Paraguayo Cubas no es anarquista ni de lejos

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Debido a que Paraguayo Cubas el senador del Movimiento Cruzada Nacional declaró “no hay que olvidar que yo soy anarquista”, nos referiremos a este tema y a sus declaraciones por primera y única vez.
Paraguayo Cubas no es anarquista e iremos aclarando por qué no lo es.
Es senador, electo como representante del Movimiento Cruzada Nacional, así que bastaría con eso para decir que no es anarquista. Dice Cubas: “Estoy en el estómago de mi más grande enemigo, no hay que olvidar que yo soy anarquista, yo no soy liberal ni soy comunista tampoco, estoy en el estómago de mi más grande enemigo que es el Estado”
Las personas anarquistas jamás se dejarían engullir por el Estado para decir que están en su estómago (sí es que el Senado fuese ese estómago, cosa bastante dudosa), porque presentarse a elecciones, formar un partido político para ello, pedir el reconocimiento estatal (vía Tribunal Electoral) para eso es, al menos, dejarse engullir y con entusiasmo.
Las anarquistas no luchamos para estar en el estómago del sistema, estamos en él como toda persona que es explotada, que trabaja, que es dominada por el dinero y la opresión cultural. El estómago del sistema no es el lugar del privilegio, si no el sucio espacio del trabajo y la dominación. Y allí estamos las anarquistas junto al resto del pueblo. Y si alguna vez el anarquismo ha llegado a alguna esfera tal que se pueda confundir con “gobierno” ha sido como resultado y parte del desarrollo de una situación revolucionaria (España 1936-39, Rusia 1917-1921, Corea 1929-1931, México 1910-1917, etc.)
Agrega Cubas que “los anarquistas no creemos en el estado para empezar”. Para las anarquistas pues no se trata de creer o no en el Estado pues es un hecho que los hay y los sufrimos. El anarquismo es una opinión política basada en el uso de la razón y del análisis de los hechos tal cual son, en ese sentido el anarquismo critica la existencia de los Estados y las razones de esa existencia, partiendo del principio de que existen y operan.
Profundiza Cubas que “entonces estamos creando, yo particularmente un ácido úrico muy alto al interior de las cámaras, con el afán de que el coagulo que son Uds. tomen la aorta en un momento determinado, mi objetivo es una nueva constitución o quizás la primera porque de las constituciones que tenemos todas se hacen con un trasfondo liberal o no comunitario, colectivista” Pues no es del interés del anarquismo, ni en Paraguay ni en ninguna parte, dar peleas al interior de Congreso Nacional alguno, ni tiene por objetivo crear ninguna Constitución o leyes. Al contrario, el objetivo es deshacerse de todo Congreso, Constitución y leyes porque son parte del sostenimiento del sistema de dominación/violencia que sufrimos, de su reproducción y su justificación. De modo que cada comunidad, territorial o no, realicen los pactos asociativos que quiera sin hacer parte de un sistema que legitime explotación, dominación y violencia social alguna.
Por otra parte, la mirada política del senador Cubas difiere diametralmente de las opciones anarquistas. Cubas es vanguardista, se refiere a él como un “fósforo” que encenderá algo, una “chispa” de algo que va a eclosionar, todo ese vanguardismo es más propio de una cultura política autoritaria que de la propuesta libertaria del anarquismo. La vanguardia de la revolución que propone el senador Cubas es la pequeña burguesía, pues para él “los pequeños burgueses son los únicos que hacen las revoluciones porque no tienen patrones” y son propietarios. Quienes viven en alquiler no pueden hacer revoluciones ni ser revolucionarios. Peor es la situación de las personas que habitan en los Bañados puesto que para el Senador Cubas no pueden hacer una revolución de verdad ya que son “el lumpenproletariado, un 80% de la población, víctima de sojeros y ganaderos, que viven de la caridad y desechos” del 20% restante y cuyo esfuerzo revolucionario solo llega a la “puerta de la panadería” porque se tranquilizan con un pedazo de pan.
El anarquismo considera que la revolución puede hacerla quien sea sí las condiciones son adecuadas en una combinación de voluntad y organización política, aunque la responsabilidad de liberarse siempre será de quien está en situación de opresión, en tanto no hay libertad real si esta no es conquistada o creada por quien la desea.
La revolución de la que habla Cubas no tiene nada que ver con el anarquismo, ni siquiera con las aspiraciones democráticas que abundan en Paraguay, puesto que la revolución que busca es “republicana”, es decir, en buen paraguayo, “colorada”. La revolución republicana que busca es una revolución colorada contra el resto del país, y la ve como un “destino” y no como una creación o acción social.
El anarquismo, en Paraguay y otras partes, entiende la Revolución como Social, es decir del conjunto de la sociedad contra quienes el sistema de dominación/violencia que la oprime concretamente y como cultura, es decir contra el Estado, el Capital, el Patriarcado y la Religión. Esa revolución social se propone y se intenta en todo momento, organizándose para ello y boicoteando permanentemente lo que nos oprime, intentando alcanzar un grado de organización revolucionaria (es decir autogestionaria, de apoyo y ayuda mutua, de acción directa, horizontal, antiautoritaria, antipatriarcal) tal que posibilite las ganas de revolucionar a todes, y al mismo tiempo desertando del sistema, boicoteándolo y mermándolo en todas sus expresiones mediante una crítica sostenida y creativa que impida su reproducción.
La revolución republicana es colorada en la descripción de Paraguayo Cubas: es de los propietarios contra quienes alquilan, está basada en la propiedad privada y busca consolidar la propiedad como el eje del país. De anarquista nada. Para las anarquistas la propiedad no es un dogma si no un resultado de la experimentación social del momento revolucionario, que apuesta a soluciones colectivas sin forzar a nadie, así quien quiera llevar una experiencia individual podría hacerlo sin explotar ni oprimir a nadie.
Para Paraguayo Cubas lo suyo no es política, sino que es “religión cívica, dogma”. Ya vimos que la religión, para las anarquistas, forma parte del problema y no de la solución y el anarquismo en general no sostiene dogmas, solo certezas en constante verificación-
Otra cosa claramente no anarquista es la TLGBIfobia y el culto al macho del senador Cubas, tildando de “mariposones” a sus enemigos políticos entre otros ejemplos de esto. El anarquismo desde su origen busca una vida de libertad sexual para todas las personas y ve a la violencia como parte del sostenimiento del sistema de estado-capital-patriarcado que vivimos. La violencia machista es la expresión de ese patriarcado y el senador Cubas muestra, a diario, expresiones machistas de entender la vida y la política.
El anarquismo es antidictatorial, antigolpista, antimilitarista y por ende en Paraguay las anarquistas somos antiestronistas. El senador Cubas es estronista y reivindica la traída de los restos del dictador Stroessner a Paraguay y trata de teorizar que Stroessner no era tan malo porque no era un dictador sino un “tirano” (sic).
Paraguayo Cubas es una oposición colorada al coloradismo, tal como lo fue Lino Oviedo. Y como lo son otros nuevos movimientos en el Congreso. Sostiene un show para desviar la atención de cosas que realmente preocupan a la gente. Está en una permanente campaña política con la bendición yanqui, quien ya vio que la mejor forma de sostener a la ANR es que haya, a nivel presidencial, cierta alternancia controlada, que permita al Partido Colorado rehacerse y recuperarse como en el tiempo de Lugo-Franco. Esta vez la alternancia será con un gobierno colorado no colorado, que, por el momento, tiene la cara de Paraguayo Cubas. Pasaremos del estronismo demócrata de Abdo a un gobierno no colorado, pero de colorados. Una sofisticación del gatopardismo.
Paraguayo Cubas no es anarquista ni es de izquierda. No aplauda la homofobia ni al fascismo populista. Y no diga que no sabía.
Foto de Abc Color

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