Gustavo Codas: “La ofensiva de la derecha en Brasil y en América Latina “es un fiasco”

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Por Julio Benegas Vidallet

Lo afirma Gustavo Codas, director de Itaipú durante el gobierno de Fernando Lugo, y ahora nuevamente “repatriado” en Brasil. Según él, Luis Inacio “Lula” Da Silva y el Partido de los Trabajadores (PT) recuperaron fuerza popular porque la gente común siente una enorme diferencia entre el período progresista y esta etapa de la reacción crudamente neoliberal. Aquí la entrevista.

-Vos, que estás al tanto de la política brasilera, ¿qué pensás?. ¿Lo sueltan a Lula? ¿Lo dejan correr en las elecciones?

  • La prisión de Lula tiene por objetivo evitar que sea candidato en las elecciones de octubre. Todas las encuestas, desde hace meses indican, y cada vez con porcentajes más contundentes, que caso Lula sea candidato será electo. En el 2016 fuerzas de derecha dieron un golpe de Estado para retirar al PT del gobierno. Impedir la candidatura de Lula es el capítulo final de aquel golpe. Como esas fuerzas controlan los tres poderes estatales más la prensa y los gremios empresariales, no tendría sentido que no completaran este año lo que iniciaron en aquél.

-De las imputaciones, ¿qué hay de verdad y qué de mentira?.

  • El caso por el que está hoy preso es una farsa. Lo condenaron apenas por lo que declaró un empresario que cambió varias veces su versión hasta que se ajustó a lo que la fiscalía y el juez Moro le exigían que dijera. Pero no había ninguna prueba. Era su palabra contra la de Lula. Peor. Lo acusaron de recibir una “coima” por favorecer a una empresa cuando él ya no tenía ningún cargo en el gobierno. Es más, la supuesta “coima” (un apartamento en una playa paulista) nunca estuvo a su nombre ni fue usado por él. Y nunca fue identificado cuál habría sido el supuesto “favor” que le habría hecho a la empresa. Pero en el proceso el fiscal afirmó que no hacían falta pruebas, porque ellos tenían la “convicción” de la culpabilidad de Lula.

-¿En Brasil, existen figuras que puedan sustituir en parte, grande o pequeña, a la de Lula?

  • No. El país está muy polarizado. Las dos principales figuras son Lula por el progresismo, muy al frente en las encuestas, y el ex-capitán Bolsonaro por la extrema derecha, en segundo lugar, pero lejos del primero. El centro ha tendido a desaparecer porque las fuerzas conservadoras más tradicionales, a lo largo de 2013-2016, con el objetivo de quitar al PT del gobierno, estimularon el extremismo político e ideológico y tuvieron éxito. Resultado: los extremistas – como Bolsonaro – conquistaron buena parte de sus bases electorales.

-¿El PT oficializará la candidatura de Lula?

  • El PT va a mantener la candidatura Lula e inscribirla el 15 de agosto. Hay mucha polémica sobre lo que pasaría a seguir, caso se respeten la ley y el debido proceso. Pero ciertamente aquellas fuerzas van a operar para su impugnación. Qué va a pasar entonces? Lula y el PT designarán a otro candidato? Caso eso ocurra, cuánto de la preferencia electoral de Lula irá para ese candidato? Son todas incógnitas.

-¿En qué creés que avanzó la sociedad brasilera, fundamentalmente, con los gobiernos progresistas?

  • Los gobiernos del PT cambiaron muchas cosas en las políticas públicas y mejoraron la vida de la gente. El país tuvo un protagonismo internacional y regional inédito, ganó grados de soberanía en el escenario internacional, implementó políticas sociales que quitaron a grandes contingentes de la pobreza, creó millones de empleos formales y propició el aumento real del salario mínimo en 70%. Promovió una revolución en la educación universitaria – en esos años se crearon y ampliaron más universidades públicas que en todo el resto de la historia de la república (o sea, desde 1889) – promoviendo el ingreso de sectores hasta entonces excluidos. Esos cambios agudizaron conflictos dentro de la sociedad. Y sectores empresariales y segmentos de la clase media pasaron a moverse por el miedo.

-¿Miedo a qué, por ejemplo?

  • Miedo de perder status, por ejemplo. Cuando el gobierno Dilma, una escritora de la alta sociedad publicó una columna donde decía que ya no valía la pena ir a Paris porque el portero de su edificio iba de paseo a esa ciudad, que lo más chuchi ahora era quedarse en Rio a leer un buen libro. Miedo de los empresarios de que mismo ganando dinero con las políticas industriales, el Estado brasilero defina las prioridades del desarrollo nacional y no los inversionistas privados y el capital internacional. De esos y otros miedos generaron una reacción contra el PT, a pesar de que no habían perdido materialmente nada.

-¿Qué cosas fundamentales han rodado para atrás desde aquella destitución de Dilma?.

  • Ha habido retrocesos en prácticamente todos los ámbitos. El país desapareció del escenario mundial y regional. El gobierno está implementando programas de privatización que significan una nueva extranjerización de la economía. Hubo recortes de todos los programas sociales. El desempleo y la pobreza volvieron a crecer. Han reaparecido epidemias vinculadas al empobrecimiento de la población y a los recortes de los programas de salud.

-¿Cuál es el programa específico de la reacción brasilera?

  • Una vuelta al pasado neoliberal. Con recortes de derechos y privatizaciones. Con promesas de que si a los ricos les va bien, va a “gotear” hacia los pobres. Un programa fracasado pero que volvió aprovechando las contradicciones de la experiencia progresista. Entre otras, que el progresismo para cumplir su programa necesita de hacer cambios estructurales en la economía y la sociedad. Para eso hace falta politizar a la sociedad. El PT fue víctima de un discurso que tuvo resultados electorales – que iba a gobernar para que todos ganen – pero que desarmó el debate público sobre que aquellos que más ganan tienen que pagar más impuestos y sus intereses deben ser afectados en casos de interés social. A los primeros problemas de la gestión económica, la derecha manipuló a la opinión pública contra el gobierno, mezclando eso – las dificultades económicas – con el discurso de que el PT sería el culpable de casos de corrupción. Arrebató a una parte de la opinión pública y a otra la paralizó, abriendo espacios para el golpe parlamentario. Solo después del golpe de estado es que las cosas comenzaron a aclararse para la opinión pública. Que el interés de quitar al PT del gobierno era implementar un programa antipopular. Que las acusaciones de corrupción son manipuladas para afectar a figuras del PT exclusivamente.

-¿Por lo que conocés de Brasil, cuál es tu pronóstico sobre el futuro de Lula y el progresismo petista?.

  • Los meses que vienen serán vertiginosos. No hay nada sólido en el escenario político brasilero. Lo que podemos afirmar es que tanto Lula como, el PT continúan teniendo un potencial enorme, y están recuperando prestigio y fuerza política. Después de más de 3 años de masacre continua por los medios de comunicación y de “guerra judicial” eso es impresionante. Y se debe a que el común de la gente compara lo que fue el país y su propia vida con los gobiernos del PT y lo que está siendo ahora. El contraste es brutal.

-Finalmente, ¿creés que puede haber una nueva oleada progresista en la región y cómo ves, en ese escenario, a Paraguay?

  • Lo que podemos afirmar creo yo es que la ofensiva de la derecha está siendo un fiasco. El mejor ejemplo es Argentina. Macri , la gran promesa de la modernidad neoliberal, llevó el país a un despeñadero y ahora enfrenta un desgaste político acelerado. El otro ejemplo es México, donde un candidato progresista derrotó no solo al candidato del actual gobierno neoliberal, sino también a su recambio conservador. El fracaso del gobierno de Horacio Cartes está dentro de ese contexto. Pero no hay derrota completa del neoliberalismo sin alternativa progresista. En Paraguay tuvimos a lo largo de los últimos 5 años posibilidades de proyectar esa alternativa de forma potente, pero aún no cuajó. Como el nuevo gobierno colorado tiene toda la pinta de ser mera continuidad, así que pase la novedad, el mismo problema se va a colocar: no hay proyecto neoliberal válido para nuestros pueblos. La alternativa progresista continúa como materia pendiente.

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