De cómo Asunción se quedó sin tranvías y tranviarios

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Coindiciendo con la aparición de  las represas hidroeléctricas, Asunción fue perdiendo paradojicamente su sistema de transporte eléctrico. En el siglo pasado, sus trabajadores conformaron uno de los sindicatos más combativos, que fue desarticulado por el estronismo. Este es un extracto de esa historia relatada en “El último de los tranviarios”, libro de Jorge Coronel Prosman.

Foto del libro "El último tranviario", de Jorge Coronel.

Foto del libro “El último tranviario”, de Jorge Coronel.

“Objeto de todas las conversaciones es y lo será por mucho tiempo, la implantación del servicio de tranvía eléctrico en nuestra capital”, expresaba el desaparecido periódico El País de Paraguay, el 13 de junio de 1913. Celebraba que quedarían atrás los tranvías tirados a mula, que daban a la ciudad de Asunción “un aspecto de aldea”.  En gran parte del siglo XX, se constituyeron en toda una postal capitalina. Para las generaciones más recientes, este medio de transporte es un ser prehistórico, que solo conocieron mediante el “fósil” expuesto a un costado de la plaza uruguaya. Dejó circular oficialmente en 1998, pero su decadencia empezó mucho tiempo antes. Paradójicamente, el transporte eléctrico paraguayo empieza a desaparecer, cuando inicia el desarrollo de la industria eléctrica del país, con la construcción de la represa de Acaray, señala Jorge Coronel Prosman en su libro lanzado ayer, “El último de los tranviarios”.

Detrás de aquellas máquinas que se desplazaban sobre las líneas de acero que surcaban la ciudad, y que transportaron a generaciones, se encuentran personajes anónimos que fueron desplazados de los libros de historia. Mucho se ha escrito sobre el desarrollo del sector eléctrico en Paraguay, dice Coronel, pero nunca de los protagonistas olvidados, “a la gente de abajo, a los hombres y mujeres sin historia, pero que han hecho con sus manos, todo lo grande que es la industria eléctrica en nuestro país”.

Pelea por el reconocimiento

En la historia del movimiento obrero paraguayo, el sindicato del sector eléctrico representado por la Asociación Tranviaria, fue uno de los sindicatos más organizados y que sobrevivió a las distintas turbulencias políticas del siglo pasado, hasta que el estronismo logró eliminarlo.

El 28 de noviembre de 1910, el Congreso paraguayo autoriza a Compañía Americana de Luz y Tracción (CALT), con sede en Buenos Aires, el servicio eléctrico, alumbrado público y tranvía eléctrico en Asunción y alrededores. La empresa instala la usina a leña que serviría para generar energía en el barrio Sajonia.

La clase trabajadora empieza a organizarse en sindicatos en esta parte del mundo a inicios del 1900.  Antes de conformarse oficialmente, los trabajadores del sector eléctrico ya habían protagonizado diversos conflictos laborales, se registraron al menos 4 huelgas entre 1907 y 1914, ya sea por aumento salarial o en solidaridad con otros sectores.

En 1914 se funda la primera Sociedad de Conductores de Vehículos y Motormans. La CALT rechazó inicialmente el petitorio de la conformación sindical, y por muchos años activaron clandestinamente. Apenas iniciaron, se llamaron a huelga, exigiendo su reconocimiento. Se integraron a la Central Obrera Regional del Paraguay (CORP), de tendencia anarquista. Este primer intento culminó el 1 de febrero de 1917, cuando en medio de reclamos de derechos laborales, fueron acusados por la patronal de perpetrar un “criminal atentado” contra las instalaciones de la caldera de Sajonia, reprimiendo a los obreros y aniquilando la organización.

Dos años después los trabajadores se reorganizaron clandestinamente, iniciando nuevamente largas jornadas de huelga exigiendo aumentos salariales. La mano de la policía y los “rompehuelga” produjeron muertos y heridos entre los manifestantes. Tras 45 días, obtuvieron el aumento, pero la organización fue descabezada y los dirigentes desterrados.

Foto del libro "El último tranviario", de Jorge Coronel.

Foto del libro “El último tranviario”, de Jorge Coronel.

Huelgas  

De 1921 a 1936 se generan prolongados conflictos en busca del reconocimiento sindical y por mejoras laborales, cambiando en varias ocasiones el nombre de la organización.

En 1921, exigen a la patronal el aumento salarial y mejoras de las condiciones laborales principalmente. Inicia una nueva huelga, a la que se suma la CORP posteriormente. En ese conflicto es secuestrado y torturado por el gobierno de Manuel Franco el dirigente tranviario Martín Correa. Lo dejan en una pequeña isla de lado argentino del Pilcomayo, le advirtieron que no retorne.

En 1923 se llama a una nueva huelga por mejoras salariales que se extendió por más de 5 meses hasta principios del 24, en cuyo transcurso se sumaron a medidas de fuerza en solidaridad con otros gremios, y por las 8 horas de jornada laboral que era una lucha a nivel mundial. La protesta dejó 1 muerto. La empresa pidió la intervención del ejército, pero finalmente tuvo que llegar a un acuerdo con los obreros.

La Asociación Tranviaria

De octubre de 1936 a enero de 1937 estalla otra dura huelga, durante el gobierno revolucionario de Rafael Franco. “La CALT no acepta fallo alguno, nunca respetó a la población de la capital. Hemos esperado mucho, hemos agotado los recursos legales y conciliatorios establecidos (…) En nuestros hogares hay hambre”, refiere un comunicado de los trabajadores que hacía referencia a que la Dirección Nacional del Trabajo (DNT) les había dado la razón, pero sin embargo la empresa no acataba. La empresa negaba dar aumento salarial y reconocer a la Asociación Tranviaria (AT) como representante de trabajadores del sector. Los obreros lograron apoyo de la ciudadanía y otros gremios, de zapateros, albañiles, panaderos, carpinteros, estudiantes, transporte y otros. “Nuestro conflicto no es solo una cuestión gremial, sino una cuestión nacional”, decían, reclamando libertad de organización y acción dentro de la empresa, cumplir jornadas de 8 horas, el fin de contratos provisorios y aumento salarial escalonado.

La prensa asuncena se sumó a las críticas a la CALT.  Además, los excombatientes de la Guerra del Chaco, acusaron al a empresa de haber “declarado la guerra al pueblo paraguayo”. Según los mismo, la compañía estaba acostumbrada a la explotación sin límites y a imponer su voluntad por sobre todas las leyes del país.

La compañía se negaba a mostrar sus libros de contabilidad para demostrar que no había ingresos suficientes para los aumentos. El diario “El Día”, criticaba concesión de 70 años que le había brindado ilegalmente, según el medio, el presidente Eusebio Ayala a la CALT. Denunciaba que la misma cobraba un descomunal alquiler por el medidor de consumo, usufructuando millones, de tener las instalaciones más baratas, pero vender la luz más cara del mundo. “Esta infeliz empresa cobra por 4 kilómetros de tranvía un pasaje de 2 $”, decía.

En medio de la tormenta, la CALT propone parar las actividades, para desestabilizar al gobierno. Tras 2 meses de huelga, se logra el acuerdo. Se reconoce a la AT como vocero de los trabajadores del sector eléctrico, también aseguran que se limitarán las jornadas a 8 horas laborales y se brindará el aumento salarial del 60 %, entre otros puntos.

Nacionalización

Este arduo conflicto con la multinacional generó amplios debates y por primera vez en los periódicos de la época se propone la nacionalización del sector eléctrico. Había quejas por el servicio de alumbrado público, por los prolongados cortes y el servicio deficiente de los tranvías. También se criticaba el mal trato a los trabajadores y la exigua remuneración que recibían. La empresa no reconocía a ninguna autoridad para controlar sus actividades.

El número de tranvías en vez de ir creciendo por aumento de demanda iba disminuyendo. De 50 unidades existentes en 1918, solo quedaban 22 en 1948. También se habían inhabilitado trayectos en Tuyucua y San Lorenzo.

Por pedidos de trabajadores de la CALT al gobierno de Higinio Morínigo, se inicio el proceso de nacionalización que culminó dos presidencias después, con Felipe Molas López.

tranvia 2Precarización laboral

Según el sindicalista tranviario Francisco Romero Campuzano, entrevistado para el libro de Coronel, recién con la nacionalización cambio radicalmente la situación del trabajador del sector eléctrico, se empezaron a cumplir las 8 horas de trabajo, y no como antes 10 a 12 horas diarias, se aumentó el salario, vacaciones pagas, IPS.

El trabajo en las usinas y las calderas eran los más penosos. Allí donde los fogistas se dedicaban a mantener a base de miles de toneladas de leña la presión necesaria para generar energía. Era un trabajo “literalmente en las puertas del infierno”, según Coronel. Con escasas condiciones de seguridad o equipamiento, descalzos, y con chiripas como único atuendo. Esta situación no mejoraría con la nacionalización.

Stroessner

Con la llegada de la dictadura de Alfredo Stroessner, la Asociación Tranviaria da sus últimas grandes batallas. En este periodo, los líderes obreros y comunistas fueron los más tenaz y sistemáticamente reprimidos. Como método de dominación, se instaló el terrorismo de Estado y el miedo en la vida cotidiana. La policía abrió una “sección obrera”, que se encargaba de vigilar e informar sobre actividades sindicales.

Huelga del 58

Uno de los hitos del movimiento obrero en la dictadura fue la huelga del 58, una de las más grandes de la historia, y también el inicio de su declive. La protesta estaba motivada por el pedido de aumento de 29 %, levantamiento estado de sitio y el pedido de una constituyente. El gobierno otorgó un aumento del 5 % del salario mínimo, la ANR pidió a sus correligionarios abandonar la medida de fuerza. Desde el sector oficialista, políticos y empresarios, se acusaba de desestabilizadores a los organizadores. Situaciones que parecen repetirse en estos días. La huelga inició el 27 de agosto de 1958, con un acatamiento del 80 %. El 1 de setiembre vino la represión. Oficialmente se levantaría la medida el 9 de setiembre. A continuación, la Central Paraguaya de Trabajadores (CPT) fue intervenida. Su presidente, Vicente Cortesi, – diputado colorado que apoyo la reelección de Stroessner- fue detenido y obligado a firmar la declaración del levantamiento de la huelga. De esta manera la dictadura consolidó su control en el movimiento trabajador y se dedicó a reprimir a los pocos sindicatos independientes que quedaron.

tranviaPersecución a los tranviarios

En medio de este panorama, la AT fue atacada sistemáticamente por el estronismo. Vivió el hostigamiento por su posicionamiento cuestionador y critico no alineado a las posiciones del sindicalismo oficialista, y también se vio afectado en un momento por las disputas internas del partido colorado, cuyas facciones también se habían adentrado en el gremio, donde la correinte opositora estaba identificada con el que fuera administrador del Banco Central, Epifanio Méndez Fleitas.

Se instalaron nuevas directivas para ir limpiando la dirigencia crítica y empotrar a leales a la patronal. El excesivo acercamiento de directivos de la ya por entonces denominada Administración Nacional de Electricidad (Ande) habría cuestionamientos al interior de la organización, por la injerencia patronal en el gremio. Empezaron a ser acusados de “epifanistas”.

Pero fue fueron dos hechos puntuales los que le dieron las últimas horas de vida a la histórica AT.

Accidente

Mediados de de 1957. Un tranvía tiene choca con un auto. Del automóvil baja un tal Capitán Solís, ayudante del jefe de policía. Con prepotencia, el hombre baja con un arma en mano y agrede al motormans que manejaba el transporte eléctrico. Esta situación generó la reacción de sus compañeros de trabajo que se movilizaron, logrando la solidaridad de otros sectores otros de la Ande y gremios de panaderos y ferrocarrileros. La pelea estuvo encabezada por Emilio Reynal, quien luego sería expulsado del país, y por los dirigentes tranviarios Carmelo Ríos, Ciriaco Ramírez e Ítalo Corina. 8 dirigentes fueron detenidos y remitidos a la central de policía, siendo amenazados y golpeados. La policía acusó a la AT de “infiltración comunista”. Los dirigentes fueron liberados luego, pero posteriormente en represalia 3 dirigentes de base serían exiliados, mientras el resto sería trasladado en funciones.

3 de junio de 1959 asume como presidente en la ANDE el ingeniero Enzo Debernardi, coindiciendo con el proyecto de construcción de la hidroeléctrica Acaray. Entre los objetivos del nuevo asignado estaba hacer desaparecer al gremio tranviario, por ser incompatible a los planes de control de la empresa. En esta labor fue fundamental, el Dr. Sabino Augusto Montanaro, asesor jurídico de la empresa.

El servicio del tranvía empezó su agonía. Era claro que no se potenciaría la explotación del transporte eléctrico. Se suspendieron itinerarios, se desplazaron trabajadores del sector. El fiero capitán Pablo Gómez, fue asignado a la usina de Sajonia, con su filosofía “al jefe no se le discute”.

Foto del libro "El último tranviario", de Jorge Coronel.

Trabajadores de la usina de Sajonia. Foto del libro “El último tranviario”, de Jorge Coronel.

Explosión

En Sajonia, los accidentes laborales eran comunes, pues los equipos ya estaban obsoletos. La precariedad y explotación laboral que continuaba, despertaba la reacción de los trabajadores y la consiguiente represión de los administradores.

El 21 de junio de 1954 se registra una explosión en la caldera de la usina esparciendo vapores a más de 450 grados centígrados. Esto generó la muerte de 5 hombres y graves secuelas a los demás obreros. Ninguna familia recibió indemnización alguna.

Prohibición sindical

A esta situación se le sumaron trabajas a la organización gremial. Se les prohibió a los dirigentes de la AT ingresar a los lugares de trabajo junto a sus afiliados. En 1961 se prohibieron los sindicatos de la función pública, por una ley confeccionada por Sabino Augusto Montanaro. Y para incrementar el conflicto, se negaron los cobros de cuotas sindicales con las que se sostenía la Asociación.

Ante esta seria de problemas, el 24 de setiembre los trabajadores deciden llamar a una huelga de 24 horas, para terminar con las sanciones, por la libertad de organización y por la reactivación de los tranvías parados. El gobierno los acusó de “epifanistas”, “ideologizados”, “tener intereses foráneos”, etc.

Hicieron llegar sus reclamos a la DNT, que analizo los pedidos y pidió levantar la huelga argumentando no poder tomar una resolución inmediata. Los trabajadores respondieron que no podían levantar la medida sin consultar a una asamblea.

Detenciones

Al volver al local de la Asociación, ubicada entonces en Tacuari y Paraguayo Independiente, lo encontraron rodeado de civiles y policías. Todos fueron detenidos, incluyendo directivos, delegados y asesores sindicales. Fueron obligados a marchar en fila de a uno hasta Departamento de Investigaciones. El gobierno resolvió intervenir el gremio. Destituyó las autoridades y anunció el levantamiento de la huelga. Hizo de “intermediadora” a la propia CPT, ya totalmente copada por estronistas, en la intervención. Los dirigentes detenidos fueron obligados a renunciar a la AT, así como cada delegado.

Tras 24 horas detención, fueron liberados. La unidad de la legendaria AT se resquebrajo. La Dirección de Trabajo amenazó con despedir a quienes no acudían al trabajo. Debernardi acusó que la huelga “tenía objetivos políticos claros”, así como recientemente ministros de Horacio Cartes se refirieron a la huelga programada para el 26 de marzo.

Los dirigentes sindicales fueron separados de sus cargos dentro de los servicios de tranvía. Fueron aislados y sancionados por mínimas faltas. Se realizaron despedidos con denuncias orquestadas o acusaciones de “subversión”. En los registros de la Ande figuran las resoluciones de supuesta “aceptación de renuncia”, las cuales se deban de manera masiva en un mismo día. En contrapartida, los colaboradores fueron premiados.

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Lo que quedó del último tranvía de Asunción.

De esta manera, tras decenas de huelgas, manifestaciones, muertes y represiones, conquistas y fracasos, desaparece de los registros de la CPT la Asociación Tranviaria.

Como estocada final, los directivos de la Ande promovieron la creación de una nueva entidad, la Asociación mutual de personal de la Ande, Ampande, la cual sería integrada por el mismo Debernardi y los gerentes. Esto, como contrapeso al sindicato.

El secretario general de la AT, Máximo Gómez, acusó que la “asociación mutual que se proponía no era una organización obrera, sino de directores y patrones”, según registra el Archivo del terror.

A 4 meses de la huelga y la cruenta represión, el 15 de febrero de 1962 nace la Ampande.

En 1966 la Ande se desligó formalmente del servicio de tranvía cuando se creó la Administración de Transporte Eléctrico ATE.

El último tranvía eléctrico circuló por las calles de Asunción el 31 de diciembre de 1996.

Los trabajadores del sector eléctrico siguieron organizados más compartimentados, en distintos sectores de la empresa. Con el tiempo, fue articulándose una nueva camada de líderes que dieron pie a la fundación del Sindicato de Trabajadores de la Ande (Sitrande), tras la caída de la dictadura.

Jorge Coronel en la presentación. Foto: Diana Coronel.

Jorge Coronel en la presentación. Foto: Diana Coronel.

Presentación

En la noche del viernes fue presentado el libro “El último tranviario: O Cómo el stronismo destruyó al sindicato del sector eléctrico”. La presentación la realizó Ignació Telesca; junto al senador Hugo Richer; el secretario general de la CUT-A, Bernardo Rojas; y José Pineda, titular de Sitrande.

El libro que relata la historia de la Asociación Tranviaria cuenta con una importante cantidad de material documental, recortes de prensa de la época y fotografías nunca antes difundidas.

El autor, Jorge Coronel Prosman, dijo a modo de conclusión, que no basta con tener organización, dirigentes que  se jueguen e infraestructura, cuando un gobierno tiene la decisión política de acabar con un sindicato. Es necesario que los dirigentes que sepan leer lo que pasa. Aseguró que los momentos que se viven actualmente, con el contexto de la huelga general programada para el 26 de marzo, son bastante similares a las que vivieron los trabajadores tranviarios en la dictadura.

Advirtió a los trabajadores que no se dejen utilizar por los partidos, “los partidos te utilizan y te largan”.

El libro fue financiado por Sitrande e impreso por la editorial Arandura.

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