Cosmofonía: una sociedad es un entramado de complejidades sonoras

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Aproximación conceptual al universo sonoro de los pueblos originarios.

Por Guillermo Sequera*

 

 “El conocimiento debe ayudar a crear mundos”

Anna Arendt

Este artículo se origina a partir de la búsqueda de un concepto más amplio que pueda englobar la invención sonora creada por los pueblos originarios. Considero que el concepto de “música” es una nominación más acorde con la llamada cultura occidental. La Cosmofonía, en la definición que se sugiere, se compone de dos vocablos: cosmos, el universo todo; y fonía, sonido, ambos de etimología griega. El vocablo Cosmofonía responde a la aproximación del desarrollo del conocimiento de lo sonoro desde su explicación referente al origen, creación, producción, reproducción y administración cultural del universo sonoro. ¿Por qué dicha propuesta en su nominación? Porque el término de (musike), música en su definición genérica por sus expresiones instrumentales y diversidad de formas, en su acepción expresa con más exactitud  la cultura musical occidental basada en la creación musical de autor, de carácter individual creativo.

Sabemos que la música occidental fue transportada a estas regiones ya en los albores del despojo de la conquista bajo el flujo de las metrópolis coloniales hacia sus territorios dominados. Su propia población administradora sus dominios necesitaba practicar el gozo musical: música y danza de corte en sus diferentes formas. La música y sus diferentes maneras de expresión, tanto de uso social religioso o profano, era utilizada como medio ideológico en los procesos de transmisión y efecto multiplicador de la dominación sobre  la población indígena. Sin embargo, en la experiencia de reducción misionera, la población nativa supo adoptar y seleccionar técnicas de expresión, pero con matices propios. Esta experiencia, con el correr de los tiempos, fue tomando variantes diferentes hasta ganar una “identidad”, un sello propio.

Las expresiones sonoras “anónimas”, propias del ejercicio colectivo de crear y compartir bienes comunes de expresión, son creaciones de las culturas tradicionales originarias. Las tradiciones sonoras de dichas culturas se remontan en la noche de los tiempos. Según nuestra propia búsqueda, se hace difícil datar e identificar los tiempos exactos de su origen sonoro y sus diferentes formas de expresión. En este sentido, el uso del término propuesto (Cosmofonía) ayuda a expandir su comprensión, más aún teniendo en cuenta que se trata de conocer mejor la cultura de la percepción del mundo sonoro en su conjunto y bucear con mayor profundidad en la capacidad inventiva de combinaciones sonoras y la complejidad de situaciones. Estas culturas basamentan sus ejercicios perceptivos y de comprensión del universo en la oralidad –con las altas cualidades humanas que implica el refinamiento perceptivo desarrollado en el ejercicio de la oralidad– ante aquellas más propensas a la cultura de lo gráfico.

La explosión sonora

Ahora bien, cómo definir el origen paradigmático de qué antecede a qué: el discurso sonoro o el discurso verbal. Qué fenómeno aparece primero. Podríamos responder simplemente en un sentido común que primero aparece el big bang y luego la actitud de la mímesis humana, que rememora o reproduce el sonido de la naturaleza. En esto cabe notar nuestra experiencia de escuchar técnicas vocales (mbree: cantos-cuentos) Aché en boca de un prestidigitador de la interpretación de su repertorio como Martin Japegi, quien al interpretar sus cantos-cuentos nos recordaba los glissando del superagudo al grave, o la inversa, presentando similitudes notables con las técnicas vocales del teatro Nô japonés.

Son muchos los ejemplos dados por la exposición de ese sonoro mosaico que ofrecen las culturas indígenas del Paraguay, en los que el equilibrio naturaleza-cultura se representa en su dimensión sonora no solo por reproducción onomatopéyicas bajo técnicas vocales, o en la utilización instrumental con el fin de exhibir las particularidades de vocalizaciones de aves, ranas, mamíferos, insectos o reptiles. Estos ejemplos de empatía fónica con la naturaleza se expresan en muchas culturas humanas.

Es notable la reproducción de vocalizaciones de la fauna por parte del cazador utilizando las trampas sonoras emitidas vocalmente para atraer a las especies más codiciadas y capturarlas a través del sonido. En años de trabajo de campo y colectas nos hemos dado cuenta de la complejidad de fenómenos que apuran a redoblar la aplicación al estudio comparativo de fuentes y explicaciones posibles. A manera de muestra, podemos opinar que la búsqueda de lo sonoro lleva al pensamiento mítico. Es decir, lo mítico en su acepción de relatos, “historias”, bajo diferentes títulos de relatos que definan lo sonoro y sus múltiples formas de entendimiento cultural y de explicación. Solo en ese aspecto podemos intuir lo altamente complejo de la puesta en valor de las culturas indígenas del Paraguay. Y nada tiene que ver su verdadera puesta en valor con la promoción estereotipada del mercado. La intención responsable debe ser compartida y acordada con los deseos profundos de las poblaciones marginadas.

También resulta oportuno dar cuenta del hecho de que la propuesta de abordaje desde el concepto de Cosmofonía se origina con la propia “percepción participante” llevada a cabo en las comunidades, tanto chaqueñas como las de la Región Oriental. Dicha “percepción participante”, parafraseando la feliz definición propuesta por Bronislaw Malinowski en su convivencia con las poblaciones de Argonautas del Pacífico Occidental entre 1914-1918, constituye un significado de vital pertinencia y que aquí en lugar de observación se fundamenta en el acto de percibir in-loco (lo local).

La percepción de lo invisible

Por un lado podríamos resaltar la necesidad de desarrollar una institucionalidad pública para desarrollar un conocimiento de estas “culturas condenadas”, como las calificara Augusto Roa Bastos al titular uno de sus libros. Esas instituciones, que a mi criterio aún no existen, son necesarias para revisar nuestras propias taxonomías. Por ejemplo, la clasificación de las culturas patrimoniales como físicos, patrimonio tangible, y patrimonios no físicos, intangibles. Y lo intangible se refiere a lo que no se ve: lo sonoro, en este caso. Lo sonoro se percibe, pero no se ve.

La relación de una cultura con su naturaleza clama por un esfuerzo de plantear un entendimiento integral del ecosistema sonoro en toda su red de interacciones.

La relación de una cultura con su naturaleza clama por un esfuerzo de plantear un entendimiento integral del ecosistema sonoro en toda su red de interacciones.

Con la salvedad de los registros y reproducciones, lo percibimos, pero no lo vemos. Deberíamos prestar mayor atención a proteger, a tomar medidas institucionales de salvaguardia  debido al hecho de que la cultura sonora es frágil y está sujeta a riesgos de sustitución, lo cual conlleva al peligro de extinción. En el presente las comunidades culturales indígenas soportan el bombardeo sistemático y la polución sonora del entorno, que empuja a estas a una situación de estrés constante.

Los modelos de representación son modelos de comportamiento individualista (“cada uno para sí y Dios para todos”). El capitalismo cultural y económico choca con las referencias tradicionales de estas culturas, que se fundamentan en valores y principios de solidaridad, de ayuda colectiva, de aportes creativos en el intercambio de sabidurías, conocimientos y técnicas. La ausencia de instituciones públicas que cumplan su rol hace parte de un devenir en que la existencia misma de estas poblaciones está en entredicho. La exclusión cultural de los “soterrados” ha quebrantado la subsistencia de miles de familias que tuvieron que transformarse en residuos. “La sociedad nos ve como basura y no nos queda de otra que vivir con la basura, por la basura y para la basura”, expresaba con tristeza un indígena de la Región Oriental.

Poniendo de relieve la Cosmofonía, pretendemos resaltar elementos culturales característicos que hacen parte de esa complicada trama en la urdimbre del tejido humano, con sus contradicciones y desigualdades insoportables. La aproximación cosmofónica, la intención de estudio cosmofónico de una cultura sonora dada, clama por muchas formas de conocimientos que ayuden a consagrar un re-conocimiento. Este mismo re-conocimiento de lo propio impulsa a muchas comunidades culturales a resistir y obstinarse en hacer frente a la brutalidad.

La relación de una cultura con su naturaleza clama por un esfuerzo de plantear un entendimiento integral del ecosistema sonoro en toda su red de interacciones. Entre la fuerza de la gravedad, existen procesos caóticos de destrucción y agotamiento de recursos para la vida. Esto provoca la degradación acelerada de la salud colectiva de dichas poblaciones y la consecuente reducción o pérdida de los bienes culturales y sus ricas expresiones ceremoniales, que demuestran la fuerza de la invención colectiva.

El segregacionismo ha destruido sus hábitats tradicionales bajo el manto del “desarrollo” y la “modernidad” a través de la invasión de soja y ganadería en sus territorios. A su paso, las maquinarias también hacen un destroncamiento cultural. Pero esto no constituye un tipo de externalidad más. Podemos afirmar que existe una intención explícita de extirpar de raíz toda partícula que pueda generar un “despertar global” de las comunidades culturales ante su porvenir.

La destrucción de suelos, agua, bosques, cultivos, semillas nativas es al mismo tiempo la destrucción de una cultura. (O de muchas culturas). Entonces, ¿qué impacto se produce en el equilibrio de las cosmofonías indígenas? Se trata de un resquebrajamiento sonoro que socava sus cimientos culturales más fundamentales.

Entendemos que las sociedades humanas experimentan procesos de cambios, de transformaciones.  Y lo sonoro no escapa a dichos procesos. Pero lo sonoro en una sociedad no se expresa de una sola manera. Su esencia es la diversidad y complejidad. De ahí resulta la pertinencia de que la sociedad paraguaya, si aspira a ser una sociedad justa y sin exclusiones, se reconozca como un conjunto de cosmofonías sonoras y musicales.

 

*Antropólogo y etnomusicólogo

 

Ka’asapa, documental sobre los mbyá-guaraní en cuya investigación participó Guillermo Sequera.

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