Historias del Espacio Sajonia XXI

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Por Miguel Méndez

Los que, lastimosamente, aún guardan memoria de aquel centro cultural; gestionado por vecinos, artistas y estudiantes de la facultad de Filosofía de la Universidad Nacional, a altas horas de la noche, bien entrada la madrugada y luego de varios tragos, cuentan historias acerca de lo que sucedía en aquel lugar, considerado por muchos solo un antro más de la decadente ciudad de Asunción del siglo pasado.

Existen dos líneas precisas que siguen las narraciones de estos pobres huérfanos de éxito y fama, la primera la de “Los Memorablistas” y la segunda, la de “Los Intrascendentistas”.

Los primeros insisten que la historia de aquel lugar se hizo a partir de hechos memorables, insólitos, grandes, que deberían estar inscriptos en los mármoles de la patria.Otro Espacio 1

Los segundos, por el contrario, señalan que, más bien, la historia de aquel tugurio se debe a la sucesión de hechos simples, minúsculos e intrascendentes.

En medio de interminables discusiones sin sentido, los Memorablistas esgrimen que el concierto de inauguración a cargo de la Kalele Blues Band en homenaje a Charly García marca un hito en la historia de aquel sitio.

Los Instracendentistas se ríen de este pretendido hito, para ellos es mucho más importante una anécdota cualquiera, como aquella en la cual durante un concierto del recordado Chester Swann y del gran Alberto Rodas, el segundo le rompe una cuerda a la guitarra prestada del primero, lo que desencadena que Swann, al terminar el concierto, fuera visto persiguiendo a Rodas, por unos minutos en los alrededores de la barra, en una situación más que cómica y que solo fue divisada por tres o cuatro parroquianos. Para los Intrascendentistas, este sí es un hecho que marca un antes y un después en cualquier narración que se tenga que hacer de la historia del Espacio Sajonia. Dicen: “Decime en qué otro lugar podías ver en aquella época de Asunción a dos próceres del rock nacional persiguiéndose una noche cualquiera por un motivo tan nimio, en ninguno.”

Como es de esperar, los Memorablistas se sulfuran ante argumentos como este y disparan, cerveza de por medio, con su sarta de hechos memorables, esgrimen que el local nunca recibió apoyo público, que todo se resolvía por consenso y no por votos, que ahí se desarrollaron innumerables muestras de arte, peñas poéticas y conciertos, que ahí nació un semanario cultural que duró cinco años, que ahí…. Todos hechos memorables para ellos.

Los Intrascendentistas no paran de reír ante estas y otras tesis. Para ellos, mucho más importante que esos hechos son otras situaciones, como la vez que se decoró el único baño del lugar con obras de arte, o la vez en que en medio de un concierto en homenaje a Sabina se escuchó un “¡A la puta!” más fuerte que el estridente sonido de la banda y que resultó ser el encargado de pasar las diapositivas, al cual se le habían caído estas. Insisten que estos hechos efímeros son los que marcaron el tiempo del lugar.

Asimismo, ambos grupos no se ponen de acuerdo al respecto de las polladas poéticas, eventos que se realizaban para recaudar fondos a objeto de pagar el alquiler y en los cuales se vendían presas de pollo acompañadas de un papel con versos de algún olvidable poeta. Ninguno de los dos grupos defiende estos eventos en sus narraciones y cada uno se los adjudica al otro.

Otro EspacioNo ocurre lo mismo con la vez en la cual uno de los habitúes del lugar se comió una copa de vino y luego pidió que le pusieran música de Jimi Hendrix. Los Memorablistas, a ultranza exponen que este fue un hecho intrínsecamente memorable, los del otro grupo dicen que si bien es un hecho importante, su importancia radica en que fue un hecho intrascendente.

En noches como esta, las discusiones entre estos dos grupos continúan hasta casi rasgar el velo del amanecer, sin llegar a ningún acuerdo, incluso se cuestionan acerca de la naturaleza misma de la existencia de aquel Centro, para unos fue un hecho memorable, para los otros, ya lo sabemos.

 

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