La lectura como acto político

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El reciente foro del libro es una iniciativa loable en un país donde el Estado no tiene política educativa para la lectura en tiempos de internet.

Por Arístides Ortiz Duarte

“El libro como instrumento imprescindible para crear ciudadanía”, fue el lema del Primer Foro Internacional del Libro, realizado en Asunción del 5 al  8 de setiembre pasados, organizado por la novel Asociación Literaria Arandu y el Centro Cultural Juan de Salazar.

Son tiempos más que difíciles para la lectura profunda de textos impreso y digital. El adjetivo “profunda” es para diferenciarla de la superficial.

Superficial es la lectura del vistazo al título y, tal vez, a las primeras tres líneas de un texto escrito. La de la falta de contexto, pese a la superabundancia de textos en las redes. La de muchas veces mirar letras y palabras pero no verlas ni leerlas.  Es la lectura del picoteo de tres o cuatro palabras en Facebook y Wasap. La que es útil para la vida operativa pero no para la cognitiva ni la del saber.

Profunda es la lectura de los textos largos de 200, 300 o 400 páginas, sean digitales o impresos, hoy misterios inexcrutables para la mayoría de los mortales. Una lectura que exige silencio, recogimiento del espíritu y concentración. Un fluir del pensamiento por  el tejido de letras y palabras que estimula la imaginación. Un estado -la imaginación- que solo se consigue con la concentración profunda de la mente. Una concentración imprescindible para dar a luz ideas, creaciones y formar ciudadanos inteligentes para las relaciones de poder.

Si la lectura profunda de textos impresos en escuelas y colegios públicos y privados ya era difícil y escasa antes de la irrupción de internet en nuestras vidas,  hoy el asunto se nos presenta como un imposible.

Según un estudio de la plataforma Apple difundido en el 2017, las personas de 12 años para arriba desbloquean sus celulares un mínimo de 80 veces por día y un máximo de 130, en un frenético juego de inclinar y endereza la nuca cada 10 minutos que obstruye casi toda posibilidad de concentración.  Y son varias las investigaciones y los estudios que han revelado en los últimos 5 años que sí, hay más lectores en el mundo, pero esos lectores -niños, adultos y ancianos- cada vez leen menos tiempo.

La tendencia es que la cosa empeorará, porque la nueva Economía de la atención, creada y desarrollada por las grandes plataformas como Facebook, Apple, Google y Amazon, tiene como objetivo capturar nuestra atención, no para dirigirla hacia cosas que nos convengan, sino para la venta infinita de nuestros datos de vida a las empresas, las que luego nos venden, con precisión científica, lo que íntima y profundamente deseamos, incluyendo ideas políticas.

Consciente de que las grandes plataformas de internet se han apropiado de la atención de sus ciudadanos a través de los celulares, el Estado francés promulgó una reciente ley que prohibe su uso en las escuelas y colegios públicos y privados. Y no solo roban atención, según el considerando de esta ley: también esterilizan la capacidad de empatía de las personas para las relaciones humanas.

¿Habrán tomado nota el Ministerio de Educación y Ciencia, la Secretaría Nacional de Cultura y la Secretaría de Tecnologías de la Información y Comunicación de que internet ha cambiado para siempre nuestra forma de leer y de vivir? Si el Estado y sus instituciones responsables siquiera desarrollan políticas serias para la lectura de textos impresos, es poco probable que estén pensando en desarrollar nuevas políticas de lectura en tiempos de la red.

Ante un Estado ausente en la necesaria promoción y estimulación de la lectura profunda, no solo para las instituciones educativas sino para toda la ciudadanía, la iniciativa desde la sociedad civil expresada en el Primer Foro Internacional del Libro es muy oportuna y tiene un alto valor.  Puede servir para discutir con fuerza el tema y abrir la posibilidad de que empresas editoriales, gremios de escritores, periodistas y educadores, intelectuales y todos los amantes de la lectura se alíen con el objetivo de proponer y exigir al Estado que aborde con seriedad la lectura como parte esencial de la construcción democrática.

Lo de “esencial” para la democracia alude a que la lectura profunda permite al ciudadano y ciudadana informarse y formarse con contexto de lo que pasa en el país y el planeta, una condición imprescindible para tomar correctas decisiones en los momentos de elección de autoridades y debates y manifestaciones políticos y públicos.  No es exagerado afirmar que la calidad o precariedad democrática de un país depende del nivel de lectura de sus ciudadanos.

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