Después del 8M, la organización es el camino

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17202832_1651492531544385_249596144138624588_nPor Fátima “Fachu” Aguilar

¿Y qué viene después del 8M?- me preguntaron tantas veces durante los últimos días. También yo me formulé muchas veces esa interrogante. Sigo sosteniendo que esa es una pregunta maravillosa, sobre todo por las infinitas respuestas que suscita. Y si de algo estoy cada vez más convencida es que “este es un momento histórico y no hay vuelta atrás” como lo dice nuestro manifiesto, diverso y claro, firme, necesario, inclusivo y lleno de memoria.

En nuestro manifiesto estamos cada una de nosotras, nuestras luchas y nuestras demandas, nuestras exigencias y propuestas. Están presentes ellas, las que seguirán vivas mientras viva siga la llama de nuestro deseo de justicia y libertad.
Estamos todas nosotras, las sobrevivientes de la violencia patriarcal. Porque en Paraguay, es muy poco probable, ser mujer y no haber sido violentada. Y nosotras sobrevivimos porque estamos juntas y ponemos el cuerpo para que la vida sea digna y sana, libre de opresiones, prejuicios y discriminaciones.

¿Vos viste lo que yo vi?
¿Vos creíste alguna vez poder ver en Paraguay lo que tus ojos vieron el 8M?

Sí, vos también viste lo que yo vi. No trates de minimizarlo. Que no te parelice el miedo a cuestionar tus privilegios. Yo también tengo miedo. Miedo de que todo siga igual. Miedo a sentirme conforme en medio de tanta injusticia y desigualdad. Miedo a que se me acaben las fuerzas. Miedo que una compañera sea la próxima vida que se lleve el patriarcado. Miedo cuando pienso en los desafíos que le van a tocar a Ernestina, que es una niña que crece sin miedo.

Sí, yo lo vi. Estuve en la calle y lo vi. Nadie puede negar que es una victoria política y que supone un hito en la historia de nuestro país. Una victoria contra el miedo que nos enseñó el patriarcado para tenernos bien controladas y sumisas. Y un claro mensaje para quienes se creen dueños de la verdad, que hegemonizan la palabra y el poder del discurso porque creen que esas son cualidades masculinas por naturaleza.

Yo sé que vos también lo viste, porque yo escuché tu voz gritando sin miedo, rodeada de tantas y tantas otras, yo vi tu paso de niña, tus canas, tus estrías, tus piernas blancas, tus arrugas y pecas, tus axilas sin depilar, tu boca colorida, tu piel curtida por el sol, tus rulos, tus encías aún sin dientitos, tus facciones ancestrales, tu panza, tus manos haciendo lenguaje de señas, tu desnudez que tanto miedo da porque pone el cuerpo de la mujer como espejo que interpela y no como mercancía que se compra y se vende.

Nosotras ya no somos las mismas porque pudimos ver con nuestros ojos y sentir en el cuerpo el poder tremendo que tenemos las mujeres, que somos muchas, muchísimas y estamos juntas y más vivas que nunca. Nos hermanamos en nuestras diferencias y estamos abiertas a construir en el disenso y la diversidad, con respeto y sororidad.

Después del 8M queda el desafío de seguir escribiendo nuestra historia, asumir responsablemente el compromiso de creer y de crear, organizarnos en los barrios, en las comunidades, en las aulas, en la calle, en el campo y la ciudad para hacer realidad la revolución de la ternura.

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