Libro sobre Curuguaty de Julio Benegas fue editado en portugués

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“La Masacre de Curuguaty. Golpe Sicario en Paraguay” de Julio Benegas Vidallet fue editado en portugues por la Fundación Perseu Abramo en el marco de su colección Expresión Popular.

Es una alegría y también un aliciente”, expuso el periodista y escritor recordando que la edición tiene prólogo de Joao Pedro Stedile, secretario general del Movimiento Sin Tierras (MST) del Brasil.

Ellos apreciaron la propuesta y le dan una importancia que creo le corresponde porque con Brasil tenemos una cosa muy en común que es la cuestión de la tierra”, comentó Benegas. “Les gustó la narrativa y la posibilidad de acercar el mundo campesino paraguayo en un libro pero principalmente les causa también un asombro y una preocupación general la absoluta impunidad con que se maneja el estado paraguayo con los campesinos”, expuso.

Vale recordar que para reconstruir los hechos narrados en “Masacre…” Benegas estuvo en el terreno, habló con los ocupantes de las tierras, con los policías, recogió los informes independientes y oficiales y los expone en este libro necesario.

Periodista, escritor, dirigente sindical, activista cultural, este reconocido talento nacional invirtió recursos propios para hacer esta edición de autor que ya tiene traducción al inglés en espera de una pronta impresión.

Qué pasó en Curuguaty

Vale recordar que murieron 17 personas aquel 15 de junio de 2012, 11 campesinos y 6 policías en un hecho que el Estado no investiga convenientemente. Hasta hoy se sospecha que se infiltraron tiradores para provocar las muertes con el afán de hacer caer el gobierno de Fernando Lugo, tal como ocurriera 7 días después el 22 de junio.

Para tener un poco de contexto vale señalar que hay 300.000 campesinos sin tierra en el Paraguay mientras que el 85,5% de las tierras están en manos del 2,6% de los propietarios, en la más injusta distribución de tierras del mundo.

La masacre de Curuguaty.

Golpe sicario en Paraguay

Julio Benegas Vidallet

(Fragmento)

Una bala en la cabeza de la primera línea del comando policial lo derrumbó. Antes escuchó o creyó escuchar ho’a Fermín, ho’a Castro1. En el centro de la estampida, en la desorientación de los combatientes, cayó sin amparo. No se hubiera imaginado jamás aquel desenlace, aun habiéndose preparado para vencer o morir. Habían llegado a la decisión de no abandonar la ocupación de esas tierras en caso de que las autoridades no trajeran los papeles que acreditaran la presunta propiedad de Blas N. Riquelme. Aun con esa decisión, los ocupantes de Marina Kue esperaban un diálogo con las autoridades, como era habitual. No esperaban que un comando de 324 efectivos policiales, encabezado por el Grupo Especial de Operaciones, ingresara por dos accesos a ese barranco donde se extendían las precarias carpas de la ocupación con la orden inequívoca de sacarlos a como dé lugar. Sobre el puente del arroyo habían extendido una barrera ante la anunciada incursión armada. Ahí esperarían y de ahí, según decidieron, no se moverían. Unos días antes, el comisario Arnaldo Sanabria les había advertido que un enorme grupo armado ingresaría a sacarlos, acompañado de varias ambulancias. “Ikuentave pegueru cajón la orenohẽ haguã ko’águi”2, le habría dicho Rubén Villalba. Una semana antes, un emisario del Ministerio de Interior intentó persuadirlos de salir por las buenas de aquel sitio, de donde ya habían desalojado en cinco ocasiones a los sintierras. “Yvy’ỹre mba’éicha roikóta, mba’e rojapóta”3, le respondieron los ocupantes. Muchos recuerdan que aquel emisario les dijo que era mejor que fueran a Asunción a vender galletitas y caramelos antes que aferrarse a esa tierra…

1 Cayó Castro, cayó Fermín.

2 Es mejor que traigan cajones si quieren sacarnos de acá.

3 Sin tierra cómo viviremos, qué haremos.

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