Apuntes de un encuentro en la chacra del “Pepe” Mujica

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 Por Arturo Peña

Es domingo ya entrando la noche. El taxi se desliza por la avenida de la Rambla de Montevideo con destino al centro. Con Carlos, taxista de unos 60 y pico, montevideano de pura cepa, vamos conversando de todo un poco. Me cuenta que Nacional juega en esos días la Sudamericana y Peñarol va puntero a nivel local. Le pregunto: ¿Qué opinas del “Pepe” Mujica? Mira de reojo: “Ahh.. ese es un gran señor ¿eh? Un ejemplo de honestidad. Pudo haber hecho mucho más, pero su entorno… Se lo quiere mucho, a pesar de que hay que gente que lo critica por la ropa… ¡Imaginate!”. Esa semana, justamente, teníamos pautada la entrevista con ese “gran señor”. Seguimos avanzando y charlando. Unas grandes nubes flotan ahí en lo alto, sobre el Río de Plata, como una bella amenaza.

Pasa el lunes y la lluvia no llega; el martes amanece espléndido, un clima ideal para salir de la ciudad, específicamente hacia Rincón del Cerro, a unos 40 minutos del centro del Montevideo, donde se encuentra la granja que en su momento fue la “residencia presidencial” de José “Pepe” Mujica, y que hoy es la “residencia vicepresidencial”, ya que allí convive con su esposa, Lucía Topolansky, actual vicepresidenta del Uruguay.

La Asociación de residentes paraguayos pone gentilmente a disposición una camioneta para el traslado. El viaje es muy tranquilo y no puedo evitar hacer la comparación con la tortuosa salida de Asunción por Acceso Sur o ruta Mcal. Estigarribia.

Tras hacer un desvío de un par de kilómetros desde la ruta principal, llegamos. En una pequeña caseta de guardia se ve gente. Un policía nos recibe y comenta que Mujica está allí hablando un tema con uno de los encargados. Minutos después, el “Pepe” sale y saluda. Camina pausado y lleva unos pantalones azules con algunos manchones de barro. María, su secretaria desde hace más de dos décadas -que viajó con nosotros- nos presenta.

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Nos invita a pasar y mientras emprendemos la caminata le pregunto a Mujica qué cambió de su vida en este tiempo que ya no va al senado. “No mucho, acá viene mucha gente todo el día”, comenta. Nos acomodamos en unos sillones que hay frente a la vivienda, uno de madera y otro “reciclado”, hecho con tapitas de gaseosa, bien colorinche. Uno de sus perros se instala en medio de la ronda y reposa tranquilamente.

Tiene una especie de remiendo bien rústico en uno de los dedos de la mano. ¿Qué Pepe:Manosle pasó?, pregunto. “Trabajo la tierra. Mirá estas manos con esto (el parche). Estas no son comunes. Las manos son las responsables de mucho del desarrollo. Esta herramienta es brutal”, responde.

 

El esquema que había preparado para la entrevista se deshace en las primeras preguntas: ¿Qué le evoca el escuchar hablar sobre el Paraguay? Mujica inicia un monólogo que parte desde las raíces guaraníes de nuestros pueblos, pasa por las guerras jesuíticas, el asilo de Artigas y llega hasta la Guerra Grande. La reflexión sigue, se extiende. Algo en mi dice ‘”se te va la nota”, pero opto por cerrar mi agenda cerebral y dedicarme a escuchar y grabar. ¡Cómo encasillar esa experiencia en el esquema de un aburrido cuestionario!

“Es muy fuerte la herencia histórica que tenemos, por lo menos para los que buceamos un poco en la historia de nuestra América. Han pasado muchas cosas”, cierra la reflexión.

La “entrevista”, de forma espontánea, se torna amena charla. La presión se esfuma.

Pepe:Cachivaches 1

La situación del mundo le preocupa y ve el futuro con la mirada holística de un sabio. “Inevitablemente el mundo que viene va a girar entre la fuerza de la inteligencia y la fuerza del capital y con nuevos desafíos, muy duros. Mi generación tuvo que vivir bajo el peligro del holocausto nuclear. Le preguntaron a Einstein hace muchos años cómo sería la tercera guerra mundial, y dijo no sé, lo que tengo claro es que la cuarta va a ser a pedradas. Y eso quedo latente ahí, por suerte, y sigue estando como amenaza”, reflexiona.

“El mundo universitario tiene que tener más claro que si la inteligencia no se transforma en voluntad política, eso es muy grave. Y hay que hablar de estas cosas con la inteligencia. Se pueden cometer disparates si uno ignora, el problema es que estamos haciendo disparates sabiendo. Por lo menos la parte más lúcida, científica de la humanidad, sabe. Nos atolondramos nosotros mismos. Hacemos disparates a troche y moche. Hemos inventado la megalópolis. Habría que hacerse esta pregunta: ¿Puede la masa de hombres ser más feliz en una megalópolis y tardar 3 o 4 horas por día para ir a trabajar? Espacio sobra, pero nadie se hace la pregunta, cómo puede ser más feliz el hombre, entonces hacemos unas gigantescas ciudades y después como todos están apurados tienen que tener auto y después de tanto auto no pueden pasar por las calles, como ciudad de México que hay atascos de 3, 4 horas”, agrega.

Pepe:Yerba“Yo estoy convencido que el papel que atribuíamos hace unos años al proletariado y a los trabajadores se va ir deslizando hacia un mundo que está en el piso de las universidades, porque la economía contemporánea cada vez va a necesitar trabajadores calificados, son los que van a dejar más plusvalía, y esos trabajadores tienen por un lado la enorme ventaja de ser más cultivados y tienen también una debilidad, ser menos primitivos, más débiles ante las contingencias de la vida. Van a ser los depositarios de la inteligencia, gran papel. Pero tienen un desafío, terminarán domesticados trabajando para alguna multinacional o serán capaces de conducir a nuestra sociedad a una capitalización propia y en un grado mayor de justicia social”.

También valora los avances: “Vivimos 40 años más de promedio que hace un siglo, ¡la puta! El que ame la vida… Eso también hay que reconocerlo, porque lo que yo te estoy diciendo no es la panacea de meterse adentro de una cueva o ser ermita, lo que estoy estableciendo es que hay que ponerse límites. El viejo concepto griego, nada en demasía. No puede ser la locura que tengo que acumular plata y pin, pin, pin y la vida es eso, joda. No, no, hay que asegurarse un pasar, hay que tener techo, hay que tener comida garantizada, hay que atender la salud pero no te matés después”.

Justamente, en varias entrevistas se ha hecho hincapié en la forma humilde en que Mujica vive en su granja. Sin embargo, no es un estilo de vida que haya optado tras acceder a los sitiales del poder político. En realidad, lleva viviendo así desde hace más 40 años. Le explico un punto de vista mío, de que su forma de vivir estando en el poder generó un contraste muy evidente con la imagen que tenemos del político -“representante del pueblo”- promedio en la región, que vive tras murallones y rodeado de guardias. “Yo tengo la riqueza más grande que se puede tener, y con todos mis defectos que también los tengo, vivo como pienso, y ese es un lujo que no se da en el mundo de hoy. Me hicieron fama de presidente pobre. ¡Mentira!, yo no soy pobre. Soy sobrio, y hace rato que tengo claro ciertas cosas. No soy pobre, soy sobrio, tengo una manera sobria de vivir con lo necesario y punto. No me complico la vida con eso”, responde.

Pepe:Leña

Rescato algunos temas de la agenda desarticulada. El Mercosur, la política en la región… Volvemos a hablar del Paraguay. ¿Le gustaría vivir en Paraguay?.. “Mucha calor”, responde sin dudar. Habla de una posible visita antes de fin de año, por una invitación que tiene y María lo confirma. No puedo sacarle el dato preciso y pregunto: ¿es por la película? “No, no, es por otra cosa. Yo la película no tengo nada que ver”, dice sonriendo. Recientemente estuvo en gira por Europa en coincidencia con el estreno de “El Pepe, una vida suprema”, del director serbio Emir Kusturica, en Venecia. Lo recibieron como una estrella de cine, fotos, entrevistas… “Me tuve que bancar todo eso, pero…”, afirma, dando a entender que fue suficiente.

“Ya me habían hecho una película hacía tiempo. Pero hay una película en que yo no aparezco, que hicieron dos botijas españoles, “Frágil… -piensa, tratando de recordar- Equilibrio”… -le completa su secretaria. Esa es una película bárbara. Vinieron y me hicieron un reportaje largo y del reportaje toman ciertos relatos, pero después ponen imágenes del mundo, sacan imágenes de dos ejecutivos de Japón, de los negros intentando saltar las vallas de Melilla; en realidad toman el contenido de lo que te estoy diciendo y lo trasladan. Esa película tiene un mensaje con imágenes”, recuerda.

Pepe:Cachivaches

El reloj corre y la conversación parece llegar a su fin, pero Mujica nos sorprende invitándonos a pasar a tomar algo, un vasito de ron, de muy buen ron. Pasamos a la vivienda. Él mismo saca una cubeta de hielo en cubitos de la heladera y sirve una ronda. “Les voy a mostrar un pequeño tesoro que tengo”, dice, y saca un bolso verde y de su interior, unas agendas. “¿Saben de quien es esto?”, pregunta. Entre la poca luz y la presbicia de los 40 y pico no puedo encontrar una pista. “¡Es la agenda del Che!”, exclama para dejarnos sorprendidos. Luego explica que en realidad son réplicas exactas, incluyendo el bolso, que le fueron regaladas por Evo Morales. “Si no les cuento se la comían ¿eh?”, dice en tono bromista.

Transgrediendo alguna regla periodística no escrita, le entrego unos presentes que le llevé: un disco de guaranias de Flores, una guampa de tereré y un libro, “El dolor paraguayo”, de Rafael Barrett. Mujica se detiene un tiempo más en el libro. “¡Barrett, anarco divino!”, exclama.

Su vivienda, por lo que se puede ver, consta de pocos espacios, una sala repleta de libros, una cocina pequeña donde continua la línea de estantes llenos de recuerdos, textos y un sinfín de elementos, y un dormitorio. Curioseo entre los objetos y veo una guampa con una banderita paraguaya, entre una serie de materos. “Seguro lo trajo Lucía, ella junta de estas cosas de todas partes”, dice el “Pepe”.

Aunque él no lo admita, parte del futuro de Uruguay pasa por sus manos. El Frente Amplio tendrá muy en cuenta le venia del expresidente para la conformación de la chapa con miras a las elecciones del 2019. Mujica ya señaló en varias entrevistas que no se presentaría para presidente otra vez -aunque nunca habló de la vicepresidencia- y expresó su deseo de que la lista la encabece una mujer -nombró en su momento a Carolina Cosse, Ministra de Industria, como una candidata potable. Lo cierto es que las negociaciones están abiertas. Le pregunto –algo que se me ocurrió ahí nomás- si imagina a su esposa Lucía como candidata a la presidencia. “No agarra ni en cana… (ríe) Mi señora tiene personalidad política. Eso que está de moda ahora, la liberación femenina y todo eso, hace rato… Se liberó con una 45 en la mano y aprendió que con una 45 una mujer es igual que un hombre y gana mucha respetabilidad”, responde riendo y desata también la risa general.

En el off the record le pregunto su opinión sobre algunos políticos paraguayos (Me hubiera gustado ponerlas aquí…) Ya de salida le recuerdo lo de la visita a Paraguay. “Si, creo que voy”, afirma. Un hombre aparece por un caminito lateral cargando unas cajas con verduras y las deja al costado de la casa.

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