Cien guaraníes por la libertad

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Por Hugo Vigray

Muchos años después de recuperar su libertad, en una despensa de barrio, Mina Feliciángeli recibió como vuelto un billete de 100 guaraníes. No era un billete cualquiera. Tenía, con letras enormes en tinta indeleble, una proclama rotunda: “Libertad a Mina y Livieres”.

Aquel billete heroico, era la muestra concreta de una de las tantas acciones de las que sus compañeros habíamos hecho, buscando que la dictadura de Alfredo Stroessner los libere.

No eran muchas las formas de protestar. El Diario ABC estaba clausurado por la dictadura, radio Ñandutí estaba interferida y los pocos otros medios que osaran publicar noticias contra el régimen, eran prudentes en la búsqueda de su propia supervivencia.

Por las noches, pintábamos muros y paredes con la misma leyenda. Pero esas pintatas eran silenciadas por la dictadura con las primeras luces del día.

El original método del billete fue idea de otros compañeros, entre ellos Julio López, con quienes militábamos en la Agrupación Independiente de Trabajadores, brazo público de otra organización que compartíamos unos cuantos obreros, trabajadores del comercio y periodistas, y que por estrictas razones de seguridad, era clandestina.

Mina y Benjamín, su pareja en aquel tiempo, habían sido detenidos en aquel 1986, a pocas cuadras del diario Hoy, donde ambos trabajaban. Hubo testigos que presenciaron el momento en que fueron subidos, a los empujones, a un vehículo sin identificación. Solo la dictadura podía hacer algo similar por aquel tiempo. A partir de ese momento, Mina y Benjamín, desaparecieron.

100 Guaraníes Mina

Suelo decirle a mis hijos que para mi la palabra “angustia”, está directamente relacionada con aquellos días en que ellos estaban desaparecidos. Un grupo de sus compañeros del diario Hoy, como Augusto Barreto, Stella Ruffinelli, Marité Ocampos y yo, salíamos todos los días a recorrer comisarías, comandancias, cuarteles… Y la respuesta era la misma: No, aquí no están. En algunos casos, teatro incluido: ¿Cómo dijo que se llaman? Revisaban papeles, los libros de registros, hacían supuestas consultas. Y nada.

Varias semanas después, supimos la verdad. Mina había sido llevada a la comisaría numero 12 de mujeres, en Trinidad. Fue puesta en una celda aparte, sola, incomunicada. Un día a propósito se quedó con la cuchara con la que el soldadito le traía la comida. Y con esa cuchara, hizo golpecitos en la pared de su celda. Y tuvo respuesta. Empezó a raspar la pared y desde la celda vecina, otras presas comunes, hacían lo mismo.

Pronto lograron un pequeño agujero por el que Mina se comunicó con las presas de la celda vecina. Por allí, le pasaron un papel y un bolígrafo, en el que ella anotó quién era, dónde estaba y que ese misma día iniciaba una huelga de hambre por su libre comunicación. Dio sugerencias precisas: que los abogados de las chicas de la celda del al lado, lleven la nota al diario Hoy. Y allí se publicó. La dictadura tuvo que asumir, entonces, que los tenían presos.

Al hacerse pública la detención de ambos, Mina fue trasladada al Buen Pastor y Benjamín a Tacumbú. Y se inició la lucha de sus compañeros y de organizaciones fraternas con el clamor de libertad.

Como las pintatas desaparecían en pocas horas —la dictadura los cubría totalmente aunque en una tarea tan desprolija, algunas leyendas podían entenderse igual—, era evidente que la presión sería insuficiente.

Ahí surgió la idea de los billetes. ¿Quién se desprendería de los billetes? Con el precio del pasaje de entonces, los billetes de cien eran de los más comunes. Al Banco Central le llevaría demasiado tiempo rescatarlos y muy costoso mandar reimprimir, así que corrían tranquilamente en el intercambio comercial con su voz libertaria.

Los primeros billetes fueron pintados con bolígrafos. Pronto los compañeros se percataron que se tardaría mucho tiempo en esa tarea. Y como ninguna empresa que fabricaban sellos de goma se atreverían a hacernos una matriz, a Julio López se le ocurrió la idea de hacer una artesanalmente con las gomas de una cubierta.

Y así se sellaron una buena cantidad de billetes.

Hay numerosas historias en el mundo relacionadas con mensajes en los billetes. Desde pactos de amor eterno, la simple recordación de una fecha, el compromiso de una cita o alguna proclama por la libertad, como es esta historia.

En noviembre del 2017, en España, hubo una impresionante campaña en Cataluña, escrita tanto en español como en inglés, en billetes de cinco y de diez pesetas, en el momento histórico que se vivió en España con la corriente independentista.

En el 2012, en la Argentina, hubo una fuerte campaña por la búsqueda de una chica, presumiblemente víctima de trata de blancas, que denunció en un billete de 50 pesos estar en cautiverio en el Barrio Los Herreras, citando al supuesto autor de su secuestro y pidiendo ayuda a su madre. La joven fue encontrada y ante su negativa de hablar del asunto, pronto la historia pasó al olvido.

En el 2015, Peter Bilello, en Connecticut, llevó a almorzar a su nieta en un local. Le dio un billete de 10 dólares y cuando ella le trajo el vuelto, se reencontró con un billete de un dólar que llevaba la firma de su esposa, fallecida por cáncer unos años antes.

Habían tenido la idea de dedicarse un dólar a cada uno, simplemente con la firma: Él le firmó “Peter B” y ella le firmó otro: “Grace B”. Por error, algún tiempo después, el usó su dólar. Cuando se percató, con mucha pena, le comentó a su esposa. “He cometido un terrible error. Nunca más lo voy a ver”, le dijo. Ya fallecida su esposa, en aquel almuerzo con la nieta, el billete volvió a él después de haber pasado, seguramente, por millones de manos.

Peter fue con su nieta hasta la tumba de su esposa: “Mira, Grace: recuperé tu dólar”.

En nuestro país, acaso la más grande historia con un billete, sea la del poema de Ortiz Guerrero “Endoso lírico”, en el que supuestamente el poeta dedicaba un duro como bello poema a una dama que le pagó con un billete un poema anterior que le fuera dedicado. La leyenda habla de la bella Anselmita Heym. Y aunque algunos investigadores, como el amigo Catalo Bogado, señalaron que no existen datos concretos sobre la veracidad del hecho, la opinión pública lo da por cierto desde siempre.

Breve pero con bella contundencia, el “Endoso lírico”, dice:

No todo en este mundo es mercancía.

Ni tampoco el dinero es el blasón
Mejor pulido por la cortesía
Para la ufanía de la corrección.

Sobre la torre de mi bizarría
Sin mancha flota el lírico pendón:
Como ebrio de azul, hago poesía,
Pero honrado es mi pan, como varón.

Devuélvole el billete a usted precioso
Con mi firma de insolvente por endoso:
Sométalo a ley de conversión.

Que, a pesar de juzgarme un indigente,
Yo llevo un Potosí de oro viviente
Que pesa como un mundo: el corazón.

Mina y Benjamín estuvieron presos varios meses. La presión ciudadana y una evidente pérdida de fuerza de la dictadura incidieron en esa libertad. Aún faltaban algunos años para que Mina sea la primera mujer en presidir un partido político, así como ser la primera candidata a la Intendencia de Asunción.

100 Guaraníes H

Fue, precisamente, la ley de conversión la que hizo que muchos años después de su libertad recuperada, recibiera como vuelto uno de los billetes pintados. En un encuentro reciente con amigos de tantos años, en medio de muchos recuerdos de nuestra época de felices insurrectos, ella sacó una billetera de su cartera y de allí, de unos de sus compartimientos, bien doblado, prolijo, el billete de cien guaraníes.

No podemos saber cuántos billetes habían sido pintados con la leyenda. Ni puede estimarse la cantidad de gente por cuyas manos pasó uno de ellos antes de caer a manos de Mina, con el carácter firme aún que le dio la tinta indeleble y lo que es más, enseñando intacta la rebeldía que hizo falta por aquel tiempo para luchar por ese otro Potosí de oro viviente que pesa como un mundo: la libertad.

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