¿Cómo combatir los daños de la adicción a la tecnología?

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Un estudio de una universidad de los Estados Unidos alerta sobre los efectos negativos de la adicción a los smartphones y las redes sociales. Asimismo, propone algunos métodos para sortear las trampas que los gigantes de la tecnología utilizan para desviar la atención hacia contenidos triviales y hasta perniciosos. 

Por Paulo César López

 

La investigación de la Universidad Estatal de San Francisco (EEUU), realizada por los profesores Erik Peper y Richard Harvey, advierte que la adicción a los smartphones y la tecnología digital resulta asimilable al uso abusivo de drogas. El principal hallazgo que destaca el estudio, titulado “Digital Addiction: Increased Loneliness, Anxiety, and Depression” y publicado en la revista Neuroregulation de la International Society for Neurofeedback and Research, es que las conexiones neurológicas en el cerebro de las personas adictas al uso de smartphones son similares a las registradas en usuarios de sustancias opiáceas.

Los autores indican que las personas adictas a la tecnología sufren de efectos negativos en sus relaciones sociales que las llevan a experimentar sentimientos de aislamiento, soledad, depresión y ansiedad.

El principal instrumento de medición que utilizaron los responsables de la indagación es una encuesta a 135 estudiantes de la universidad a fin de cuantificar la relación entre la frecuencia del uso de los teléfonos inteligentes y la aparición de los citados estados emocionales.

Los investigadores sostienen que la soledad es en parte consecuencia del reemplazo de los vínculos directos (face-to-face interaction) por otras formas de comunicación que no incluyen el lenguaje corporal y otros signos que se dan en la relación directa entre las personas.

El descanso y la regeneración

Por otro lado, subrayan que la salud es la alternancia entre la actividad y la regeneración, por lo que la manipulación constante de los dispositivos tecnológicos (incluyendo el momento de las comidas) también causa degeneraciones neuronales.

“Nuestro sistema nervioso, al igual que nuestro sistema muscular, se desarrolla cuando hay suficiente tiempo para regenerarse después estar estresado. Un estrés continuado o una estimulación continua sin tiempo para regenerarse provoca enfermedades y muerte de las neuronas”, afirman.

Asimismo, la realización de múltiples tareas (multi-tasking), como supuesta manera de optimizar el tiempo y aumentar la productividad, en realidad provoca un efecto inverso (semi-tasking), pues la efectividad se reduce a menos de la mitad en comparación a si se enfoca la atención en una actividad a la vez.

Cuantitativamente, en una escala de 0 al 10 –de nunca a siempre–, las personas consultadas que utilizaban sus teléfonos en un promedio de menos a más del 30% del tiempo mientras estaban en grupo experimentaban un sentimiento de aislamiento y soledad en un valor referencial de 3 a 5,5. Una tendencia similar fue comprobada con los sentimientos de depresión y ansiedad. Tomando el mismo porcentaje de tiempo, la ratio verificada fue de 3,2-4,8 y 4,9 y 6,8, respectivamente.

Peper y Harvey añaden que los sentimientos de soledad incrementan los riesgos de muerte en un 30%. Esto ha disparado la alarma al punto de que ya se ha acuñado el término “phoneliness” para definir este cuadro de desorden mental. Aunque la expresión aún no exista en español, un neologismo que podría ensayarse es el de “fonosoledad”.

Lucros corporativos

Los responsables del estudio, no obstante, evitan echar la culpa a quienes padecen este problema y apuntan como la causa principal a una estrategia deliberada de negocios de las corporaciones tecnológicas.

“Más visualizaciones y más clicks equivalen a más dinero. El cambio en la estimulación visual, especialmente en la visión periférica, nos impulsa a orientarnos en la causa de los cambios visuales. En el pasado los cambios periféricos nos indicaban que había algo en lo cual debíamos prestar atención. Podía ser un tigre que nos estaba acechando o un posible enemigo. Ahora los cambios de visualización hacia las pantallas han secuestrado nuestro sistema de vigilancia, que evolucionó a lo largo de millones de años para nuestra supervivencia. Mirar y ser capturado por la pantalla se ha convertido ahora en una trampa evolutiva”, aseveran.

Por ello, toman como motivo de preocupación para la salud pública los daños a largo plazo que la adicción a internet y los smartphones provocan, lo cual podría ser peor que la dependencia a los opiáceos. Entre los efectos enumeran que la adicción a la tecnología reduce la interacción con otras personas, afecta las regulaciones emocionales, aumenta los déficits de atención y disminuye la iniciativa propia (“proactividad versus conducta reactiva”), en perjuicio de la salud y el bienestar.

Qué hacer

Pero nada de esto resulta irreversible y como cualquier hábito puede ser cambiado. Los autores resaltan que el primer paso es identificar que las compañías tecnológicas manipulan nuestras respuestas biológicas innatas al peligro para explotar comercialmente nuestra atención.

Algunas de las sugerencias que brinda la publicación para combatir este tipo de dependencia son:

-Desactivar las notificaciones durante las horas de trabajo o estudio.

-Agendar un horario específico para abrir las cuentas de correo electrónico, Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, etc.

-Proponerse responder los mensajes solo en determinados horarios. Por ejemplo, una hora durante la mañana y otra durante la tarde.

-Desconectarse cuando la atención está al máximo. Para la mayoría de las personas esto se da durante las mañanas, por lo que se debería priorizar en este periodo el trabajo creativo y luego responder los mensajes cuando la atención y concentración han disminuido.

-Apagar los dispositivos durante los encuentros y eventos sociales.

-Hacerse de un tiempo libre sin estimulación para la autorreflexión y regeneración.

-Pero no todo debe ser muy serio y aburrido. También se plantea un divertido desafío. Cuando se está en una ronda de amigos, como una cena, proponer que todos pongan sus teléfonos en el centro de la mesa y que el primero en tocar el suyo antes de que la comida termine deba pagar la cuenta.

Foto: ORGANIFI

El estudio está disponible en el siguiente enlace: http://www.neuroregulation.org/article/view/18189/11842

 

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