Un viaje íntimo con “La Afinación del Diablo”

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Por Priscila Mancero Giler*

Hoy es 6 de septiembre, año 2018, y es la noche de un miércoles en que me senté a ver por un poco más de 50 minutos de “La Afinación del Diablo”.

Todo empezó cuando yo trabajaba hace más de cuatro años para un programa de teledocumentales, me encargaba de hacer entrevistas a diferentes documentalistas de varios países de la Región. Con esas entrevistas armaba artículos, escribía y compartía contenidos en redes sociales. Era la comunicadora.

De todos y todas las documentalistas, con Juanca Lucas fue con quien trabé una amistad un poco más profunda. Cuando lo conocí a través de correos electrónicos y tal vez una sola llamada, él era el productor del documental paraguayo de aquella edición.

Pasaron esos cuatro años pero Juanca había estado muy concentrado en dirigir “La Afinación del Diablo”. Finalmente llegó el día que seguramente tanto esperó: Se dió su estreno en diferentes televisoras de la Región.

Es curioso que haya visto esta película este día de Santa Rosa de Lima, que era para mí sólo el nombre de la capital del Perú hasta que tuve una relación con un limeño que sentía nostalgia por su ciudad. De esto ya son dos años. Cuando la relación llegó a su término, él y yo seguimos siendo amigos, pero un día me di cuenta que no éramos tampoco eso. Yo quería seguir siendo su amiga pero él no el mío.

Hoy me llegó la noticia de que en pocos días regresará a vivir a Lima y me siento muy triste por no poder despedirme.

Mientras veía el documental, resonaba el nombre de Santa Rosa de Lima, una ciudad del departamento de Misiones, Paraguay. Es aquí donde toma lugar “La Afinación del Diablo”, una interesante pesquisa sobre Peloncho: personaje cada vez más mítico de la música popular en el Paraguay, y a quien se le atribuye el virtuosismo del ‘transportado’, una sui generis técnica para afinar el instrumento.

De Peloncho se dice hasta lo que no es, pero lo que queda claro es que es todo un personaje, un músico digno de intentar rastrear, tal como ocurre en el documental.

Rosalino, Catalino y Rufino son algunos de los nombres que se escucha en la película, por no nombrar a Efrén Echeverría “Kamba’i”, a cuya memoria está dedicado este bello trabajo cinematográfico. Con una entonación dulce, calma, Juan Vera, músico y entrevistador, conversa con todos estos lugareños que mucho, poco a nada saben sobre Peloncho.

Entre guaraní y poco español va transcurriendo la película y no sé qué me gusta más, la historia, la música, la pequeña coincidencia fonética que encuentro entre el guaraní y el cantito del portugués brasileño, el mito de Peloncho, su analogía con la vida y canto de las cigarras o la rusticidad del campo: ver a los entrevistados ahuyentar los mosquitos que se aproximan a sus rostros y cuerpos, oír a las cigarras, ver la vegetación, presenciar la elocuencia del silencio de la noche. “La Afinación…” fue como un viaje a mi pasado, el de mi infancia cuando visitaba a mis parientes en el campo, pero también fue esa pena tenue de la distancia irreconciliable con las personas que alguna vez formaron parte de nuestra vida.

Me sequé las lágrimas al final de la película y deseé lo mejor para aquel que, por las vicisitudes de la vida, se ve obligado a volver a su tierra natal, a ‘Lima la horrible’. Me sequé las lágrimas y me incliné ante tan bonita manera de ponerle notas y acordes a un film.

¡Felicitaciones!

*Investigadora audiovisual y docente de Ecuador.

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