que podemos percibir: por un lado, el movimiento de pensar al otro como incompleto, de hacerlo incompleto, de fabricar y producir más y más su incompletud; por otro lado, el movimiento de completamiento, la necesidad de completamiento, la violencia del completamiento. El cambio de argumento, si es que lo hay, quizá se encuentre en el pensarnos como incompletud, en percibirnos como humanos en tanto y en cuanto somos incompletos, en que la incompletud, la finitud, el límite, la frontera, etc., son aquello que nos hace humanos. Y no lo contrario.

Lo normal como seguridad

El fin del riesgo. Leblanc (2004) en su texto “Las enfermedades del hombre normal”, afirma “una vida normal sería entonces una vida sin acontecimientos, sin líneas de escape alguna, en la cual no podría surgir ninguna contingencia puesto que no existiría ninguna negatividad”.

El psicoanalista Marcelo Percia (2004) plantea que el encierro manicomial clausura o restringe la inminencia “el psiquiátrico confina, medica, mata el tiempo. Vigila para que no pase una desgracia. El ideal institucional es que nada pase”.

Lo normal como genocidio

¿Puede empeorar? Puede. Platen-Hallermund (2007) nos recuerda que “Higiene de la raza”, era una materia obligatoria para estudiantes de medicina bajo el nacionalsocialismo alemán.

Los defensores de Nuremberg usaron como argumento la necesidad de liberar “el cuerpo del pueblo” del envenenamiento que significaban “los degenerados”.

Ha podido. Puede.

Esta necesidad de que el loco sea el otro

Unos ñatos locos no me impedirán ser senador”5 decía el empresario Horacio Cartes. En otro momento, el dirigente campesino Elvio Benítez hablaba “Consideramos nosotros que [Horacio] Cartes es un loco, pero que es bastante útil para el sector empresarial, para el sector que quiere manejar y saquear nuestro país a su manera y antojo”6.

Estas imágenes de lo normal, muestran un debate muy aun por darse en nuestra sociedad: el de la diversidad psíquica.

Ante esta exasperada disputa -que atraviesa todo el espectro ideológico- por quien es lo normal ¿Cómo hacer?, ¿Cómo ser? O las preguntas de Fernando Bárcena (2009)

¿Qué es la normalidad? Nada. ¿Quién es normal? Nadie. Aunque la diferencia hiere, y por eso nuestra primera reacción es negarla ¿Cómo combatir la imposición de la distinción normalidad – anormalidad? Habitando en el interior de la diferencia, siendo íntimo con ella. Con un gesto cotidiano quizás poético, quizás épico, de reconciliación, pues la reconciliación es parte del ejercicio de la comprensión, el único modo de sentirse en paz en el mundo.

En los talleres de rareza y desmanicomialización que realizamos, afirmamos que la locura produce tres verbos claves para lo humano: crear, arriesgar, cambiar. Nada menos que de estos tres nos priva, el despotismo de lo normal.

*Agustín Barúa Caffarena. Psiquiatra de Atención Primaria de Salud y antropólogo. Integrante de Noîmbái y de ALAMES Paraguay.

Bibliografía

. Bárcena, F. (2009). Diario de un aprendiz. Barcelona: Paginas Centrales, La Central.

. Campelo, J. G. V., & Astola, A. V. (2017). Despsiquiatrizar la cultura como necesidad ineludible para un cambio social emancipatorio./Depsychiatrice culture as an inescaple need for an emancipatory social changeKamchatka. Revista de análisis cultural., (10), 407-423.

. Carman, M. (2011). La distancia física y la distancia social. Revista Topia. XXI(61), pp. 7 – 8.

. Cohen, H., Natella, G. (2013). La Desmanicomialización: crónica de la reforma del Sistema de Salud Mental en Río Negro. Lugar Editorial.

. Ehrenberg, A. (2004). “Le sujet cerebral”, Esprit. Las guerres du sujet, noviembre, 133-155.

. Freud, S. (1979). Lo ominoso, 1919. Obras Completas, Vol. Buenos Aires.

. Le Blanc, G. (2010). Las enfermedades del hombre normal. Nueva Visión.

. Martínez Hernáez, A. (2007). “’Le Prozac est la meilleure de toutes les

inventions’. Biopolitiques, antidépresseurs et autres ‘sorcelleries’ du capitalismo

tardif en Catalogne”. Socio-Anthropologie, 21:69-86.

. Mauss, M. (2009). Ensayo sobre el don: forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas. (Vol. 3063). Katz Editores.

. McDougall, J. (1996). Alegato por una cierta anormalidad. Paidós.

. Percia, M. (2004). Deliberar las psicosis. Lugar Editorial.

. Platen-Hallermund, A., & Mársico, G. (2007). El exterminio de enfermos mentales en la Alemania nazi. Nueva Visión.

. Rendueles, G. (2015). Del psicofármaco como mercancía: don, retribución, gorroneo. Norte de Salud Mental13(52), 44-58.

. Rotelli, F. (2015). Vivir sin manicomios: La experiencia de Trieste. Editorial Topía.

. Skliar, C. (2009). Poner en tela de juicio la normalidad, no la anormalidad. Políticas y falta de políticas en relación con las diferencias en educación. Revista Educación y pedagogía17(41), 11-22.

. Skliar, C. (2017). Pedagogía de las diferencias. Centro de Publicaciones educativas y Material Didáctico: Buenos Aires.

. Trias, E. (1999) La razón Fronteriza, Barcelona. Ed Destino.

1 Agustín Barúa Caffarena. Psiquiatra de Atención Primaria de Salud y antropólogo. Integrante de Noîmbái y de ALAMES Paraguay.

2 Trabajo presentado en el Coloquio “Desmanicomialización y Psicoanálisis”. Bosque Cultural. 21 de diciembre del 2018.

3 http://ea.com.py/v2/el-baldio/es-mas-facil-estar-en-contra-del-manicomio-que-a-favor-de-la-locura/

4 https://www.ultimahora.com/organizaciones-provida-y-profamilia-convocan-debate-pacto-migratorio-n2785850.html

5 https://telefuturo.com.py/noticia/25346-Cartes-Unos-atos-locos-no-me-impedir%C3%A1n-ser-senador

6 https://www.ultimahora.com/elvio-benitez-reconoce-que-mantienen-una-alianza-y-trato-loco-cartes-n981696.html

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