Moreno: La torpeza política tiene un alto precio

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Por Carlos Verón de Astrada

No se puede gobernar con el absoluto masivo rechazo a una medida gubernamental. Un político medianamente sensato tendría en cuenta esa premisa. Y desde la misma, tomar en cuenta la masiva impugnación a la medida, revisándola antes de que el primer rechazo, sea el detonante de problemas estructurales que estuvieron sedimentando, pero no tomaron cuerpo aun para desestabilizar el gobierno.

En ese sentido, se pone en evidencia una gran incapacidad política de Lenin Moreno, incluso desde los intereses del gran capital. Como dijera en una entrevista un manifestante indígena: “no está apto para gobernar”.

Cuando se pierde el consenso a partir de una medida muy sensible como es el aumento del precio de los combustibles, lo que debería hacer un político que juega a estadista, es llamar al diálogo y buscar la forma de revisarla. De lo contrario, al decir de Gramsci, al dejar de ser “clase dirigente”, se apela a la violencia para convertirse en “clase dominante”, conduciendo a una espiral, que no hace otra cosa que atizar un fuego que antes estaba latente. Y desde ahí se amplía el espectro de los reclamos. Desde el cese de la represión, pasando por otros problemas sociales que antes estaban sin aflorar, hasta volverse el clima imposible de controlar. Algo parecido pasó o pasa con los chalecos amarillos de Francia. Y no es casual que la convulsión tenga que ver con el aumento del precio de los combustibles.

A ese punto llegó el gobierno de Moreno, y cuando ya el escenario está muy descompuesto, después de tener muertes en su haber, AHORA , llama al diálogo para estudiar la posibilidad de revisar el famoso decreto 883, que fue el detonante de la convulsión. Pero esa actitud se da muy tarde; cuando ya todo está podrido, y el pueblo ya ha tomado conciencia de que estaba pasando muy mal como consecuencia de una política anti popular, pergeñada y diseñada desde los poderes fácticos de dentro y fuera del Ecuador. Y otro error garrafal: haber desdeñado al movimiento indígena ecuatoriano, un movimiento de tremenda fortaleza que ya derribó más de un gobierno, uno de ellos fue el de Bucaram.
Ya se perdió la credibilidad, es decir, se perdió el consenso. Este señor que desconcertó a todos, incluso a su patrocinador político, Correa, resultó ser un muy deficiente presente griego de oligarquías locales y externas.

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