Todo fuego es político

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Por Maximiliano Manzoni

Paraguay debe su nombre a un río, pero es adicto al fuego. En agosto de 2004 más de 300 personas murieron en el incendio del supermercado Ykua Bolaños. Fue la mayor tragedia civil de la historia del país. El lugar no estaba para alojar gente. Los dueños cerraron las puertas del edificio priorizando la posibilidad del robo de mercaderías a la vida de sus clientes. Marcado a fuego estaría Enrique Riera, el responsable político de la tragedia que en ese entonces era intendente de Asunción. Trece años después, como ministro de Educación, propondría a una turba de fanáticos religiosos quemar libros de “ideología de género” en una plaza.

En marzo de 2017, manifestantes quemaron el Congreso en Asunción, frenando las intenciones del presidente Cartes y el ex presidente Lugo de modificar las leyes para habilitarse a ser reelectos. Las llamas estaban en todos los televisores del país y tuvieron cobertura internacional. La espectacularidad del evento para los ojos citadinos no fue tal para Primero de Marzo, un pequeño pueblo de 300 familias al este del país acostumbrados a que el fuego provenga del Estado al que en ese momento le tocaba arder (1).

Ellos han visto a la policía quemar sus casas al menos tres veces. Tres veces ha sonado el estruendo que avisa a los campesinos de su presencia. Tres veces intentaron desalojar a los ocupantes. Incontables veces más, no reconocidas por el gobierno, también lo han hecho.

Entran con armas de guerra, incendian los ranchos, destruyen los cultivos, se llevan o matan a los animales. Hombres, mujeres y niños se esconden en el monte. En diciembre de 2014 fueron 200 policías en 14 patrulleras los que ingresaron sin mostrar orden judicial. Muchas familias tuvieron que pasar la Navidad allí, fuera de sus hogares, que al volver ya no existían. Los pobladores con menos suerte han visto esa escena en cinco ocasiones.

«El fuego es un fenómeno político», dice Gren Bankoff, uno de los autores del libro “Flamable Cities”. Lo que sucedió en Primero de Marzo también pasó en Takuara’i, en Luque y en Ciudad del Este. Ilustra de cuerpo completo a un país que arde todos los días. Pocas manos alimentan las llamas.

1.- Haciendo click aquí se puede leer en El Surtidor un reportaje del autor sobre el asentamiento Primero de Marzo. “Los audaces que desafían al fuego para plantar mandioca”

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