Lucha de clases e impuesto a la soja

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Por Juana Casuriaga

La lucha de clases no necesita de permisos para darse, se da todos los días en la cotidianeidad de la gente, algunas veces como resistencia, otras de supervivencia, y la más importante, como confrontación. El eterno conflicto entre las dos clases sociales existentes; los trabajadores y los que se apropian de la producción de estos de distintas formas.
La función del estado, que como Vladimir Lenin explica es el órgano de violencia de una clase sobre otra, no está alejada de esta disputa. La lucha de clases también se da en la disputa por el estado, que sin dudas es un estado burgués, la llegada de compañeros y compañeras a la función de gobierno, no es la transformación inmediata del estado, no funciona de ese modo.
Como también la disputa por la tierra, las ocupaciones y el proceso llevado hasta la conquista de un territorio no hace de ese proceso un modelo económico socialista, son diferentes niveles de conciencia, y es la realidad, y las fuerzas que el proletariado consciente vaya conquistando lo que permitirá un avance cualitativo hacia un modelo económico diferente.
El sueño de la revolución nos mueve siempre, nos mueve todavía y creemos en él, el desafío fundamental es que este proceso, en este camino hacia él, es ver alternativas para hacer la vida de nuestro pueblo un poco mejor. Este camino no es recto, no es fácil, no está determinado previamente, sino que son oleadas donde podemos a veces avanzar mucho, otras retroceder profundamente y muchas veces mantenernos en una calma nerviosa por tiempos coyunturales.

La democracia en Paraguay es falsa, no es esta democracia la que queremos, y sin embargo, sabemos que es mejor a los 35 años de dictadura stronista y luchamos por ella y la defendemos cuando está en peligro. No hablamos ahí de revolución, sin embargo, el tiempo histórico nos coloca en ese lugar.
La reforma agraria no pudo darse hasta ahora, hemos avanzado en algunas conquistas, y otras retrocedido, hay todavía cientos de hectáreas de tierra del estado en manos de familias no sujetas de reforma agraria, y la gente sigue muriendo por ella, ayer han desaparecido indígenas, después de un criminal enfrentamiento, ¿hay alguna duda de que la reforma agraria sigue siendo nuestra bandera?
Estas últimas semanas se dieron enfrentamientos feroces, campesinos y campesinas impidiendo el avance de la producción de soja sobre comunidades campesinas, desalojos, heridos, desaparecidos, toda la agenda política en relación al impuesto a la soja, la burguesía paraguaya, la representación de capitales trasnacionales y sus representantes en diferentes bancas del estado han sacado sus mejores herramientas para esta pelea, desde lo burocrático, pasando por cortinas de humo y negando el posicionamiento publico en medios masivos de bancadas como la del Frente Guasu (FG), y puliendo cada vez más el discurso de Fidel Zavala contra el impuesto a la soja, que ataca según él, a los que quieren trabajar.

Las denuncias contra la bancada del Frente son como mínimo “que están aliados al EPP, y que politizan este impuesto para usar a los pobres campesinos a su favor”. Ahora además, se prepara el tractorazo que cerraran rutas y calles, como clara posición de la clase a la que representan, mostrándonos con su respuesta, que el impuesto a la soja si tiene que ver con esa lucha de clases.
No se puede negar el daño ecológico, ambiental, social, alimentario y económico que hace el agronegocio en nuestros territorios, el impuesto a la soja no va a resolver esta problemática, pero un estado que trabaje por tributaciones un poco más equitativas es lo básico que se tendría que proponer para que el mismo cumpla la lógica que debe cumplir un estado burgués, y discutiremos si se aprueba o no, si hay fuerza para ello se aprobará, la bancada del Frente lleva la posta en el senado, el pueblo organizado debe acompañar en las calles, y eso, compañeros y compañeras es lo que define la lucha entre los y las que trabajamos y los que se adueñan de nuestro trabajo.

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