Payo y sus laberintos

No hay comentarios

Por Carlos Verón De Astrada

Toda la confusión que el señor Paraguayo Cubas produce con su discurso barajando alegremente conceptos, no es sino el recurso discursivo para ocultar su veta fascista.

Por ejemplo el concepto de dictadura. Cuando se le pregunta por qué quiere dictadura, saca de la manga un socorrido concepto de “dictadura platónica”.

Resulta que los griegos no hablaron de dictadura. Tanto Platón como Aristóteles eran elitistas. Ambos despreciaron la democracia porque pensaban que el pueblo no está en condiciones de administrar el estado. Debía entonces buscarse un sujeto superior o un grupo selecto de personas capaces de gobernar, al que llamaron aristocracia. Para hacerla corta, estos filósofos tenían un desdén al pueblo (para no decir desprecio).

La dictadura es una figura romana, no griega. La tiranía sí es un concepto griego y era aquella forma de gobierno monárquica que se verificaba cuando el Rey gobernaba mal.

La dictadura como figura de la República romana consistía en conferir poderes excepcionales a uno de los cónsules cuando el Estado romano estaba en peligro en tiempos guerra (o sea cuando había un peligro externo). Como había en el contexto bélico que tomar decisiones rápidas, el senado era una instancia muy pesada. La dictadura tenía una duración máxima de seis meses. Ese fue un concepto que rigió hasta el siglo XIX más o menos, y es el concepto que le cabe a José Gaspar Rodríguez de Francia en virtud del cual un Congreso de mil miembros le confiere poderes excepcionales, en vista de que la naciente República del Paraguay tenía serios riesgos exógenos (Simón Bolívar también se declaró dictador en el Alto Perú). A partir del siglo XX la dictadura se equipara con el totalitarismo. Desde que desde esa fecha no se concibe diferencia entre dictadura y tiranía.

En el plano ideológico hace una mezcolanza burda de líneas ideológicas en las que danzan Carlos Marx, León Trostsky, Mijail Bakunin y otros ismos, para finalmente recalar en una definición clara de corporativismo. Además de tener como referente político mundial a Antonio de Oliveira Salazar de Portugal, él cree que la democracia es ineficiente (como creían Platón y Aristóteles), entonces es necesaria una mano fuerte, y los grupos sociales se deben organizar en órganos colegiados corporativos que estarán bajo el poder centralizado del líder, al que podemos llamar Duce o Fhurer. Palabras más, palabras menos, discursos más discursos menos, ésta era la justificación que le dieron a su modelo político, además de Salazar, Benito Mussolini y Adolfo Hitler. La democracia no estaba en condiciones de administrar el Estado en una coyuntura recesiva, entonces había que derrumbar esa pesada estructura de la democracia representativa, para que la misma sea manejada por un sujeto providencial. Evocando a Federico Nietzsche: un ser que esté más allá del bien y del mal, un superhombre. Por supuesto ese superhombre será Payo Cubas, sin ninguna duda.

Lamentablemente lo que se ve es la promoción de una fantasía, como es la de recaer la causa de las penurias del pueblo en el Congreso. Un Congreso que éste ser superior está poniendo a raya. Esa alienación o falsa conciencia es la de que cuando desaparezca la causa de las penurias del pueblo males, es decir el Congreso, tendremos el paraíso terrenal. El superhombre derrumbará la causa de los males y por supuesto, será quien asuma los tres poderes y la sociedad se organizará en órganos corporativos bajo el poder centralizado en este ser providencial.

Cuando la gente se dé cuenta de que no hay paraíso, y las penurias no sólo no mejoran sino tienden a empeorar, el señor ejercerá el control social a cintarazos. Como diría Benedetti “Conozco este camino de memoria, pero igual me sorprendo”.

Comentarios

In : Blogs